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Cuando están en lo suyo, aprovechando que está distraído, otro tipo le corta el gusano grandote a la mitad. En ese momento, el gran león rojo le vuela la cabeza a la hechicera, y luego corre como loco cuando lo sorprende la serpiente gigantesca de la arena cortándola a la mitad, cruzando de un lado a otro con su espada de llamas. Mientras tanto, el otro guerrero destruye el orbe de un espadazo, haciendo que todos los otros monstruos se mueran, volviéndose arena.
Así que al final, lograron derrotarlo y reunirse ahí, dándose cuenta de que el lugar seguía intacto.
- Este lugar no lo hizo la magia de la hechicera. - Dijo uno de ellos, mientras limpiaba la espada de las tripas de los monstruos.
- Por eso no se derrumbó. - Dijo otro.
- Entonces, este lugar debe existir desde hace mucho, antes de que él llegara aquí. - Dijo otro de ellos.
- ¿Podemos agarrar los tesoros de aquí? - Preguntó uno de ellos, en medio de escuchar al general preguntar.
- Ellos solo quieren la cabeza de la bestia, no dijeron nada sobre las riquezas de la cueva, podemos llevárnoslas con las bolsas mágicas e infinitas, así nadie se entera. - Dijo el gran león rojo.
- Saqueo por derecho. - Dijo otro, con el acuerdo general.
Cada uno de los hombres recolectó las cabezas de los monstruos, mientras terminaban de recolectar las riquezas y los tesoros, guardándolos en sus mochilas, sin que nadie los supervisara, cada uno de ellos agarró algo y se lo llevó, dejando la cueva vacía.
Descubriendo que eran grandes aventuras y retos, aquellos que llegaron y no se fueron, nunca hablaron de las riquezas, porque no pudieron derrotar a la hechicera.
El gran león de fuego se llevó sus libros y reliquias místicas con él, cada uno de ellos cargando objetos místicos de poder y valor.
Descubriendo lo que mostraba, nada más que esqueletos y restos de otros seres que no lograron llegar al final.
Nadie habló de sus secretos, nunca más hablaron del Cementerio de Arena, solo hablaron de cuentos de espíritus, donde habitan esas arenas rojas.
No mucho después, sigue siendo tema de historia y el otro de cuentos de terror y misterio, donde los espíritus rondan la arena roja, un lugar prohibido, pero que todos entienden que no deben entrar.
Esa hechicera debería dar miedo, pero temprano por la ira de la hechicera, aunque aún hoy, los secretos del Cementerio de Arena permanecen ocultos, entre los miembros del grupo en el que los monstruos de arena siguen regresando gracias a las sombras, y los espíritus de la gran hechicera que comenzó a rondar el lugar, deambulando por las dunas, en busca de venganza.
Así que los hombres regresaron por los caminos fuera de las cuevas, donde encontraron los camellos en medio de un oasis, donde los recogieron en su camino de regreso a la aldea de los ancianos con las cabezas de estas criaturas.
Caminaron por el lugar, entre las arenas saliendo del cementerio, dirigiéndose hacia el pueblo en la gran ciudad de arena, donde los esperaba un gran séquito, en las puertas de entrada de la ciudad.
La cabeza del monstruo, siendo arrastrada por cuerdas que los ataban, tomó más de seis camellos transportarla, a pesar de que estaba partida por la mitad, transportándola hacia la entrada por sus camellos para entrar a la ciudad.
En ese momento, junto a ellos, se podía ver al profeta, un hombre antiguo, un anciano con una larga barba blanca y ojos verdes, que los estaba esperando.
- Les dije que podían, grandes ancianos. – El hombre con túnicas verdes y un chachia en la cabeza, mostrando su largo cabello blanco ondulado.
En las arenas abrasadoras del desierto vagaban poderosos hechiceros, empuñando una magia antigua transmitida de generación en generación, eran un pueblo misterioso y solitario conocido solo por unos pocos elegidos que se atrevían a aventurarse en el implacable desierto.
Luego, regresaron para mostrar la cabeza, más otras cabezas de monstruos cortadas junto con ellos.
- Mostramos nuestros servicios, paga por tu palabra. - Dijo el gran vocero del gran león de fuego.
- Sí, sé mi muchacho. - Dijo el anciano.
- Ahora felicitamos al gran león de fuego como el primer Ayatolá, será el señor de esta tierra. - Dijo.
Se convirtió en el gran Ayatolá, conocido como la hechicera, primer visir y señor del fuego y las llamas, el que nunca perdería una batalla, reinando en medio de las arenas del desierto.
Su nombre se hizo conocido por todos, su fama, su creciente fortuna, sus aliados, a su lado, conquistadores de grandes fortunas y hazañas.
Incluso llegaron a reinos vecinos en sus misiones, donde tenían innumerables visitantes que venían a buscar su ayuda.
