Capítulo 40
¿QUÉ ESTÁS OCULTANDO?
**Riley** paró un taxi y se metió.
—Por favor, lléveme al Hospital Rocks —anunció mientras se sentaba en el asiento trasero.
—De acuerdo... señorita —murmuró y arrancó.
**Riley** se sentó tranquilamente en el coche, sumida en profundos pensamientos, reflexionando sobre las cartas que encontró, conectándolas con las reacciones de sus padres hace unos años, cuando solía quedar con **Nichole**.
—Esto no tiene sentido. ¿Por qué la **Tía Nichole** haría algo así? —murmuró para sí misma, perpleja.
En ese momento, oyó sonar su teléfono. Lo sacó de su bolso y miró quién llamaba.
—Oh, **Lio**..., olvidé llamarlo —susurró mientras contestaba la llamada.
—Estaba esperando tu llamada, pero nunca llegó. ¿Estás bien? —preguntó.
—Sí, estoy bien. Estaba en algo. Siento mucho no haberte devuelto la llamada.
—Lo sé, cariño, está bien. No tienes que preocuparte tanto.
—Gracias por entender, **Lio**...
—Sí..., sí..., sé que soy el mejor —dijo con una risita.
**Riley** sonrió, sacudiendo un poco la cabeza.
—Entonces..., ¿dónde estás ahora? —preguntó.
—Bueno..., voy de camino al hospital. Acabo de recibir una llamada de una de las enfermeras diciendo que **mamá** está despierta, así que voy a verla.
—Entonces..., voy para allá.
—No, no, **Lio**. Estaré bien, te llamaré más tarde.
—¿Seguro...? —
—Sí... —murmuró con una risita.
—De acuerdo..., cuídate entonces, y no olvides llamarme después de que termines.
—De acuerdo..., cuelgo ahora.
—Um..., adiós... —murmuró y la línea se cortó. **Riley** se quedó mirando la pantalla del teléfono con una sonrisa y lo dejó caer en su bolso.
Pronto, el taxi se detuvo frente al hospital. **Riley** se bajó y entró alegremente en el hospital. La idea de encontrarse con su madre despierta ahuyentó toda la ansiedad y confusión que sentía antes.
************
**Lionel** también estaba en su habitación con su portátil haciendo tareas y cubriendo las lecciones que se perdió durante su estancia con **Riley** cuando la voz de su madre resonó en su habitación.
—**Lionel**..., por favor, únete a nosotros en la mesa. La comida está lista.
—De acuerdo... **mamá**... —exclamó, empacando bien sus libros sobre la mesa. Cerró un poco la laptop y salió de la habitación.
Estaba a punto de bajar las escaleras cuando la puerta entreabierta del estudio de su madre llamó su atención.
—Esta es mi oportunidad de averiguar qué nos ha estado ocultando **mamá** —pensó para sí mismo y se dirigió hacia el estudio. Abrió lentamente la puerta y envió sus ojos buscando por la habitación. Un sobre marrón sobre la mesa llamó su atención.
—¿Qué es eso? —preguntó en voz baja y entró sigilosamente en la habitación. Se acercó a la mesa, tomó el sobre y lo abrió. Sus ojos se abrieron de par en par al ver el contenido.
—¿**Mamá** con la familia de **Riley**?, ¿fotos de **Riley** y yo?, ¿la **Tía Rosita** y el **Sr. Clifford**? ¿Por qué **mamá** tiene todas estas fotos? ¿Conoce a la familia de **Riley**? ¿Nos ha estado espiando a **Riley** y a mí? ¿Me ha estado mintiendo? —murmuró desconcertado.
Volvió a mirar dentro de diez sobres para ver si encontraba alguna pista que le explicara más las cosas, pero no había ninguna.
—Necesito averiguar qué significa esto —dijo, dejando caer las fotos con el sobre sobre la mesa. Se dirigió al lado de la mesa donde estaba el cajón. Tiró del primer cajón, pero estaba cerrado. Estaba a punto de tirar del segundo cajón cuando la voz de su madre volvió a llamarlo.
—**Lionel**..., voy a subir a buscarte si no te veo aquí en el próximo minuto —gritó.
—Oh, mierda... —maldijo para sí mismo y corrió hacia las fotos que había esparcido sobre la mesa.
—Ya voy, **mamá**... —añadió apresuradamente mientras guardaba cuidadosamente las fotos en el sobre. Lo dejó suavemente sobre la mesa como estaba, salió trotando de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Suspiró con una mirada de perplejidad y se fue al comedor.
**Nichole** notó la mirada en su hijo mientras tomaba asiento detrás de la mesa.
—¿Estás bien, hijo...? —preguntó.
—Bueno... —murmuró.
—¿Debería preguntárselo? No, no creo que sea una buena idea —pensó para sí mismo.
—No es nada, **mamá**..., estoy bien —respondió.
—¿Estás seguro, hijo? —preguntó su padre, mirándolo con escepticismo.
—Parece que tienes algo en mente —añadió.
—Estoy bien, **papá**... Solo estaba cubriendo algunas lecciones que me perdí.
—Um...., de acuerdo, si tú lo dices. De todos modos, ¿cómo está **Riley** ahora?
—Ahora está mejor, **papá**...
—Eso es bueno saberlo. Espero verla pronto.
—Claro, **papá**... —murmuró y se lanzaron a sus comidas.
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**Riley** fue a la sala donde estaba su madre antes, pero no la vio allí. Cerró lentamente la puerta tras de sí y se dirigió a la recepción del hospital.
—Buenas tardes, **Enfermera**... —saludó **Riley** al llegar a la recepción.
—Buenas tardes, señorita.
—Estoy aquí para ver a la **Sra. Rosita Hollands**. Una de las enfermeras me informó que había recuperado la consciencia.
—Ah... **Sra. Rosita**. La han trasladado a la 204.
—Oh..., muchas gracias —dijo con una sonrisa.
—De nada.
—Y, por favor, ¿por dónde es?
—Por aquí, por favor —murmuró la enfermera, señalando hacia la derecha.
**Riley** se giró hacia la dirección que señalaba la enfermera, sonrió y salió corriendo.
Después de unos minutos de caminar, se detuvo frente a una de las salas. Se quedó mirando la etiqueta con el número 204 en la puerta con el nombre debajo y sonrió.
Abrió lentamente la puerta y entró.
—**Mamá**... —exclamó al ver a su madre y corrió hacia su cama.
—**Riley**... —dijo **Rosita** mientras se esforzaba por sentarse erguida.
—Cuidado, **mamá**... —murmuró **Riley** mientras ayudaba a su madre a levantarse y la abrazaba.
—Te extrañé mucho, **mamá**...
—Yo también te extrañé, cariño. ¿Qué pasa con tu **papá**? ¿Pudo venir?
—Bueno... **mamá**..., no hablemos de eso ahora. Creo que **papá** está bien.
—De acuerdo... —respondió a regañadientes.
**Riley** estaba tan feliz de tener a su madre a su lado una vez más. Ambas siguieron hablando y contándose lo mucho que extrañaban tenerse la una a la otra. De repente, **Riley** recordó la carta que vio y se sentó en silencio mirando sus pies.
—¿**Riley**...? ¿Hay algún problema? —preguntó su madre mientras tomaba la mano de **Riley** en la suya.
—**Mamá**...
—¿Eh...?
—¿Quién es la **Tía Nichole**? ¿Y tiene algo que ver con lo que le pasó a nuestra familia?