Capítulo 52
La batalla seguía, y los riesgos nunca habían sido mayores. A pesar de que sus acciones causaron consecuencias no deseadas, se negaron a retirarse.
Estaban dispuestos a pelear por Sr. Duke, a revelar la traición de Bobby, y a defender la compañía que se había transformado en algo más que un negocio: representaba su fuerza y determinación para superar la traición.
Mientras comenzaban sus tareas separadas, una promesa solemne llenó el ambiente: estaban comprometidos a abogar por la justicia, Sr. Duke, y sus propias causas.
**Sarah** caminaba ansiosamente de un lado a otro en el albergue, esperando una actualización de Martha, sintiendo la intensidad en el aire. Tigre estaba sentado cerca del fuego, limpiando meticulosamente su cuchillo mientras miraba a **Sarah** de vez en cuando.
Finalmente, sonó el teléfono. **Sarah** lo agarró, su voz temblaba ligeramente mientras respondía.
"¿Martha?"
"Ya está hecho", la voz de Martha llegó, con un toque de satisfacción. "El pequeño bicho está en su lugar, disfrazado de bolígrafo en el escritorio de Bobby. No sospecharía nada".
Una ola de alivio inundó a **Sarah**. "Excelente trabajo, Martha. Apreciamos el riesgo que estás corriendo".
"Alguien tiene que detener a esa serpiente", respondió Martha con brusquedad. "Solo házmelo saber cuando necesites que se descargue el audio".
**Sarah** colgó, una sonrisa triunfante extendiéndose por su rostro. "Tenemos ojos y oídos dentro de la oficina de Bobby", anunció a Tigre.
Los labios de Tigre se curvaron por las esquinas. "Genial". Ahora, exploremos el tipo de información que podemos descubrir".
En los días siguientes, estaban pegados a sus teléfonos, anticipando ansiosamente cualquier evidencia incriminatoria del bicho. Fue un período de anticipación que inducía ansiedad, marcado por momentos de optimismo y abrumadora tranquilidad.
Finalmente, su paciencia dio sus frutos. Llegó una grabación de Martha, un archivo digital que contenía un fragmento de la conversación de Bobby. Se acurrucaron alrededor de la computadora portátil, con los rostros grabados con anticipación mientras presionaban play.
La grabación cobró vida, revelando la voz de Bobby, suave y segura de sí misma, mientras hablaba con alguien por teléfono.
"La transferencia está casi completa", decía Bobby. "Una vez que tenga el control total de T&T, será como un cerdo en un matadero. Lo desangraremos y no le dejaremos a Briggs más que una cáscara vacía".
Se rió de una manera que hizo que la columna vertebral de **Sarah** hormigueara con un escalofrío. "Solo imagina la expresión en la cara del anciano Sr. Duke cuando su amada compañía se desmorone".
La grabación se detuvo repentinamente, creando un silencio inquietante que perduró. **Sarah** y Tigre compartieron una mirada, con expresiones serias en sus rostros.
Tigre murmuró, sin lugar a dudas. Está colaborando con Briggs para desmantelar la compañía internamente.
"Lo está haciendo todo por malicia", dijo **Sarah**, con un indicio de enfado visible en sus ojos. "Esto es más que solo dinero; se trata de buscar venganza".
Tenían la evidencia que necesitaban. Ahora venía la parte difícil: usarla a su favor.
"Chantaje", declaró Tigre, con voz baja y peligrosa. "Es un movimiento arriesgado, pero podría ser la única forma de detenerlo".
**Sarah** vaciló. El chantaje no era exactamente su curso de acción preferido, pero considerando las circunstancias…
"No podemos dejar que Bobby destruya T&T", dijo finalmente, una resolución férrea endureciendo su voz. "Si el chantaje es lo que se necesita… entonces que así sea".
Pasaron las siguientes horas formulando un plan. No exigirían dinero; su objetivo era detener el complot malicioso de Bobby.
La grabación serviría como palanca, una amenaza para exponer sus verdaderas intenciones a toda la junta directiva de la compañía, a los medios de comunicación y quizás incluso al Sr. Duke.
Al día siguiente, **Sarah** hizo la llamada. Su voz, disfrazada con un modulador de voz, entregó un mensaje escalofriante a Bobby, delineando su conocimiento de su plan y su posesión de la grabación incriminatoria.
"Detén tu jueguito, Bobby", advirtió la voz. "De lo contrario, la verdad será revelada, y tu verdadera naturaleza fraudulenta será expuesta a todos".
La llamada terminó repentinamente, creando un silencio inquietante. **Sarah** respiró profundamente, sintiendo que su corazón latía rápidamente en su pecho. Habían hecho su movimiento. Ahora tenían que esperar y ver cómo reaccionaría Bobby.
Los días que siguieron fueron como un juego de ajedrez agonizante. **Sarah**, con su voz cubierta por el filtro digital, envió un flujo constante de mensajes a Bobby.
Cada mensaje contenía un fragmento de la evidencia recopilada: un fragmento de grabación, un correo electrónico incriminatorio, una pieza del rompecabezas que revelaba el alcance total de su traición.
Con cada mensaje, el miedo en la voz de Bobby crecía más palpable. El operador, que alguna vez fue suave, ahora era un hombre al límite, su arrogancia habitual reemplazada por una lucha desesperada por el control. Dormir se convirtió en un lujo, reemplazado por una ansiedad constante y roedora.
