CAPÍTULO Cincuenta y Uno
¡Veneno!
**Punto de Vista del Autor**
Ella miró fijamente el libro en su mano y volteó a ver a su **Mamá**, que estaba sentada frente a ella, mientras muchas preguntas corrían por su mente. No podía dejar de preguntarse qué era el libro, no podía dejar de preguntarse el secreto que contenía. Tenía demasiadas preguntas en la cabeza, que no sabía por dónde empezar a hacerlas.
"¿Qué es esto, **Madre**?" preguntó finalmente, mirando a su **Mamá** con confusión y curiosidad. Por más que no quisiera ceder a su curiosidad, se encontró a sí misma, siendo consumida por ella, y solo pudo estar de acuerdo.
"Este es un grimorio, un libro de hechizos." Susurró su **Mamá**, no sin antes mirar a su alrededor, para asegurarse de que nadie estuviera escuchando sus conversaciones.
**Octavia** miró a su **Mamá** con confusión, preguntándose cuál podría ser el uso de un libro en blanco. Había visto el libro antes, lo había abierto página por página, pero nunca llegó a ver nada, ¿cómo es un libro de hechizos, cuando no hay nada escrito en él? Tragando el nudo en su garganta, suspiró frustrada, mirando el libro en sus manos. Sin embargo, por más que quisiera cuestionarla, simplemente no pudo hacerlo, sabiendo lo cansada que estaba, estresar a su **Madre** era lo último que tenía en mente.
"El libro no puede salvarnos de la ira del **Alfa**, solo puede ayudarte a protegerte de los dolores que te infligen. Practica el hechizo y úsalo bien, asegúrate de no perderte ni una palabra." Le susurró.
**Octavia** la miró fijamente, pero aun así asintió.
"Prométeme, **mi niña**, que superarás esto... prométeme que te irás de aquí con vida, que harás lo que sea necesario, que no te rendirás a la muerte, sin importar lo difícil que sea. Perderte, es lo que nunca podré soportar, por favor." Le cubrió las mejillas y suplicó, mientras miraba sus ojos pálidos.
**Octavia** miró a su **Madre**, sintiendo que su corazón dolía y se rompía en pedazos. Sabía que su **Mamá** estaba pidiendo casi lo imposible, sabía que no podía prometérselo, sabiendo lo dolorosa que es la tortura, pero no quería lastimar a la pobre mujer, no quería que se sintiera triste, así que simplemente asintió, sin decir una palabra. En ese momento, sintió que su lengua se ataba a su boca, intentó hablar, pero solo pudo derramar lágrimas. Solo la imaginación de la tortura que iba a enfrentar en el futuro, la hace concluir que no puede salir con vida del lugar.
"Muchas gracias, **mi niña**. Nos volveremos a ver, recuerda siempre que te amamos." Lloró, mientras abrazaba a **Octavia** con fuerza, como si no quisiera soltarla, pero qué lástima, solo durará unos minutos.
Después de tener una conversación de **Madre** a hija durante unos minutos, los **Guardias** entraron y se llevaron a la mujer, dejando a **Octavia** ahogándose en su propia vida miserable.
Una lágrima se deslizó por sus mejillas, mientras las miraba, llevándose a su **Mamá**, deseaba poder hacer algo al respecto, deseaba poder salvarlas, pero ese es el sueño, que no es tan fácil de cumplir, la oportunidad es rara.
Su mente divagó hacia la promesa que acababa de hacerle a su **Mamá**, ya que no pudo evitar, pero pensar, cómo puede sobrevivir a toda la mierda, cómo puede superar todo y salir con vida de toda la mierda, pero sabía que es casi imposible.
Miró el libro de hechizos en su mano, que brillaba en su rostro, como lo hacía antes, y no pudo evitar la burla que escapó de su garganta. Sabía que su **Mamá** solo estaba tratando de protegerla, pero, qué lástima, solo durará poco tiempo.
Se secó las lágrimas de los ojos y dudó por un momento, antes de finalmente abrir el libro, con una ligera esperanza de ver algo, pero se sorprendió hasta la médula, al encontrar algo en el libro.
Se acomodó en su asiento y comenzó a pasar las páginas una tras otra, y sorprendentemente, encontró cada página, cargada de escritos, ya que no podía dejar de preguntarse qué había pasado. Rápidamente revisó la portada del libro, para estar segura de que seguía siendo el mismo que vio debajo de la almohada de su **Madre** antes, y, sorprendentemente, era el mismo libro...
**Punto de vista de Luna**
Aullé amenazadoramente, mientras me dirigía hacia ellos, sin apartar mi mirada amenazante de ellos. ¡Cómo se atreven a tratar de atacar al **Alfa**! ¡Cómo se atreven todos estos tontos incompetentes a meterse con mi **hermano**! Voy a encargarme de ellos, me aseguraré de no perdonar a ninguno de ellos, y cuando termine con ellos, nunca querrán volver a cruzar el camino de mi **hermano**, ni siquiera en sus próximas vidas.
Una vez que casi llegué a ellos, dejé escapar un fuerte aullido amenazante, antes de cargar contra ellos, no sin saltar alto en el aire, y aterricé sobre uno de ellos, enviándolo rodando por el suelo, incluso antes de que pudiera defenderse. Sin darle tiempo a recuperarse de la caída, rugí y cargué de nuevo hacia él, pero me detuve y pasé por encima de aquel, que vino corriendo a atacarme, dando una voltereta en el aire, mientras él golpeaba su cuerpo con tanta fuerza contra el árbol. Aterricé sobre mis cuatro patas, con mi espalda, dándoles la espalda, mientras gruñía enojada.
Girando mi cabeza para mirar a los dos, que estaban débilmente en el suelo, cargué contra aquel al que me lancé antes, y en un abrir y cerrar de ojos, aterricé sobre su cuerpo y comencé a hacerle marcas mortales con mis garras, mientras la sangre salía a borbotones de su cuerpo. Simplemente se quedó en el suelo, jadeando débilmente, y pude decir que estaba perdiendo la vida lentamente.
Después de terminar con él, me volví para enfrentarme a aquel que acababa de golpear su cuerpo contra el árbol, y sin perder tiempo, cargué hacia él, pero antes de que pudiera llegar a él, escuché un aullido detrás de mí, y girando mi cabeza para comprobar lo que estaba pasando, casi aullé, al ver al tercero, galopando hacia **Jalid**, que ahora yacía débilmente en el suelo, sin mover su cuerpo.
Dejando escapar un aullido, me di la vuelta rápidamente, y cargué hacia él, pero para cuando llegué a él, casi estaba atacando a **Jalid**, así que para salvarlo, salté sobre **Jalid**, cuando sentí un dolor agudo en mi espalda, e inmediatamente, mi visión se volvió borrosa. ¡Oh, no! ¡Veneno!...