Capítulo 42
La tensión en la cabaña se tensó como una cuerda de guitarra. **Sarah** y **Derrick** se miraron, el mapa en la mesa un crudo recordatorio del peligro que se avecinaba. Las palabras de **Didi**, aunque ofrecían un destello de esperanza, también presentaban un nuevo desafío.
"¿Así que esperamos?" preguntó **Sarah**, la frustración entonando su voz. "¿Solo nos quedamos aquí mientras **Bobby** planea quién sabe qué?"
"No necesariamente", respondió **Derrick**, con los ojos fijos en el mapa. "Usamos esta información a nuestro favor. Sabemos dónde está **Bobby**, o al menos dónde cree que estará seguro. Usamos ese conocimiento para formular nuestro propio plan".
**Didi** se inclinó hacia adelante, su mirada parpadeando entre **Sarah** y **Derrick**. "Exacto. **Tigre** está trabajando para encontrar una forma de entrar, una debilidad en sus defensas. Pero mientras tanto, necesitamos una estrategia. ¿Cuáles son tus recursos, **Derrick**? ¿Alguien con quien puedas contactar para pedir ayuda?"
**Derrick** frunció los labios pensativo. "Hay algunas viejas conexiones", admitió. "Gente con la que no he hablado en años, pero podrían deberme un favor. Sería una apuesta arriesgada, pero..."
"Es mejor que nada", dijo **Sarah**, con la voz cada vez más fuerte. No debemos solo mirar y hacer el papel en su juego. ¡Nos vengamos con fuerza!"
Una chispa de aprecio brilló en los ojos de **Didi**. "Esa es la **Sarah** que conozco", comentó, con los labios ligeramente fruncidos en una sonrisa. "Entonces, ¿qué sabemos sobre esta casa de seguridad? ¿Algún detalle que **Tigre** haya podido obtener?"
Cuando la noche avanzaba, un plan tentativo comenzó a tomar forma. Era arriesgado, audaz incluso, pero era su única oportunidad. Aprovecharían la información interna de **Didi** y los viejos contactos de **Derrick** para recopilar información y, potencialmente, algo de respaldo.
Esperarían el momento oportuno, esperando la abertura ideal, una brecha en las defensas de **Bobby**, un descuido en sus esquemas.
Las siguientes dos horas pasaron en una borrachera de garabatos nerviosos en trozos de papel y susurros silenciosos. Llena de nervios, **Didi** le dio a **Tigre** toda la información que había logrado recopilar con respecto a la casa de seguridad.
Su voz esbozó un panorama sombrío: un edificio de dos pisos rodeado por una alta cerca, patrullado por una fuerza rotatoria de al menos diez guardias, algunos armados con armas automáticas.
Las cámaras de seguridad parecían ser omnipresentes, y **Bobby**, según **Tigre**, rara vez se alejaba de su habitación fuertemente fortificada en el último piso.
"¿Diez guardias?" murmuró **Derrick**, trazando el perímetro del edificio en el mapa con un dedo calloso. "Eso es un pequeño ejército".
"Y las cámaras", agregó **Sarah**, un nudo de preocupación tensándose en su estómago. "¿Cómo podemos pasar sin ser vistos?"
**Didi** se mordió el labio inferior, frunciendo el ceño pensativa. "**Tigre** mencionó un punto ciego", dijo finalmente. "Un gran roble junto a la pared trasera oscurece una parte de la cerca. Aunque escaso, esta podría ser nuestra única oportunidad de entrar".
Los ojos de **Sarah** se iluminaron con un destello de optimismo. "¿Un punto ciego? Podríamos usar eso".
**Derrick**, sin embargo, se mantuvo cauteloso. "Incluso si pasamos la cerca, ¿cómo lidiamos con los guardias? Somos superados en número y en armas".
**Didi** miró a **Sarah**, luego de regreso a **Derrick**. "Ahí es donde entra mi parte", dijo, con la voz bajando a un susurro conspiratorio. "Podría conseguirte algo de ayuda. ¿Recuerdas a **Miguel**, ese genio de la tecnología con el que solía salir? No hemos hablado en años, pero me debe un gran favor".
Un resoplido escéptico escapó de los labios de **Derrick**. "¿Un ex novio? ¿Esa es nuestra mejor apuesta?"
"No es cualquier novio", respondió **Didi**, sonrojándose ligeramente. "Es un genio con la electrónica. Si alguien puede desactivar esas cámaras por unos minutos, es **Miguel**".
**Sarah** apretó la mano de **Didi** en señal de gratitud. "Vale la pena intentarlo. **Bobby** tiene que actuar, por lo tanto, no podemos quedarnos de brazos cruzados y mirar".
Trabajaron en su estrategia, debatiendo y examinando cuidadosamente cada aspecto, durante el resto de la noche.
Impulsada por un intenso instinto maternal para mantener a su familia a salvo, **Sarah** insistió en encontrar una forma de desviar a los guardias mientras se movían. El pragmático que era, **Derrick** instó a que tuvieran una ruta de escape practicada en caso de que algo saliera mal.
"Necesitamos una distracción", dijo **Sarah** con firmeza. "Algo para alejar a los guardias de sus puestos el tiempo suficiente para que nos deslicemos por el punto ciego".
Después de darle algunas vueltas, los ojos de **Didi** adquirieron un brillo astuto. "¿Qué pasaría si… causáramos un apagón?"
