Capítulo 17
Marco
"¿Por qué estabas mirando en mi escritorio ayer, Aliyana?" Está parada en medio del cuarto mirándome como si fuera un rompecabezas.
"Ninguna razón." No estoy seguro de qué quiero que diga, pero la honestidad no va a ser su mejor táctica si quiere salir de esto ilesa.
"Siempre hay una razón, ¿qué quieres?" Me está mirando como si fuera más que el tipo que la lastimó y me pregunto cómo carajos le voy a decir que he ido en contra de todo en lo que creo por ella. Pero primero necesito que Aliyana me devuelva lo que se llevó.
"Tal vez una pluma."
"No te hagas la tonta conmigo, hay un chingo de plumas por todas partes en esta maldita casa, ¿y caminas hasta aquí? ¡Inténtalo de nuevo!" Cruzo los brazos y me quedo de pie con las piernas ligeramente separadas.
"Tal vez me gusta esa."
"Ya no voy a jugar al bueno, primero vas a mis espaldas y haces que Salvatore husmee en mi maldita casa y sigues quejándote de eso a tu hermano. Luego decides jugar a ser Nancy Drew, Habla."
Ella no dice nada, y Camilla en realidad se estremece, porque sabe que estoy encabronado,
"Camilla, ve por Guilia Y dile a Xander que reúna a los guardias y que se vayan. Te enviaré un mensaje más tarde."
"Marco…" murmura Camilla,
"AHORA." Exclamo y ella salta saliendo corriendo de la biblioteca. No me pierdo la mirada que me da.
Camino lentamente hacia la entrada y cierro la puerta de la biblioteca con llave. Y luego camino hacia la única cámara que mantengo escondida en la estantería y la apago.
"Ahora, empecemos, ¿otra vez, verdad?" Me fulmina con la mirada, "No soy tu esposa sumisa, te dije que no hice nada malo."
"Mi casa, mi escritorio, yo juzgaré si está mal o no. Y no tengo esposa."
Me quito la chaqueta del traje y la coloco en la silla de cuero marrón y lentamente me quito los gemelos, observándola con esa maldita faldita ajustada que decidió usar hoy, descalza. Mis mangas están enrolladas mientras los ojos de Aliyana se desvían hacia la puerta y vuelven a mirarme.
"Ni siquiera lo pienses."
Me fulmina con la mirada y se acerca enfurecida, "Eres irracional ahora mismo, te dije por qué estaba aquí, si no querías a nadie en la Biblioteca, cierra la puerta con llave."
"¡Es mi casa! ¿Por qué carajo debería tener que cerrar la puerta con llave?"
Ella aprieta los labios y la observo, mientras sus fosas nasales se dilatan, cuando me ve quitarme el reloj. Su mirada verde me recuerda a una serpiente venenosa, esperando su oportunidad para atacar.
"No te tengo miedo." No quiero que me tenga miedo, lo que quiero es que me dé lo que se llevó.
"Corta el rollo Mezzosangue y dime qué estás escondiendo."
Parece que podría negarse, pero algo debe poseerla cuando escucha que los coches se van.
"Voy a gritar, Matteo escuchará, tengo una voz fuerte." Sacudiendo la cabeza, me río entre dientes.
Un paso más es todo lo que necesito para que se dé cuenta de lo cerca que ya está de mí. Podría agarrarla en un segundo, taclearla en dos.
"Matteo se fue esta mañana para atender algunos asuntos y asegurarse de que Salvatore regrese a casa."
"No tenías derecho a enviarlo."
"Tenía todo el derecho y lo sabes, lo que también sabes es que no te irás de aquí hasta que me des lo que estás escondiendo."
"No te pertenece."
"Si está en mi casa, muy bien me pertenece a mí", me acerco a ella.
"¿Sabes qué más me pertenece, Mezzosangue?"
"Una personalidad de mierda, porque seguro que no soy yo," Da dos pasos hacia atrás. No es lo que quiero, pero puedo trabajar con eso.
"¿Qué tal esto? Me muestras lo que es y si realmente no es mío, te lo daré y podrás marcharte."
"¿Y si es tuyo?"
"Entonces tendré que castigarte. Robarme es una zona prohibida." Me encojo de hombros, mirándola, con las mejillas sonrojadas y el pecho visiblemente en movimiento.
"Castigar, ¿cómo?"
"Deja de hacerte la tonta y consíguelo, porque si tengo que hacerlo, será un castigo peor."
