Sombras de la Secuela
El olor a pólvora todavía flotaba en el aire mientras Damon guiaba a Alina fuera del almacén. Su agarre en ella era fuerte, como si soltarla significara que desaparecería. El sonido de las sirenas aullaba en la distancia, haciéndose más fuerte a cada segundo.
Marco corrió delante, indicando el coche para escapar. "Tenemos que movernos. Ahora mismo."
Las piernas de Alina se sentían débiles, su cuerpo aún temblaba por el encuentro con Adrián. Se había enfrentado a la muerte cara a cara, y aunque había sobrevivido, sabía que esto estaba lejos de terminar.
Damon notó el temblor en sus manos y la abrazó con un brazo. "Estás a salvo ahora."
Ella exhaló temblorosamente, mirando hacia atrás al almacén en llamas. "¿Pero por cuánto tiempo?"
La mandíbula de Damon se tensó. "Mientras respire."
Con eso, la ayudó a subir al coche, cerrando la puerta tras ella de golpe.
El coche corrió a toda velocidad por las oscuras calles de Nueva York, zigzagueando por el tráfico con experta precisión. Marco conducía mientras Rafe se sentaba en el asiento del pasajero, vigilando el espejo retrovisor.
"Necesitamos escondernos," murmuró Rafe. "Después de ese lío, la policía estará inundando los muelles."
Damon se pasó una mano por el pelo, su mente ya estaba pensando en los siguientes pasos. "No estamos huyendo. Terminamos esto."
Alina se giró hacia él, con los ojos muy abiertos. "¿Terminarlo cómo? Adrián está muerto—"
"Eso no significa que haya terminado," interrumpió Damon. Su voz era aguda, pero había algo más debajo: miedo. No por sí mismo. Por ella.
Las cejas de Alina se fruncieron. "¿Crees que hay más?"
Damon suspiró, reclinándose contra el asiento. "Adrián no estaba trabajando solo."
Las palabras enviaron un escalofrío por su columna vertebral.
"Vincent escapó," añadió Marco, agarrando el volante. "Ese cabrón todavía está por ahí, y te garantizo que no ha terminado de jugar."
Alina tragó saliva. "¿Y ahora qué?"
Damon la miró, sus ojos oscuros inescrutables. "Ahora, nos preparamos para el próximo ataque."
**Tensiones en el refugio**
Llegaron a uno de los refugios de Damon: un ático de gran altura con vistas a la ciudad. La seguridad era estricta, con guardias estacionados en cada entrada.
Tan pronto como entraron, Alina sintió el peso del agotamiento caer sobre ella.
Damon la guio hacia el sofá, arrodillándose frente a ella. Sus manos rozaron sus brazos, comprobando si tenía heridas. "¿Estás herida?"
Ella negó con la cabeza. "Sólo conmocionada."
Su mandíbula se apretó. "Debería haber llegado antes."
Ella extendió la mano para tocar la suya, apretándola. "Viniste. Eso es lo único que importa."
Algo oscuro parpadeó en su mirada. "No entiendes, Alina. Adrián te llevó por mi culpa. Por mi pasado."
Ella buscó en su rostro, sintiendo que su corazón se apretaba. "No puedes culparte por lo que hizo."
Damon exhaló, presionando su frente contra la de ella. "Sí puedo. Y lo hago."
Un golpe en la puerta los interrumpió.
Rafe entró, con expresión tensa. "Tenemos un problema."
Damon se puso de pie. "¿Qué pasa?"
Rafe arrojó un teléfono sobre la mesa. "Vincent acaba de enviar un mensaje."
Damon cogió el teléfono, su rostro se ensombreció al leer el texto.
*"Esto no ha terminado. Me quitaste a Adrián. Ahora te quito algo a ti."*
La sangre de Alina se heló.
El agarre de Damon en el teléfono se tensó, sus nudillos se volvieron blancos. "Ese hijo de—"
"Viene por ella," terminó Rafe sombríamente.
El corazón de Alina latía con fuerza. "¿Qué hacemos?"
Damon se volvió hacia ella, sus ojos llenos de promesas tácitas.
"Terminamos esto. De una vez por todas."
**Un plan peligroso**
La habitación quedó en silencio mientras Damon exponía su plan.
"Atraemos a Vincent," dijo. "Me usa como cebo. Quiere venganza: vendrá por mí."
Alina negó con la cabeza. "No. Es demasiado arriesgado."
La expresión de Damon se suavizó. "Alina, esta es la única forma."
Ella le agarró del brazo. "Tiene que haber otra forma."
Rafe se aclaró la garganta. "La hay. Pasamos a la ofensiva. Rastreamos a Vincent antes de que él nos rastree."
Damon lo consideró. "¿Y cómo hacemos eso?"
Marco sonrió. "Le hacemos creer que está ganando."
Alina frunció el ceño. "¿Qué significa eso?"
Marco se inclinó hacia delante. "Filtramos información falsa: hacemos parecer que eres vulnerable. Lo atraemos a una trampa."
Damon asintió lentamente. "Podría funcionar."
El estómago de Alina se revolvió. "¿Y si no funciona?"
Damon se encontró con su mirada. "Entonces peleamos."
La finalidad en su tono la hizo temblar.
Esto ya no se trataba sólo de supervivencia.
Esto era guerra.
**Una noche de incertidumbre**
Mientras los demás planeaban, Alina se deslizó al balcón, necesitando aire.
Las luces de la ciudad se extendían ante ella, pero apenas se dio cuenta.
Había pasado demasiado.
Estaba pasando demasiado.
Ella saltó ligeramente cuando los brazos de Damon la rodearon por detrás.
"Deberías descansar," murmuró.
Ella se apoyó en él. "¿Cómo puedo, cuando no sé lo que traerá el mañana?"
Damon le dio un beso en la sien. "Pase lo que pase, no dejaré que nada te pase."
Ella se giró en sus brazos, buscando en su rostro. "Prométeme algo."
"Lo que sea."
"Si las cosas van mal… no te cambiarás por mí."
Su mandíbula se tensó. "Alina—"
"Prométemelo, Damon."
Hesitó, luego exhaló. "No puedo prometer eso."
Su corazón se apretó.
Antes de que pudiera decir nada, sus labios se estrellaron contra los de ella, robándole las palabras de la boca.
El beso era desesperado, lleno de miedos tácitos y votos silenciosos.
Cuando finalmente se separaron, Damon apoyó la frente contra la de ella. "Siempre te protegeré. Cueste lo que cueste."
Los ojos de Alina ardían.
Porque en el fondo, ella sabía—
Damon estaba dispuesto a morir por ella.
Y eso la aterrorizaba más que nada.