Capítulo 27
Desde el sábado, el día que vi a Owen con esa mujer, me había invadido una curiosidad que no conseguía quitarme de encima.
Me pillaba mirando a Owen cada vez que podía, como si eso fuera a responder a las preguntas que me atormentaban. Por las observaciones que había hecho, descaradamente, descubrí que Owen actuaba diferente en casa y en el instituto.
En el instituto, actuaba como él mismo, pero en casa era diferente. De hecho, casi nunca estaba en casa y, cuando lo estaba, o nadaba en el patio trasero o se encerraba en su habitación.
Lo que me pareció aún más raro fue que dejara de hacer comentarios sarcásticos sobre mí, no es que no me alegrara, pero no era normal, porque eso era lo que solía recibir de él cuando estábamos juntos.
Ahora mismo estábamos sentados en su coche. Los dos callados. Le eché una ojeada. Tenía la mandíbula tensa y podía sentir su enfado emanando de él a oleadas.
"¿Puedo poner la radio?" Intenté, como una forma de empezar una conversación.
Esperé y esperé, pero no obtuve respuesta. Cuando me cansé de esperar, extendí la mano hacia la consola, para encender la radio, y me la apartó de un manotazo.
"¡Ay!" Me agarré la mano, que ahora me ardía, contra el pecho. "¿Por qué has hecho eso?"
"No toques mis cosas."
"Bueno, podrías haberlo dicho antes de maltratarme la mano."
Me dedicó una mirada... no. No una mirada, sino una mirada fulminante... antes de mirar hacia delante.
No me apetecía rendirme sin pelear, y tampoco me apetecía tener un accidente por tocar sus cosas.
Así que, en lugar de eso, saqué el móvil de mi bolso y volví a mirar a Owen. Parecía un poco distraído, pero podía notar que se daba cuenta de que lo estaba mirando.
Después de desbloquear el móvil, fui a mi lista de reproducción y empecé a poner una canción. Pude notar que se irritó cuando le tembló la nariz y apretó el volante, haciendo que se le pusieran blancos los nudillos.
Lo tomé como una indicación para subir el volumen del móvil.
"Juro que si no apagas eso, irás andando al instituto."
"No te atreverías." Le desafié.
"Pruébame."
Y lo probé. Dejé que la canción sonara en bucle e irrité a Owen, aunque yo misma me estaba cansando. Para ser sincera, ni siquiera estaba segura de por qué estaba actuando así. No era nada parecido a mí.
Me sobresalté en el asiento cuando el coche se detuvo bruscamente, y el cinturón de seguridad me cortó el aire.
No tuve tiempo de reaccionar antes de oír a Owen salir del coche, cerrando de golpe la puerta antes de acercarse a la del copiloto. Abrió la puerta de golpe y se acercó a mi cara.
"Te lo avisé." Su aliento a menta me abanicó la cara y no me sentí repelida.
Demasiado perdida en mis pensamientos, no me di cuenta de que me había desabrochado el cinturón, pero, por suerte, reaccioné antes de que pudiera sacarme a rastras del coche.
Me agarré al asiento con fuerza, impidiéndole que me sacara del coche.
"Deja de ser inmadura y sal de mi coche."
"Deja tú de ser inmaduro."
Owen me miró fijamente durante un rato antes de suspirar ruidosamente, pasándose la mano por el pelo.
Después de recomponerse, se acercó a mi lado con... extrañamente... una ligera sonrisa en la cara. Me pilló desprevenida y aflojé el agarre del asiento. Se inclinó hacia mí, colocando una de sus palmas contra mi mejilla y la otra en mi mano que había puesto en el muslo.
Mi corazón empezó a latir más rápido y no sabía cómo pararlo.
Se inclinó aún más que antes, deslizando la mano que tenía en mi mejilla por detrás de mi cuello y juro que mi corazón latió el triple. Me encontré cerrando los ojos, pero me quedé de piedra, y con toda la vergüenza, cuando sentí que Owen me levantaba, como si fuera una novia, del coche.
"¡Qué estás haciendo! ¡Bájame!"
"Encantado." Dijo, colocándome con no demasiada suavidad sobre la hierba al lado de la carretera antes de correr hacia su coche.
Intenté seguirle el ritmo, pero era demasiado rápido. En cuanto llegó a su coche, se metió dentro. Cuando llegué a su coche, intenté abrir la puerta del copiloto, pero estaba cerrada con llave.
"¡Abre la puerta, Owen!" Golpeé la ventana que había subido.
En cambio, se limitó a reírse con la cabeza echada hacia atrás como si todo el asunto fuera desternillante.
"Owen, ¡cerdo crecido, abre la puerta!"
Se rió un poco más.
Miré y me di cuenta de que se estaba haciendo tarde, el sol no estaba por ninguna parte.
"Por favor, abre la puerta, Owen. Juro que me portaré bien." Intenté negociar con él, pero en vez de eso decidió arrancar el coche, sin importarle que me quedara tirada en medio de la nada. Sola.