Se marcha enfurecida y va al perchero al final de la puerta y lo levanta, y lo que veo allí me pone como una maldita fiera.
"Robaste mi diario", grito cuando el temperamento que empezaba a controlar aumenta con la ira, la traición y algo demasiado oscuro para siquiera ponerle una palabra. ¿Así va a ser mi vida con Aliyana? ¿Estará llena de traición?
"No es tu diario, pertenece a Elladio."
"¿Y qué tal si lo es? ¿Planeabas dárselo? ¿Qué ibas a hacer? ¿Desenterrar su maldita tumba y realizar una resurrección?" Me acerco a ella y ella agarra el diario cerca de su pecho. Hay cosas allí que ella nunca puede saber, secretos que pondrán en peligro todo mi plan.
"Iba a leerlo." La idea de eso me hace perder mi último hilo de paciencia y me lanzo sobre ella. Llego a ella en segundos agarrándola del brazo mientras huye. La jalo con un esfuerzo mínimo, y Aliyana tira el diario y me da un puñetazo en la garganta. Se siente dolor cuando mi garganta se obstruye, tratando de recuperar el aliento. La suelto por un momento y es todo lo que se necesita cuando corre hacia la puerta. Presiono el botón de seguridad que instalé para cerrar la biblioteca y convertirla en una sala de pánico.
Prueba la puerta y me agarro la garganta, tratando de respirar como la gente.
"Abre la maldita puerta." Grita, pero nadie va a ninguna parte.
Voy a mi diario, lo recojo y lo llevo al otro lado de la habitación, donde aparto la alfombra de la pared y abro mi caja fuerte, colocando el libro en un lugar más seguro. Ignoro la rabieta de Aliyana, porque eso es lo que es, una rabieta.
Esto no se trata del libro; lo veo ahora. Se trata de nosotros y es hora de que hablemos.
"Amo a Camilla, Aliyana, pero no estoy enamorado de ella." Mi voz no se eleva en mi confesión, ni se ve alterada por la verdad. Porque para Aliyana esto es una novedad, pero para mí he dicho esas palabras en mi cabeza todos y cada uno de los días que puse mi alma maldita en su camino. Cada vez que puse un pie en su casa, dije esas palabras en mi cabeza.
Se da la vuelta y veo su rostro surcado por las lágrimas, "No quiero oírlo, solo quiero irme y quedarme fuera, por favor, Marco."
"No, escúchame, si aún quieres irte, entonces vete."
"Dejarte cuando lo hice y cómo lo hice fue la única opción que había. Casarme contigo viene con un precio muy alto."
"¿Mischa?" pregunta ella, y yo asiento mientras se mueve en la habitación, más lejos de la puerta.
"Sí, y no. Vengo con una sentencia de muerte anticipada. Tengo muchos enemigos, muchos de ellos. Cuando te vi en esa azotea me robaste un pedazo de mí, no quería dárselo a nadie y, desde entonces, cada día, me quitaste más. Pero como tú, le hice promesas a Ren, y una de ellas era dejarte vivir tu vida."
"¿Qué? Pero solo te conocí ese día, y Ren murió esa noche." Se acerca a mí y sus ojos están tan confundidos pero cautelosos.
"No fue la primera vez que te veía. Te conocía desde que eras una niña. No conocerte en persona era por mi propia tranquilidad."
"No entiendo."
"No, no lo entiendes. Pero no quería ponerle el rostro de una niña a la mujer que potencialmente sería mi esposa."
"Pero elegiste a Camilla."
"Sí, es una situación complicada. Mi padre quiere que tenga un heredero y Camilla es a quien elegí inicialmente para que me diera eso, pero cambié de opinión un poco tarde. Mi padre accedió a los términos de Dante Moretti y el día que lo abordé sobre todo, ya era demasiado tarde."
"¿Así que, en cambio, elegiste hacerme daño? ¿Tienes idea de cómo me sentí?"
"Estoy terminando nuestro compromiso. Quiero estar contigo, me casaré contigo en secreto y te mantendré aquí como lo hizo Elladio con su esposa." Una lágrima se escapa de sus ojos, y mira detrás de mí la pintura de la hermosa mujer que una vez adornó esta biblioteca. Una mujer de la que muchos no saben porque el amor de su marido se convirtió en su prisión, y su vida en una obsesión.
"Pensé que me odiabas, me convencí de que no era lo suficientemente buena, me tomó meses superarte y ahora ¿quieres casarte conmigo?"