"¿Quién eres?" gritó Bobby por teléfono durante una llamada particularmente volátil. "¿Qué quieres?"
La voz disfrazada de **Sarah** permaneció tranquila, desprovista de emoción. "Queremos que te detengas, Bobby. Detén tu plan para desmantelar T&T y deja de jugar a tu jueguito con Sr. Duke".
"¡No hay ningún juego!" rugió Bobby, su voz agrietándose con desesperación. "¡Esta empresa merece desmoronarse! ¡Se construyó sobre mentiras!"
**Sarah** sonrió, una fría satisfacción helando su voz. "Oh, hay muchos juegos, Bobby", dijo. "Y estás perdiendo".
Bobby colgó el teléfono con enojo, el ruido resonando en la oficina vacía. Se encontró enredado, como un insecto atrapado en la telaraña de sus mentiras.
El miedo constante permaneció cerca de él, envolviéndolo como una serpiente venenosa. Le era imposible descansar, incapaz de concentrarse, sus pensamientos llenos de la prueba condenatoria de que sabía que tenían.
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El sonido agudo del teléfono de Bobby interrumpió la atmósfera pacífica de su oficina. Lo agarró, con la mano temblorosa ligeramente. Un número desconocido parpadeó en la pantalla. Con una profunda respiración, respondió, su voz cortada.
"¿Hola?"
Una voz distorsionada, con un toque de diversión, le llenó el oído. "¿Sr. Duke? Qué encantador volver a escucharlo".
A Bobby se le heló la sangre. Era la misma voz de la primera llamada, la voz que amenazaba con exponer su intrincada red de mentiras.
"¿Quién es?" exigió Bobby, con la voz tensa.
"Alguien que conoce sus secretos más profundos, Bobby", dijo la voz con voz ronca. "Alguien que presenció su pequeña charla sobre convertir T&T en una cáscara vacía para su querido papi, Marshal Briggs".
El agarre de Bobby al teléfono se apretó. ¿Cómo podían saber? ¿Alguien había escuchado a escondidas? El pánico roía los bordes de su mente.
"No sé de qué estás hablando", mintió, con la voz forzada.
"No te hagas el tonto, Bobby", se rió la voz. "Tenemos una grabación. Una grabación muy incriminatoria de usted planeando la caída de la empresa".
Bobby sintió un sudor frío en su piel. Esto no era una farsa. Lo tenían acorralado.
"¿Qué quieres?" espetó, con la voz mezclada con miedo y desafío.
"Simple, Bobby", respondió la voz. "Vete. Renuncia a T&T antes de que causes más daño. Considere que es una… oferta generosa".
La llamada terminó repentinamente, y Bobby se quedó mirando el teléfono con confusión. Sintió que las paredes de su oficina se cerraban sobre él, el miedo en el aire era asfixiantemente denso. Su universo meticulosamente construido estaba a punto de desmoronarse.
Bobby sintió que el miedo lo carcomía como una rata hambrienta. El primer mensaje anónimo había sido un shock: una voz desencarnada que lo acusaba de trabajar con su padre, Marshal Briggs, para desmantelar T&T desde adentro.
Pero ahora, había más. Imágenes, correos electrónicos y fragmentos de conversaciones grabadas eran todas piezas de un rompecabezas que exponía la compleja red de engaño que Bobby había creado.
Su puño golpeó el escritorio, haciendo que el bolígrafo disfrazado rebotara en la superficie lisa. ¡Qué audacia! ¿Quién tuvo la audacia de amenazarlo? Sus ojos recorrieron la habitación, escaneando cada rincón en busca de una cámara oculta o un dispositivo de escucha.
Vio el bolígrafo inofensivo que Martha había colocado estratégicamente. Un sudor frío le erizó la piel. ¿Era…?
De repente, su teléfono volvió a zumbar. Un mensaje de texto anónimo apareció en la pantalla: "Un movimiento en falso, Bobby, y toda la junta sabrá tu jueguito".
La sangre de Bobby se heló. La junta. Su fachada meticulosamente elaborada, la imagen del hijo obediente, el CEO leal: todo se haría añicos si la verdad saliera a la luz. Años de intrigas, de manipular su camino hacia las gracias de Sr. Duke, se reducirían a cenizas.
Se hundió en su silla, el peso de su paranoia presionándolo. Dormir se convirtió en un recuerdo lejano, reemplazado por una vigilancia constante. Cada crujido de las tablas del suelo, cada golpe anónimo en su puerta le envió escalofríos por la columna vertebral.
"Ni siquiera pienses en salir de la ciudad, Bobby", advirtió otro mensaje. "Tenemos ojos en todas partes".
Colocó con fuerza el teléfono en su escritorio, el ruido resonando en el pesado silencio. Susurró con incredulidad, con un temblor en la voz que revelaba que su confianza habitual flaqueaba.
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Mientras tanto, **Sarah**, con una resolución férrea grabada en su rostro, mantuvo la presión. Ella transmitió la información a **Derrick** tomó una decisión crucial.
"No podemos confiar en Bobby", declaró, con voz sombría. "Es un animal acorralado, y los animales acorralados arremeten. Necesitamos involucrar a las autoridades".