Capítulo 5
Mi alarma sonó y casi me salí de la cama de un brinco. La apagué, me senté en la cama y traté de recordar por qué la había puesto. Entonces me cayó encima como una bofetada. Lunes.
Uf. ¿Por qué tan pronto?
Me quité las sábanas de encima y fui al baño, toda soñolienta.
Me di una ducha rápida y me vestí con unos vaqueros negros y un suéter gris de punto ligero con unos tacones negros. Me solté el pelo de las coletas y traté de peinarlo, pero tenía nudos. Para cuando terminé, juraría que el pulso de mi cuero cabelludo era visible para los espectadores. Una vez que estuve satisfecha con mi aspecto, agarré mi bolso de la cama y salí de mi habitación.
—Buenos días, Mamá —saludé al abrir la nevera y sacar un poco de zumo de naranja y leche.
—Buenos días. ¿Lista para el cole?
—No. Realmente no. No creo que nadie esté nunca listo para el cole —respondí, a lo que ella solo negó con la cabeza y se ocupó de su desayuno.
Cogí un cuenco y me eché cereales y leche, desayuné rápido y luego lo acompañé con un vaso de zumo de naranja.
—Será mejor que nos vayamos. Tengo que ocuparme de unas cosas del trabajo.
Me levanté de la silla con la mochila colgada del hombro derecho y seguí a Mamá fuera. Ver el coche de Mamá me recordó el incidente de ayer.
—¿Dónde has estado, Lyra?
—Lo siento, Mamá, tardé mucho. Es que había mucha gente en la tienda y se hizo tarde cuando volví.
—¿Por qué no contestaste cuando te llamé?
—Me dejé el teléfono en la cómoda. Lo siento mucho —No mencioné lo que había pasado con el coche a propósito. Ya estaba enfadada conmigo por llegar tarde. No era necesario que le diera más motivos para enfadarse de lo que ya estaba.
Salí de mis recuerdos cuando vi a Owen pasar a toda velocidad junto a nosotras en su Jeep azul oscuro.
—Lyra.
—Voy.
Me metí en el coche y me abroché el cinturón. Realmente no tenía ganas de ir al colegio, pero sabía que Mamá no me dejaría faltar. Aunque lo hiciera hoy, siempre habría un mañana y el día después.
Más o menos diez minutos después llegamos al colegio. Parecía mi antiguo colegio, con bloques de ladrillo rojo. Lakeview High estaba escrito justo encima del bloque que estaba cerca del aparcamiento.
—¿Quieres que te acompañe? —preguntó Mamá, pero yo solo negué con la cabeza en respuesta— Vale. Llámame si necesitas algo.
—Lo haré.
—Te quiero.
—Yo también te quiero —Salí del coche a regañadientes y entré en el edificio con las dos correas del bolso sobre los hombros.
Fui a la oficina y la secretaria me dio un horario, entre otras cosas.
Me dirigí a mi primera clase —que resultó ser matemáticas— con aprensión. No sabía cómo me tratarían todos en mi primer día de clase.
Entré en clase y me alegré mucho de ver que solo había unas pocas personas. Me quedé junto a la puerta, con los ojos recorriendo la habitación en busca de un buen asiento, pero entonces todos dejaron de hablar y me miraron. Rápidamente me senté en un asiento que estaba cerca de una ventana y pasé la mayor parte del tiempo mirando por ella.
Oí a alguien aclararse la garganta a mi lado. Cuando giré la cabeza, vi a una chica con el pelo castaño recogido en una coleta alta y con un vestido blanco de verano que le llegaba hasta la mitad del muslo. Me sonrió cálidamente y se sentó en el asiento vacío que estaba a mi lado.
—Hola. Debes ser la chica nueva, me llamo Katherine, pero puedes llamarme Kate —dijo con entusiasmo mientras me daba la mano.
Su sonrisa era muy contagiosa, porque al cabo de un minuto ya le estaba devolviendo la sonrisa.
—Lyra —respondí y, justo cuando iba a decir algo, entró un hombre con una camisa abotonada azul claro que abrazaba la parte superior de su cuerpo, no demasiado apretada, pero lo suficiente para demostrar que hacía ejercicio, con pantalones negros y dejó su bolso en la mesa del profesor y luego nos miró.
—Vale, clase. Tranquilos —dijo, y juro que pude oír a las chicas riéndose.
Cogió un expediente y empezó a pasar lista. Cuando pronunció mi nombre, me miró y también todos los demás. Respondí con un 'presente', esforzándome por actuar con la mayor naturalidad posible con todos los ojos que se posaron en mí.
Las clases pasaron más rápido de lo que pensaba y, antes de que me diera cuenta, era la hora del almuerzo. Recibí algunas miradas mientras me dirigía a mi taquilla. Justo cuando estaba pasando algunos libros de la taquilla a mi bolso, Kate se apoyó en la taquilla de al lado de la mía.
—¿Quieres venir conmigo a comer? —preguntó, aún con una sonrisa en la cara.
—Eh...claro —Cerré la taquilla y la seguí a la cafetería.
—¿No tienes calor?
\a miré y negué con la cabeza— Estoy bien.
Cuando entramos en la cafetería, Kate y yo nos dirigimos a la fila, que solo constaba de siete personas. Cogí mi bandeja de comida y me quedé ligeramente detrás de Kate, que estaba ocupada hablando de las cosas que le gustaría hacer antes de que terminara la semana. Mis ojos escaneaban la cafetería y me detuve en seco cuando mis ojos hicieron contacto con los de alguien y la voz de Kate pronto se convirtió en un sonido distante.