Me acerco a ella y le rozo el brazo, que ella aparta y se aleja de mí.
"Te amaba Marco, te lo supliqué, me dejaste sin siquiera una mirada atrás para decir adiós, me dejaste ahí, luego anunciaste a todo el mundo que te ibas a casar con Camilla. ¿Ahora qué? ¿Finalmente ves lo perra que es y decides que solo me tendrás a mí? ¿Honestamente crees que te voy a perdonar y olvidar lo que hiciste? ¿Cómo me hiciste sentir?"
"Eres mía, maldita sea, siempre has sido mía," Camino detrás de ella y envuelvo mi brazo desde detrás de su cintura, "Lo siento, lo siento mucho, no fui lo suficientemente fuerte para defender a los dos, para luchar, lo siento, Aliyana."
Sus rodillas ceden y yo voy de buena gana con ella al suelo mientras solloza. La lastimé, y yo también estoy sufriendo, pero pasar este tiempo con Aliyana tan cerca de mí y no tenerla para mí, me ha hecho darme cuenta de que la quiero y mi hermano tiene razón, no soy solo un Catelli y Elladio DeMarco encontró la manera de estar con su esposa y mantenerla a salvo, yo puedo hacer lo mismo.
"Te amo Aliyana, no puedes dejarme, nunca más."
Le susurro cosas al oído mientras se calma.
"Mi padre nunca permitirá que dos de sus hijos se casen con un Catelli, ¿no lo entiendes? Tus acciones nos han condenado."
"Encontraré una manera, Aliyana, tu padre es un hombre, como todos nosotros." Lo mataré si tengo que hacerlo, ella me odiará pero eventualmente aprenderá a vivir con ello. Ella se levanta de su posición y me mira con su rostro rojo surcado y sus ojos verdes brillantes y juro que mi alma abandona mi cuerpo con la esperanza de tocar la suya.
"Bésame", murmura y yo la agarro por el cuello, sabiendo que si supiera hasta dónde llegaría para tenerla, correría.
"Ti Amo, Mezzosangue," Te amo, medio sangre. Confieso mi mayor pecado, antes de que mi boca descienda sobre la suya.
La beso como debería haber hecho durante todos estos meses, la beso como si no hubiera besado a nadie más y ella me besa de vuelta, como si fuera mía, porque lo es.
Las manos de Aliyana se agarran a mis hombros mientras las mías van a su botón. Se desliza la blusa por la cabeza mientras su carne desnuda, una vista para un monstruo como yo, permanece atrapada en un sujetador blanco, rogando ser liberada. La abrazo, sintiendo su pulso acelerarse bajo mis dedos.
Esto es lo que se siente al tener el corazón en los dedos. Frágil, pero tan poderoso que puede detener tu existencia así. Su pecho se expande, mientras me observa con esos ojos semi-caídos.
Es en este día, un domingo frío de 2012, 2 días antes de Navidad, que hago un voto, que Aliyana Capello será mi esposa y mataré a cualquiera que se interponga en mi camino.
"Toma lo que es tuyo Marco." Miro fijamente a sus ojos verdes llenos de alma, con el pulso acelerado por la adrenalina. Mi polla dura, y mi mente borrosa por la idea de ella. Por la promesa de su olor embriagador, y los ojos hipnotizadores que me miran, como si yo fuera su maldito dios, y eso es lo que la convierte en la persona más peligrosa del mundo. Porque empezaré guerras, y lo arriesgaré todo por ella.
"¿Puedes sentirlo? ¿Esto?" le pregunto.
Ella inclina el cuello, mientras una lágrima se desliza por su mejilla, "Fui hecha para ser tuya."
"Sí."
Envuelvo mis dedos en su cabello, eliminando el espacio entre nuestras bocas, nuestro cuerpo y cada célula que nos conecta en el plano. No la cubro de besos sino que meto mi lengua en su boca consumiendo esa pequeña parte de ella, para que nunca desee a otra. Sus dedos se clavan en mi cuello, señal de que su posesión de mí no será una hecha de suavidad.
El recuerdo de ella, así, será feroz, una Reina, apta para liderar a un grupo de peligrosos y un rey, que en este momento solo desea liderarla. Le arranco la falda por un lado y el sonido de que se rasga hace que algo en mí cobre vida.
