Capítulo 12
Alguien entró al establo. Levanté la vista. Era Sawyer.
"S– Sawyer, por favor. ¿Puedes traerme algo de comer??" supliqué débilmente entre lágrimas.
Ella no se movió, solo me miró fijamente.
"Por favor..."
"¿Y por qué debería hacer eso?" preguntó fríamente, cruzándose de brazos.
"Por favor", lloré, "Yo– No he comido desde anteayer."
"Eso es porque mamá te castigó. No es mi culpa que no hayas hecho la colada correctamente. Mi ropa no estaba bien lavada."
¿Cómo podía una niña de nueve años ser tan malvada?
"Sawyer, por favor." Me arrastré hacia sus pies débilmente. Logré agarrar su tobillo.
"¡Aaaah!" gritó de repente, "¡SUÉLTAME! ¡Estás sucio!"
No la solté. Me estaba muriendo de hambre y seguí suplicando. Solo tenía 12 años y no había comido en tres días. Estaba desesperado.
"Por favor..." lloré débilmente.
"¡¡MAMÁ!!" gritó con todas sus fuerzas. El miedo me invadió y la solté.
Demasiado tarde. Sra. Christina apareció enfadada con un cinturón de cuero en la mano. Sawyer lo contó todo. Sra. Christina se volvió hacia mí, más furiosa que nunca.
"¡Qué mocoso sucio! ¿¡Cómo te atreves!?" gruñó levantando el cinturón por encima de su cabeza.
"¡Noo! ¡Por favor!" supliqué, pero el cinturón cayó con fuerza sobre mí, golpeándome la cara y la cabeza. Grité por el dolor insoportable.
"¡¡Por favor!!" lloré con dolor. Ella no se detuvo. Empezó a azotarme con el duro cinturón de cuero, en cada parte de mi cuerpo. Por todas partes. No podía abrir los ojos ni ver nada mientras me azotaba con total rabia. Grité y grité pidiendo ayuda. Ella no se detuvo. Sawyer se quedó mirando con una mirada satisfecha.
"¡Sra. Christinaaa! ¡POR FAVOR! ¡PARA! ¡AYUDA!"
"¡CÁLLATE!" gruñó enfadada.
"¡Mamá! ¡Mamita, nooo!" escuché la voz de Heather suplicando. Sra. Christina dejó de azotarme y se volvió hacia Heather.
Logré abrir los ojos, aunque estaban tan hinchados como el resto de mi cara. Vi a Heather con una mirada dolorosa en sus ojos. Sollozaba mientras me miraba, con la mano cubriendo su boca en señal de shock al verme. Solo tenía diez años y acababa de ver de lo que era capaz su propia madre.
"M– mami, ¿¡qué le estás haciendo!?" gritó.
"¿¡No te dije que te quedaras en la casa!? ¿¡No te lo dije!?" preguntó su madre enfadada.
"¡Mami, no se ve bien! ¿¡Qué le has hecho!? ¡La última vez que lo vi estaba bien!" gritó con dolor.
"Heather, ¿¡cómo te atreves a gritarme?!"
"¡Mamá, eres malvada!" lloró. Los ojos de Sra. Christina se abrieron de sorpresa. Su hija la había llamado malvada. Su favorita.
"¿Me acabas de llamar malvada? ¿Heather, lo hiciste?" gruñó Sra. Christina. Heather retrocedió. "¿¡Por culpa de este bastardo!?"
"¡Es porque le gusta, mami!" informó rápidamente Sawyer, "¡Se gustan!"
"Oh, ya veo." Sra. Christina se volvió hacia mí, "¿Así que has puesto a mi hija en mi contra?"
Negué con la cabeza con miedo.
"N– noo." Temblé.
"¡MENTIROSO!" gritó y lo siguiente que sentí fue el duro cinturón en mi cara de nuevo. Grité de dolor.
"¡Nooo!" gritó Heather y corrió hacia su madre, intentando por todos los medios apartarla de mí. "¡Mami! ¡No!"
"¡Fuera!" apartó a Heather, haciéndola caer con fuerza al suelo. Y fue entonces cuando Heather, por primera vez, tuvo una crisis de asma. Sra. Christina entró en pánico.
"¡Heather!" dejó caer el cinturón y cargó con su hija, "¡Sígueme con el cinturón!" le dijo a Sawyer mientras salía corriendo del granero con Heather en brazos.
Lloré continuamente. Estaba rojo, negro y morado. Me había golpeado muy fuerte. Mis piernas, brazos y cara se habían hinchado. Yací en la paja llorando de dolor.
Sawyer recogió el cinturón y me miró. Sin remordimientos ni lástima en su expresión. Solo me dedicó una pequeña sonrisa antes de salir corriendo del establo. Así me quedé, llorando hasta la noche. Todo mi cuerpo en llamas.
Por la noche terminé de llorar. Yací en silencio sobre la paja, pensando. Rezando para que Heather estuviera bien. Solo tenía doce años, pero creía que la amaba. No estaba seguro, sin embargo, de si podía llamarlo amor. Pero de lo que estaba seguro era de que realmente me gustaba. Era la única que me sonreía en mucho, mucho tiempo. Sin embargo, no podía verla.
*
Eran las 10 de la noche y el rancho estaba silencioso aparte del pequeño ruido que hacían los caballos del establo conmigo. Todos se habían ido a dormir. Pensé en ir a buscar las zanahorias sobrantes del pesebre de los caballos, pero estaba demasiado débil para moverme. Cerré los ojos. Por primera vez en mi vida, pedí a la muerte que viniera por mí.
Aún tenía los ojos cerrados cuando sentí una mano suave acariciándome la mejilla. Abrí lentamente los ojos y vi a Heather sentada a mi lado.
"He– Heather?" llamé débilmente.
"Sí..."
Me senté lentamente.
"¿Qué haces aquí?" pregunté, mirando directamente a sus ojos brillantes.
"Vine a ver cómo estabas."
"¿No te van a pillar?"
"Todos están dormidos. Yo– me escapé a escondidas."
La miré sin habla.
"Yo– también te traje mi cena."
Recogió un cuenco pequeño que no había notado a su lado. Lo abrió. Había arroz y salsa de tomate dentro. "Debes tener hambre." Murmuró.
Asentí, sin habla. No podía creer que estuviera aquí conmigo. Había sacrificado su sueño y su cena por mí.
"¿P– puedo darte de comer?" preguntó nerviosamente, sonrojándose.
Me permití una pequeña sonrisa.
"Sí. Por favor."
Ella cogió su cuchara y mezcló la comida. Luego, lentamente, puso la primera cucharada de arroz en mi boca. Comí. Hacía mucho que no comía buena comida. Me dio de comer continuamente. Mis ojos nunca se apartaron de su hermoso rostro.