"Tal vez podamos enviar a **Ethan** como una pequeña distracción. Su ternura los distraerá lo suficiente para que trabajemos en eso". Bromeó **Sarah**.
Por primera vez en días, la pequeña cabaña estalló en risas nerviosas. Incluso si la estrategia que estaban creando estaba lejos de ser ideal, no obstante, era un plan. Era una apuesta arriesgada, sin duda, pero era su única oportunidad de recuperar el control sobre sus vidas.
Un silencio espeso cayó sobre ellos cuando los primeros rayos de la mañana se asomaron por la ventana polvorienta, proyectando largas sombras en la habitación. El peso de su situación se instaló de nuevo, reemplazando la fugaz camaradería.
**Sarah** respiró hondo, forzando una sonrisa para los niños que se despertaban en la habitación de al lado. "Panqueques para el desayuno, ¿suena bien?" preguntó, con la voz sorprendentemente firme.
**Derrick** le ofreció un asentimiento tranquilizador, la preocupación grabada en su rostro un marcado contraste con la sonrisa juguetona que se puso para **Ethan** y **Leo**.
Los días siguientes fueron un juego de espera tenso. **Sarah** y **Derrick** mantuvieron una apariencia de normalidad para los niños, visitándolos, jugando juegos de mesa junto a la mesa, leyendo cuentos en voz baja.
Todo el tiempo, sus mentes se debatían con la estrategia que estaban creando, el conocimiento de que sus vidas estaban en juego.
**Didi**, siempre ingeniosa, utilizó sus conexiones para comunicarse con **Miguel**. La llamada fue tensa, llena de pausas incómodas y risas nerviosas.
Pero al final, **Didi** logró asegurar su ayuda, aunque con un precio considerable: la promesa de una gran cena en el restaurante favorito de **Sarah** una vez que se calmara el polvo.
Con un temblor de emoción en la voz, **Didi** entró por la puerta una tarde mientras el sol se ponía en el horizonte, creando largas sombras sobre la cabaña.
Con un brillo en los ojos, declaró: "Ha habido un desarrollo. Escuché algo sobre un envío. Uno grande, que llega a la casa de seguridad mañana por la noche".
Las cejas de **Derrick** se dispararon. "¿Un envío? ¿Qué tipo de envío?"
**Didi** negó con la cabeza. "Esa parte no pude obtenerla. Pero tiene que ser importante. Algo que haría que **Bobby** se encerrara en una casa de seguridad con seguridad adicional".
Una nueva ola de energía recorrió la cabaña. Este envío, fuera lo que fuera, podría ser su clave. Podría ser una moneda de cambio, una forma de sacar a **Bobby**, o tal vez incluso una vulnerabilidad que pudieran explotar.
"Necesitamos más información", dijo **Sarah**, con la voz llena de determinación. "Necesitamos saber qué hay en ese envío".
**Didi** asintió con entusiasmo. "Veré qué puedo desenterrar. Pero mientras tanto, tenemos que estar preparados para cualquier cosa. Este envío cambia las cosas. Tenemos que actuar rápido".
El aire crujía con nerviosa anticipación. Su plan estaba evolucionando, transformándose en algo más audaz, más desesperado.
El envío era una apuesta, un comodín, pero también era su mejor oportunidad de darle la vuelta a **Bobby** y reclamar sus vidas.
A medida que caía la noche, se acurrucaron alrededor de la lámpara de gas, el mapa extendido frente a ellos, sus rostros sombríos pero resueltos. Se habían convertido en los cazadores, ya no meramente en la presa.
"De acuerdo", dijo **Sarah**, con la voz sorprendentemente firme teniendo en cuenta el peso de su apuesta. "Creemos que tenemos una forma de entrar. La cerca trasera tiene un punto ciego gracias a ese gigantesco roble. **Didi** puede conseguirnos a alguien que desactive las cámaras por unos minutos críticos".
**Didi**, encaramada al borde de una silla inestable, se inclinó hacia adelante, con un brillo travieso en los ojos. "**Miguel**, mi ex con conocimientos de tecnología, me debe una grande. Desactivar esas elegantes cámaras de seguridad será un paseo por el parque para él... bueno, tal vez un trote rápido".
**Derrick**, siempre el pragmático, frunció el ceño. "Eso nos lleva más allá del perímetro, pero ¿qué pasa con los guardias? Diez hombres fuertemente armados son una tarea difícil de romper, incluso con un ataque sorpresa".
"Ahí es donde entra la parte divertida", dijo **Sarah**, con una risa seca escapando de sus labios. "Creamos una distracción. Un apagón, cortesía de las 'habilidades de cableado directo' de **Miguel**".
Una risita ansiosa recorrió la estrecha cabaña. Era una estrategia audaz llena de posibles escollos, pero era su única oportunidad.
**Didi** sacó un pequeño teléfono plegable gastado de su bolsillo; era un remanente de una época diferente. "De acuerdo, comencemos", susurró, con las yemas de los dedos revoloteando sobre el teclado.
El teléfono se encendió y hubo un silencio nervioso por un momento. **Didi** intercambió una mirada nerviosa con **Sarah** y **Derrick** antes de poner el teléfono en altavoz.
"¿**Tigre**?" La voz de **Didi** era apenas un susurro.