El fuego arde en mi cuerpo mientras tomo lo que es mío. Ella me rompe la camisa, los botones salen volando por todas partes. Soy un hombre, que se deja gobernar por su polla, y su dulce coño virgen, con la promesa de un final más largo, Aliyana es mía. Ella recordará este momento para siempre y yo viviré en este ritual profano de nosotros. Aliyana se retuerce desnuda sobre la alfombra.
Su cuerpo se mueve, no puede quedarse quieta. Deslizo mis manos por sus piernas, por sus muslos mientras mueve las caderas, queriendo que le quite las bragas. He dormido con muchas mujeres, y con muchas vírgenes en mis días, y sé que hay que ser gentil, soy consciente de romper en territorio inexplorado.
Pero verla así, mientras toma sus delicados dedos y tira del clip en la parte delantera de su sujetador suelto, retorciéndose en el suelo, mientras deslizo su encaje blanco por sus muslos, no quiero entrar. Quiero tomar lo que me pertenece sin ninguna preparación, quiero que entienda que el amor que le doy, marcará su alma de una manera que será hermosa, ya que será vinculante, y mi amor por ella dolerá.
Ella debe ver mi indecisión, porque agarra mi brazo y me arrastra hacia abajo y, tal como ella quiere, soy consumido por ella.
Aliyana tira de mis pantalones y la dejo, para abrir mi cremallera, antes de que sus dedos se apoderen por completo, tocando a una bestia ya hambrienta. Ella envuelve su mano en la parte superior de mi polla y muevo un poco las caderas. Pero jugar no es lo que quiero. Mis labios la besan brutalmente mientras tomo sus manos y las sostengo en una de las mías.
Mi polla se mueve hacia su entrada,
"Mi dispiace." Lo digo, porque lo que estoy a punto de hacer es una maldita vergüenza.
Mi arrepentimiento es para ella, para mí, y para mi hija por mi debilidad. Froto mi polla en su entrada, está tan jodidamente mojada. Empujo lentamente queriendo que se relaje y justo cuando se relaja, me estrello. Ella grita de dolor mientras su cuello cae hacia atrás, su columna se dobla mientras mi mano sostiene sus manos en una y la otra detrás de su hombro.
El suelo es duro para mis rodillas y solo me dan ganas de perderme en ella. Está tensa, y la beso, sus labios tan dulces, pero equivocados, dejo caer mi boca en la hendidura de su cuello, e inhalo su dulce aroma contaminado. Tan inocente, pero perverso.
"Eres mía ahora, Aliyana. Mía." Susurro en su cuello, mientras le doy un pequeño beso, justo en el centro antes de que me retire un poco y me estrelle de nuevo, tragando sus gritos con mi boca y ella corresponde.
"Sí."
Las palabras se escapan de sus labios, uniéndonos, mientras empujo directamente a través de todo lo que la hace un ángel, y como todos los ángeles a los que les cortan las alas, grita de dolor y agonía, pero cuanto más voy, el entumecimiento del dolor se mezcla con la fricción de nuestros cuerpos se convierte en uno, mientras trabajo nuestros cuerpos, a un ritmo de dos amantes que se unen después de tanto tiempo.
La contamino, con el sabor del placer y el dolor. La agarro del largo cabello rubio, mientras mi polla estira sus paredes golpeando y sangrando.
Levanta su cuerpo para besarme, y su piel que brilla con la luz toca la mía. Le muerdo el labio inferior mientras ella tira su cuello hacia atrás, y como la bestia que vive en la superficie le chupo el cuello, marcándola de otra manera.
Su cuerpo se sacude, no hay palabras compartidas. No se hicieron declaraciones. Cuando ella acerca mi trasero, empiezo a moverme.
Deslizándome dentro y fuera, la follo, gozando con el dolor con el que se quedará durante días. Sabiendo que le di ese dolor que se convertirá en un placer profundo una vez que disminuya.
Ella está callada ahora, sin ruido, una amante silenciosa pero receptiva. No me contengo cuando exploto profundamente dentro de ella. Gastado.
Nos quedamos así. Sangre manchada en nosotros. Nuestras mentes se desviaron a lo que acabamos de hacer.
Me despierto, en el suelo de la biblioteca. Aliyana no está conmigo, miro la sangre rayada en mis dedos y la mancha en mi camisa que usé para limpiarla. Los libros se burlan de mí desde todos los rincones, mientras la quietud de la resaca del pecado canta su llamada de sirenas.
Una pluma cae de mi lado con mi diario, que veo que sacó de mi caja fuerte. Sonrío cuando lo abro.
Una carta se desliza. Escrito en el mismo papel áspero.