Tomado
Una niebla espesa envolvía la mente de Alina, pesada y asfixiante. Sus extremidades se sentían lentas, sus pensamientos lentos. La oscuridad se aferraba a ella como una segunda piel, el mundo a su alrededor no era más que un borrón apagado.
Luego—voces. Distantes, agudas, cortando la bruma.
"Debería estar despierta pronto."
"Bien. Damon no esperará mucho antes de hacer su jugada."
Las palabras la jalaron más hacia la conciencia, sus sentidos agudizándose lentamente. Un dolor sordo se extendió por su cuerpo, y cuando intentó moverse, se dio cuenta de que tenía las muñecas atadas. Una cuerda áspera se clavaba en su piel, y la superficie fría y dura debajo de ella le decía que estaba sentada en un piso de concreto.
El pánico le arañó el pecho.
Alina forzó la apertura de sus pesados párpados, parpadeando contra la tenue luz parpadeante que tenía encima.
La habitación era pequeña, industrial, como un almacén abandonado.
Y de pie frente a ella, con los brazos cruzados, estaba Vincent.
Una sonrisa lenta y satisfecha se extendió por sus labios mientras inclinaba la cabeza. "Bienvenida de nuevo, princesa."
Alina tragó con dificultad, con la garganta seca. "¿Dónde estoy?"
Vincent se rió entre dientes. "Ahora, ahora, no te apresures tanto a obtener todas las respuestas. Estarás aquí un rato, más te vale instalarte."
Su estómago se torció, el miedo se enroscó en su pecho.
Luego, un aplauso lento resonó desde las sombras.
Adrián dio un paso adelante, sus agudos ojos azules brillando con diversión. "De verdad que tienes una forma de meterte en problemas, ¿verdad, Alina?"
Ella se puso rígida. "Déjenme ir."
Adrián se agachó frente a ella, apoyando los codos en las rodillas. "¿Y por qué haría eso? Estás exactamente donde quiero que estés."
Su corazón latió con fuerza. "Damon vendrá por mí."
Vincent se rió. "Ese es el punto, cariño."
Adrián sonrió. "Verás, eres una palanca. Damon siempre ha estado dispuesto a destruir a cualquiera que amenace lo que es suyo." Extendió la mano, pasando un dedo enguantado por su mandíbula. "Y tú, Alina, eres mucho de él."
Ella apartó la cabeza, el disgusto retorciéndose en su estómago. "Los matará a ambos."
Adrián suspiró dramáticamente. "Tal vez. Pero no antes de que le quite todo primero."
Alina lo miró fijamente, su miedo reemplazado lentamente por la ira. "¿Qué quieres?"
La sonrisa de Adrián se volvió cruel. "Venganza."
Vincent se apoyó contra la pared, con los brazos cruzados. "Y tú, cariño, eres el cebo perfecto."
La Furia de Damon
El puño de Damon golpeó el escritorio, haciendo temblar el vaso de whisky a su lado.
"¿Dónde diablos está?" gruñó, con la voz afilada como una navaja.
Marco estaba cerca, con la mandíbula apretada. "Los estamos rastreando, pero están cubriendo bien sus huellas."
La paciencia de Damon era muy delgada. Debería haberlo sabido. Debería haber sabido que Adrián haría una movida.
Ahora, Alina estaba en sus manos.
Damon se volvió hacia Rafe. "¿Cuánto tiempo falta para que tengamos una ubicación?"
Rafe exhaló. "Estamos sacando imágenes de todas las cámaras disponibles. Adrián no podrá esconderse por mucho tiempo."
La mano de Damon se apretó alrededor del borde del escritorio. Su mente corrió a través de posibilidades, estrategias.
Incendiaría toda la ciudad si fuera necesario.
Marco se acercó. "La recuperaremos, Damon."
La expresión de Damon era letal. "Cueste lo que cueste."
Alina había perdido la noción del tiempo. La tenue luz de arriba nunca cambiaba, y su cuerpo dolía por estar sentada en el suelo frío durante tanto tiempo.
Adrián estaba sentado frente a ella, mirándola como un depredador observando a su presa.
"¿Por qué haces esto?" preguntó.
Adrián se recostó en su silla. "Porque Damon me quitó algo. Ahora, yo le quito algo a él."
Alina entrecerró los ojos. "¿Qué te quitó?"
La mandíbula de Adrián se apretó, el primer atisbo de verdadera emoción cruzando su rostro. "Todo."
Un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Esto no era solo una lucha de poder, esto era personal.
La puerta crujió al abrirse, y Vincent entró, con el teléfono en la mano. "Está llamando."
Adrián sonrió. "Perfecto."
Vincent presionó el botón del altavoz, y la voz de Damon llenó la habitación—baja, peligrosa, hirviendo de furia.
"Si le haces daño, me aseguraré de que mueras gritando."
El aliento de Alina se entrecortó. Incluso a través del teléfono, podía sentir su rabia.
Adrián se rió entre dientes. "Ah, ahí está el Damon que conozco. Siempre tan dramático."
La voz de Damon era un susurro letal. "¿Qué quieres?"
Adrián miró a Alina antes de responder. "Un intercambio."
Silencio. Luego, "No negocio."
Adrián sonrió. "Entonces ella muere."
La sangre de Alina se heló.
El silencio de Damon fue pesado, crepitando en el aire como estática antes de que finalmente hablara.
"Di tu precio."
La sonrisa de Adrián se ensanchó. "Nos pondremos en contacto."
La línea se cortó.
Vincent sonrió. "Oh, esto va a ser divertido."
El corazón de Alina latió con fuerza cuando Adrián se volvió hacia ella, con expresión satisfecha.
"Vales más de lo que crees, princesa."
Y por primera vez, un verdadero terror se instaló en lo profundo de sus huesos.