Capítulo 2
Solté mis rizos castaños como siempre eché la sudadera gastada encima de mi camiseta normal y mis vaqueros. Agarrando mi mochila de la esquina al lado de la puerta de mi habitación, bajé las escaleras y entré en la cocina para pillar un gofre rápido y despedirme un poco de mis padres antes de ir al cole.
El camino no era largo, vivo a 15 minutos y era soportable con los auriculares puestos. Puse mi música en aleatorio y empecé a andar. El sol estaba cubierto por algunas nubes hoy y el tiempo tiene un poco de viento, gracias a Dios. Juro que casi me muero de deshidratación el otro día.
Cuando vi las puertas del cole, me quedaban 5 minutos para recoger mis cosas de la taquilla e ir a clase. Corriendo hacia allí, llegué justo cuando sonó el timbre. Inmediatamente me fui a mi asiento habitual, justo al lado de la ventana que daba al campo de hierba del cole.
El recinto del cole no era pequeño. Prácticamente crecí en este pueblo. Pasé toda mi educación en el mismo cole. Tiene un departamento Montessori, departamento de primaria, secundaria y bachillerato, vaya, un cole completo. Después de mirar las mismas caras, las mismas mesas, pasillos y profes durante 16 años, se vuelve un poco aburrido.
Apenas un minuto después, mi tutor entró en la sala. Tenía más de 30 años, pero siempre ha llevado una sonrisa amable mientras se dirigía a todos nosotros. El Sr. Thompson es uno de los mejores profesores que el cole puede ofrecer y eso me iba bien.
"¡Buenos días, clase! Hoy tenemos un estudiante nuevo y agradecería que todos le dierais una cálida bienvenida a la comunidad escolar". Ni siquiera me molesté en levantar la vista. Las chicas babeando por el nuevo y los chicos saludándole con rápidas y breves sonrisas engreídas lo decían todo. Era suficiente para saber que pronto sería miembro de la pandilla popular, lo que significa otro matón para mí. ¡Genial!
El único asiento vacío, sin embargo, estaba justo a mi lado y aparté mi asiento de él con la mayor sutileza posible justo cuando el asiento a mi lado hizo ruidos al ser empujado hacia atrás por el nuevo. Ah, genial. ¡Perfecto!
Me quedé mirando la mesa, pero reaccioné cuando una risita vino de mi lado.
"¿Qué te ha hecho esa mesa?" Preguntó una voz grave.
Olvidé volver a ser el empollón y dejé escapar unas cuantas palabras imprudentes, "Era más bien algo que no hizo." Murmuré con los dientes apretados.
"Soy Adam, por cierto". Se presentó el nuevo mientras yo me quedaba callado y mantenía la cabeza gacha. No iba a dejar que me pusiera de los nervios. Será popular en cuanto suene el timbre, así que no me voy a encariñar con él pronto.
Después de unos minutos, decidió romper el hielo, "¿Y tú eres?"
"Empollón." Le dije simplemente.
Se rió entre dientes antes de darse cuenta de que iba en serio y se convirtió en un ceño fruncido. "Eso no puede ser cierto." Me murmuró.
Me encogí de hombros en respuesta, "Es como me llama la gente, así que se queda después de un tiempo".
"Vale, ¿cómo te llaman tus amigos?" "Friki".
"Oh, vamos." Gimió en voz baja.
Intenté evitar que los extremos de mi boca se curvaran, pero fracasé miserablemente y él notó ese ligero cambio y, por supuesto, tiene que ser coqueto al respecto.
"Deberías sonreír más, te sienta bien".
Puse los ojos en blanco cuando oí la frase cursi. Sí, claro. Buen intento. En serio, alguien, hazme el favor y dale una colleja en la cabeza.
La clase duró para siempre mientras el Sr. Thompson repasaba las lecciones de la semana pasada y decidí hacer algunos garabatos y, efectivamente, en menos de un minuto unos cachorritos y rosas rodeados de enredaderas llenas de espinas cubrían la esquina de mi cuaderno.
Sonó el timbre y salí por la puerta antes de que el nuevo pudiera decir nada. Con una mano en la correa de la mochila y la otra sujetando mi cuaderno, salí corriendo de allí como un loco en un intento de evitar más conversaciones innecesarias. No le eché un buen vistazo, pero no me importó. No le veré pronto.
¡Chico, estaba equivocado!