Capítulo Cuatro -"Atado por cadenas"
A la mañana siguiente, Alina estaba parada frente al edificio de "Cross Enterprises", con el estómago hecho nudos.
La imponente estructura de cristal se elevaba sobre ella, elegante e intimidante, justo como el hombre que la poseía.
"Damon Cross."
Sus dedos se apretaron alrededor de la correa de su bolso mientras se obligaba a dar un paso adelante.
"Tomaste tu decisión", se recordó a sí misma.
¿Pero lo había hecho?
¿O la habían "empujado" a hacerlo?
Respirando profundamente, entró.
El vestíbulo de Cross Enterprises era nada menos que "impresionante".
Los pisos de mármol brillaban bajo una suave iluminación dorada, y una araña masiva centelleaba arriba. Hombres y mujeres con trajes a medida se movían por el espacio con eficiencia práctica, exudando riqueza y poder.
Alina se sentía "fuera de lugar".
Tragó saliva mientras se acercaba a la recepción, donde una mujer con una blazer negra impecable apenas le dirigió una mirada.
"Yo, eh, tengo una reunión con el Sr. Cross", dijo Alina, tratando de sonar profesional.
La mirada de la mujer se "agudizó" al examinarla, con una expresión ilegible. Entonces, sin decir una palabra, cogió el teléfono.
"Súbanla", dijo, antes de colgar y asentir hacia los ascensores. "Último piso".
Alina vaciló.
No había vuelta atrás ahora.
Entró en el ascensor, viendo subir los números mientras su corazón latía con fuerza.
Cuando las puertas se deslizaron, se encontró con un pasillo largo y tenuemente iluminado. Estaba en silencio, demasiado en silencio.
Sus tacones golpeaban contra el suelo mientras avanzaba, hasta que llegó a un par de "puertas dobles negras".
Antes de que pudiera tocar...
"Adelante".
Alina se congeló.
La voz de Damon, suave y dominante, le envió un escalofrío por la espalda.
Lentamente, abrió las puertas y entró.
La oficina de Damon era enorme, revestida de madera oscura y con ventanales que daban a la ciudad.
Y allí estaba él.
Sentado detrás de un escritorio negro elegante, "Damon Cross parecía el rey de este imperio".
Vestido con un traje perfectamente a medida, su cabello oscuro estaba cuidadosamente peinado, su mirada penetrante ya fija en ella.
A Alina se le cortó la respiración.
Parecía "peligroso". Poderoso.
Como si pudiera "arruinarla" con una sola palabra.
"Justo a tiempo", murmuró, mirando el reloj.
Alina se obligó a dar un paso adelante. "Cumplo mi palabra".
Una sonrisa tiró de sus labios. "Ya veremos eso".
Sus dedos se cerraron en puños. "Dios, era insoportable".
"Siéntate", ordenó, asintiendo hacia la silla frente a él.
Ella vaciló antes de sentarse.
Damon se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el escritorio. "¿Entiendes lo que requiere este trabajo?"
Alina tragó saliva. "Supongo que es más que programar reuniones y responder llamadas".
Su sonrisa se amplió. "Supone correctamente".
Un expediente aterrizó frente a ella.
Alina lo miró con cautela antes de abrirlo. Su estómago se hundió.
"Acuerdos de confidencialidad. Acuerdos de confidencialidad. Contratos que la ataban a él en más de una forma".
Su boca se secó. "Esto es… mucho".
Damon la estudió. "Si quieres salir, esta es tu última oportunidad".
Su pulso latió con fuerza.
La estaba poniendo a prueba.
Una parte de ella quería "irse". Correr antes de enredarse demasiado.
¿Pero otra parte?
Otra parte ya estaba "atrapada".
Lentamente, cogió el bolígrafo.
Y firmó.
La mirada de Damon se oscureció mientras tomaba los papeles, sus dedos rozando los de ella.
Una sonrisa lenta curvó sus labios.
"Bienvenida a mi mundo, Alina".
En el momento en que Alina entró en su nueva oficina, "un espacio con paredes de cristal justo afuera de la de Damon", sintió el cambio.
Este era "su" territorio. Y ahora, también era "suyo".
Un golpe en su puerta la sacó de sus pensamientos.
Se giró para encontrar a un hombre allí. Alto, musculoso, con ojos verdes afilados y una cicatriz en la mandíbula.
"Me llamo Adrián", dijo suavemente. "Jefe de seguridad de Damon".
Alina se enderezó. "Encantada de conocerte".
Adrián sonrió. "Espero que sepas en lo que te estás metiendo".
Un escalofrío recorrió su cuerpo.
Antes de que pudiera responder, el teléfono de su escritorio zumbó.
"Señorita Carter", dijo una voz por el intercomunicador. "El Sr. Cross la necesita en su oficina. Ahora".
Ella exhaló.
Su primera "orden".
Armándose de valor, abrió las puertas.
Damon no levantó la vista cuando ella entró. Estaba concentrado en su computadora, con una expresión ilegible.
"Siéntate".
Alina obedeció.
Pasaron segundos en silencio antes de que finalmente la mirara.
"Necesito que entregues algo por mí".
Ella parpadeó. "¿Entregar?"
Él deslizó un "sobre negro sin marcar" por el escritorio.
Alina vaciló. "¿Qué hay dentro?"
Los labios de Damon apenas se movieron. "Eso no es asunto tuyo".
Su corazón "se detuvo".
Algo le decía que esto no era una "tarea comercial normal".
Aun así, extendió la mano hacia el sobre.
"¿A dónde debo llevarlo?", preguntó, con voz firme.
Los ojos de Damon se fijaron en los de ella.
"Te enviarán una dirección".
Un escalofrío recorrió su columna vertebral.
Por un momento, ninguno de los dos habló.
Luego...
"Deberías irte".
Alina se puso de pie, agarrando el sobre con fuerza mientras salía.
"Apenas había empezado este trabajo".
Y ya estaba "demasiado metida".
Cuando Alina llegó a la dirección, la noche había caído.
Salió del taxi, con el estómago revuelto mientras observaba el lugar.
Un "almacén".
Vacío. Silencioso. "Mal".
Vaciló, agarrando el sobre con más fuerza.
Luego, antes de que pudiera tocar, la puerta se abrió de golpe.
Un hombre estaba allí. Mayor, con ojos afilados y una "cara marcada".
"¿Eres la nueva chica de Cross?", preguntó.
Alina se puso rígida. "Solo estoy aquí para entregar esto".
El hombre sonrió, tomando el sobre de sus manos.
Lo deslizó abierto, mirando adentro. Entonces, su expresión "cambió".
Fría.
Peligrosa.
A Alina se le cortó la respiración cuando volvió su mirada hacia ella.
Un segundo después, se "hizo a un lado".
"Entra".
Su pulso "se disparó".
"Yo, no, solo me dijeron que entregara..."
"Insisto".
La sangre de Alina se heló.
Esto no era "opcional".
Y de repente, se dio cuenta...
"Damon la había enviado a la guarida del león".