Capítulo Tres – “Un trato con el diablo"
Alina se quedó mirando el sobre blanco y crujiente que tenía en las manos, con los dedos temblando un poco. Dentro había una oferta, un contrato de "Damon Cross".
Su pulso le martillaba en los oídos. Esto no era solo un trabajo. Esto era "una correa".
Debía haber "desaparecido". Debía haber roto el papel, habérselo tirado a la cara y haberle dicho que la dejara en paz.
En cambio, preguntó: "¿En qué consistiría exactamente este trabajo?"
Los labios de Damon se curvaron en una sonrisa, como si hubiera sabido todo el tiempo que ella no se negaría directamente.
"Serás mi asistente personal", dijo, metiéndose las manos en los bolsillos de su abrigo a medida. "Gestionarás mi agenda, me acompañarás a las reuniones y estarás disponible cuando te necesite".
Su estómago se revolvió. "Disponible cuando te necesite".
"¿Y si digo que no?", preguntó, forzando la voz para que se mantuviera firme.
La expresión de Damon se ensombreció, la diversión se desvaneció. "Entonces descubrirás lo que es tener enemigos que te vigilan".
Un escalofrío le recorrió la columna vertebral. "Esto no fue una elección".
Tragó saliva. "¿Por qué yo?"
Su mirada no vaciló. "Porque no me tienes miedo".
Lo dijo como un desafío. Como si la estuviera "retando" a que demostrara lo contrario.
Alina exhaló lentamente, sopesando sus opciones. Podía negarse, pero ¿eso realmente la mantendría a salvo? "Vortex" no era solo un club, era una puerta de entrada a un mundo que no debía ver. ¿Y Damon Cross? Era el diablo que guardaba la puerta.
Si se iba, ¿la dejaría "realmente"?
El pensamiento le envió un temblor.
No confiaba en él. Pero por alguna razón, le creía.
Respirando hondo, apretó el sobre. "Lo pensaré".
Damon la observó durante un largo rato, con una expresión ilegible. Luego se acercó, y su voz bajó a un murmullo.
"Tienes veinticuatro horas, Alina". Su voz era suave como el terciopelo, pero entretejida con algo peligroso. "Toma la decisión correcta".
Con eso, se giró, entrando en su coche negro. La puerta se cerró detrás de él y, en cuestión de segundos, se había ido, desapareciendo en la noche como una sombra.
Alina se quedó allí, mirando la calle vacía, "preguntándose si acababa de hacer un trato con el diablo".
Alina apenas durmió esa noche.
Cada vez que cerraba los ojos, "la voz de Damon resonaba en su mente". La forma en que la miraba, como si ya fuera suya. La advertencia en su tono, las amenazas veladas.
Podía sentirlo "acechando en los límites de sus pensamientos", una fuerza invisible que no podía sacudirse.
Las palabras de Sofía también la atormentaban.
"Es peligroso, Alina. La gente desaparece a su alrededor".
Pero… había algo en él que la atraía. "El poder. El control".
La asustaba.
Pero también la "intrigaba".
Cuando llegó la mañana, su decisión seguía siendo "incierta".
Alina llegó al campus antes de lo habitual, con la esperanza de que algo de normalidad le despejara la mente. Entró en la biblioteca, tomó asiento junto a la ventana, fingiendo estudiar.
Pero su concentración era inexistente.
De vez en cuando, se sorprendía mirando su teléfono, esperando que sonara.
Esperando que "él" llamara.
"¿Esperando a alguien?"
Su cuerpo se "tensó".
Esa voz, suave y afilada como una cuchilla, "no pertenecía a una biblioteca universitaria".
Lentamente, se giró.
Damon Cross estaba a unos metros de distancia, impecablemente vestido con un traje oscuro. El contraste entre él y las filas de libros de texto era casi "ridículo".
Su corazón "se detuvo".
"¿Qué diablos haces aquí?", susurró.
Sus labios se curvaron. "Revisando mi oferta".
Apretó la mandíbula. "¿No dijiste que tenía veinticuatro horas?"
"Lo hice". Dio un paso más, su presencia "abrumadora". "Pero no me gusta esperar".
Alina exhaló, agarrándose al borde de la mesa. "No puedes simplemente aparecer aquí".
Damon inclinó la cabeza, con los ojos brillando con diversión. "Puedo hacer lo que quiera".
Algo en la forma en que lo dijo la hizo "temblar".
Le lanzó una mirada. "¿Qué parte de 'lo pensaré' no entiendes?"
Damon se inclinó un poco, bajando la voz. "La parte en la que crees que tienes una opción".
Un estremecimiento la recorrió.
Antes de que pudiera responder, se enderezó. "Tu respuesta, Alina".
Dudó, mirando a su alrededor. Había otros estudiantes cerca, ajenos al hecho de que estaba siendo arrinconada por el hombre más poderoso de la ciudad.
Odiaba que pudiera hacer esto. Que pudiera simplemente "entrar en su vida y exigirle algo".
¿Pero lo peor?
Odiaba que estuviera "tentada".
Con una exhalación, se encontró con su mirada. "Bien. Aceptaré el trabajo".
La sonrisa de Damon volvió, lenta y victoriosa. "Buena chica".
Algo en esas palabras "la quemó por dentro".
Antes de que pudiera reflexionar sobre ello, metió la mano en su chaqueta y sacó una elegante tarjeta de visita negra. La deslizó por la mesa.
"Estarás en mi oficina mañana por la mañana. A las 8 AM en punto".
Con eso, se dio la vuelta y se marchó, sin dejar atrás nada más que su aroma y el peso de "una decisión que no podía deshacer".
Alina se quedó mirando la tarjeta de visita, con el pulso aún inestable.
Acababa de tomar una decisión "peligrosa".
Y algo le decía… que no había forma de escapar ahora.