En épocas posteriores, cuando conoció en su primera vida a la hija del profeta, la doncella de ojos verdes y ardientes a su lado.
- Te pido que me des la mano de tu hija en matrimonio. - Dijo el visir y rey.
- Así sea. – Dijo el profeta.
Se decía que tenía una gran fiesta hacia las arenas de los desiertos donde vinieron varios emiratos y grandes reyes de varios reinos para la gran fiesta.
Un día, un joven aventurero llamado Amir fue en busca de estos hechiceros, impulsado por la sed de conocimiento y el deseo de desentrañar los secretos del desierto.
Cuando viajó durante días, enfrentando tormentas de arena y calor abrasador, hasta que finalmente encontró un oasis escondido.
Llegó al reino del visir, buscando su sabiduría y su ayuda.
Allí, se encontró con un grupo de hechiceros, liderados por una anciana sabia y poderosa llamada Zara, la primera hija y descendiente del gran león de fuego.
Cuando Amir quedó impresionado con sus habilidades, convocaron agua del aire, crearon ilusiones e incluso comandaron las propias arenas.
En la que demostró que era digna de ser descendiente del gran león de Gogo.
Zara vio potencial en Amir y lo tomó bajo su ala, enseñándole los caminos de la magia y los secretos del desierto, mientras Amir entrenaba sin descanso, dominando nuevos hechizos y encantamientos, y pronto se convirtió en un poderoso hechicero por derecho propio.
Cuando llegaron hombres allí para pedir ayuda al gran león de fuego que decían ser inmortal, aún gobernaba los reinos de arena, junto a la hechicera y profetisa.
Incluso cuando veían crecer su linaje, el viaje de Amir estaba lejos de terminar, incluso cuando el mal se despertó, donde en las profundidades del desierto yacía un mal antiguo, sellado por los grupos de hechiceros que eran los aliados del gran visir.
Emergiendo como un espíritu vengativo, un poderoso hechicero que se volvió rebelde, que buscó romper el sello y desatar el caos en el mundo.
Luchando a su lado Sara la reina hechicera, más su amado el rey visir, se enfrentaron al gran mal, recibiendo la noticia de que Amir llegó a su lado.
Su nieta estaba allí enseñándole los caminos del desierto, cuando el rey inmortal aún reinaba en medio del camino.
Con la ayuda de sus nuevos poderes, Amir decidió que ayudaría a detener a la hechicera rebelde y salvar el desierto de su tiranía.
Luego, junto a ese joven, el gran león de fuego, su esposa en la que volvieron a emprender un largo y peligroso viaje, pero Amir admiró, junto a otros guerreros, en los que cada uno de ellos, vieron que el visir de la hechicera.
Estaban mostrando cuánto perseveraban en las diversidades contrastantes, en las que con la ayuda de Zara y los otros hechiceros, lograron derrotar a la hechicera rebelde y restaurar la paz en el desierto.
En medio de grandes empresas, cuando se dirigieron hacia la aventura, una misión que los llevó hacia el mundo de arena de las dunas de diamantes, en medio de los rayos del cosmos infinito, en el que vagaban por las arenas y dunas del desierto.
En medio de conocer a un poderoso profeta, le contaron a Amir de una gran búsqueda en la que encontraría la iluminación, en la que habló de su propia búsqueda y aventura, con su gran logro.
Así que se suponía que Amir iría solo, en ese momento, cuando estaban vagando por el desierto, cuando se separaron.
Se le acercó cuando se enfrentaba, según las visiones, a la gran bestia del desierto, en medio de traer una inmensa joya que traería agua a uno de los reinos aliados, donde debería ponerla en su pozo, desde allí, arrojó una espada a la gran bestia, cortándole la cabeza, debajo de su nido estaba la piedra, cuando regresó al lugar donde lo esperaban, estaba el pozo, donde colocó la piedra, de ella, el agua brotó sin cesar para todos.
Amir regresó al oasis como un héroe, y los hechiceros lo recibieron como uno de los suyos, y a partir de ese día, Amir vagó por el desierto, usando su magia para ayudar y proteger a la gente, y desentrañando aún más misterios escondidos en las arenas.
Con sus historias de misterio y leyendas sobre los oscuros secretos de un lugar llamado el cementerio de arena, donde viven y viven monstruos y leyendas sobre hechiceros oscuros
El Cementerio de Arena tiene una larga y misteriosa historia, donde según las leyendas fue una vez una próspera comunidad del desierto, pero una poderosa hechicera lanzó una maldición sobre la tierra, haciendo que la arena se volviera de color rojo oscuro y las criaturas.
Esas mismas criaturas que no vivían allí se volvieron monstruosas, cuando la hechicera luego desterró a todos los habitantes de la comunidad y tomó el control del área, usando su magia oscura para controlar a los monstruos y proteger sus secretos.