Una advertencia en sangre
La ciudad nunca dormía, pero esta noche, algo se sentía diferente. El aire estaba cargado, denso con el peso de una presencia invisible acechando en las sombras.
**Damon** estaba en la ventana de su ático que iba del suelo al techo, el horizonte extendiéndose ante él como un reino que gobernaba. Pero a pesar de la riqueza, el poder y el control por los que había luchado, sentía algo que no sentía desde hacía mucho tiempo.
No se giró cuando **Lucas** entró, con su expresión tensa, el teléfono aún en la mano.
"Esto no te va a gustar", dijo **Lucas** sombríamente.
**Damon** finalmente lo encaró, su expresión ilegible, aunque su cuerpo se tensó. "Dime".
**Lucas** exhaló bruscamente. "Otro cadáver. Uno de nuestros chicos. Lo encontraron en el callejón de un club en el centro".
La mandíbula de **Damon** se apretó. "¿**Adrián**?"
**Lucas** asintió. "Tiene que ser. La forma en que lo mataron, limpio, profesional. Una bala en la cabeza, pero sin signos de lucha. Quien lo hizo se acercó lo suficiente como para apretar el gatillo sin que lo notaran".
Los dedos de **Damon** se cerraron en puños. "Otro más".
**Adrián** no estaba jugando. Estaba haciendo una declaración.
"¿Dónde está el cuerpo?", preguntó **Damon**.
"La policía llegó primero", dijo **Lucas**. "Pero no sacarán nada. Quien hizo esto se aseguró de no dejar nada atrás". Dudó antes de agregar, "Excepto por una cosa".
Los ojos de **Damon** se oscurecieron. "¿Qué?"
**Lucas** sacó algo de su bolsillo y lo tiró sobre la mesa.
Una carta de la baraja.
El "Rey de Picas".
**Damon** la miró fijamente, su mente trabajando a mil por hora. Una firma. Un mensaje.
**Adrián** se estaba anunciando.
**Alina** entró justo en ese momento, sus ojos saltando de uno a otro. "¿Qué pasó?"
**Damon** se giró hacia ella, con una expresión dura. "**Adrián** mató a otro de mis hombres".
Ella tragó saliva. "¿Y eso?" Asintió hacia la carta.
"Una tarjeta de presentación", murmuró **Lucas**. "Lo que significa que ya no se esconde".
**Alina** se estremeció. Ya no era nueva en este mundo, pero la idea de otro monstruo, "uno peor que **Víctor**", le revolvió el estómago.
Miró a **Damon**, buscando consuelo, pero su rostro estaba tallado en piedra.
"Quiere que sepa que está aquí", murmuró **Damon**, recogiendo la carta. "Quiere que sepa que viene".
El corazón de **Alina** latió con fuerza. "¿Entonces qué hacemos?"
**Damon** giró la carta entre sus dedos, su mente ya estaba planeando una estrategia.
"Hacemos el primer movimiento".
Una hora después, **Damon** y **Lucas** estaban en la parte trasera de un elegante SUV negro, conduciendo hacia las entrañas de Nueva York, el tipo de lugar donde las reglas no existen y el poder pertenece a quienes están dispuestos a tomarlo.
**Alina** no quería que se fuera. Había visto el miedo en sus ojos cuando le dijo que se quedara atrás.
*"No quiero que vayas solo"*, había susurrado.
*"Nunca estoy solo."*
Pero la verdad era que esto era algo que tenía que manejar él mismo.
El SUV se detuvo lentamente frente a un almacén con poca luz. **Lucas** comprobó su arma antes de mirar a **Damon**. "¿Estás seguro de esto?"
La mirada de **Damon** era fría. "Necesitamos respuestas".
Salieron del coche, el aire de la noche espeso con el olor a lluvia y asfalto. Dos de los hombres de **Damon** estaban de guardia fuera de las puertas del almacén.
Dentro, el espacio era vasto y casi vacío, excepto por una sola silla en el centro, ocupada por un hombre tembloroso.
**Vincent Morelli**.
Un informante de bajo nivel que tenía vínculos con casi todos los sindicatos criminales de la ciudad.
Levantó la vista cuando **Damon** se acercó, con miedo en sus ojos. "Yo... yo no sé nada, lo juro".
**Damon** se agachó frente a él, con voz mortalmente tranquila. "Entonces, ¿por qué corriste cuando mis hombres fueron a buscarte?"
**Vincent** tragó saliva. "Porque escuché cosas... cosas de las que no quería ser parte".
**Damon** inclinó la cabeza. "¿Qué cosas?"
**Vincent** vaciló.
**Lucas** dio un paso adelante y se tronó los nudillos. "Está perdiendo el tiempo".
Los ojos de **Vincent** se movieron de uno a otro antes de soltar: "**Adrián** no es solo otro jugador. Es un 'fantasma'. Un nombre susurrado en lugares a los que ni siquiera hombres como tú van".
**Damon** entrecerró los ojos. "¿Y?"
**Vincent** se humedeció los labios. "Y no está tras tu imperio".
Eso hizo que **Damon** se detuviera. "¿Qué?"
La respiración de **Vincent** era temblorosa. "Está tras 'ella'"."
La temperatura en la habitación pareció bajar.
**Lucas** se quedó quieto. Todo el cuerpo de **Damon** se tensó, pero su rostro permaneció ilegible. "¿Qué acabas de decir?"
**Vincent** asintió rápidamente, sintiendo el cambio en el aire. "No le importa tu negocio. Quiere a '**Alina**'"."
**Damon** apretó el agarre en la silla. "¿Por qué?"
**Vincent** vaciló, pero con una mirada a la cara de **Damon** lo soltó todo. "Por lo que es ella. O tal vez por lo que significa para ti".
La sangre de **Damon** se heló.
**Alina**.
**Adrián** no estaba tras el poder ni el territorio. "La quería a ella".
Y eso lo hacía mucho más peligroso de lo que **Víctor** jamás había sido.
**Damon** no regresó al ático de inmediato. Necesitaba un momento para asimilar la realidad.
**Adrián** no venía por su imperio. Venía por la única cosa que **Damon** "no podía permitirse perder".
Cuando finalmente entró en el ático, **Alina** estaba despierta, esperándolo.
Se quedó de pie mientras él entraba, asimilando su tensa postura. "¿Qué pasó?"
**Damon** la miró fijamente durante un largo momento, luego cruzó el espacio que los separaba, cubriendo su rostro con las manos.
"Estás en peligro", murmuró.
Ella contuvo el aliento. "**Damon**..."
"Necesito que me escuches". Su voz era áspera, desesperada de una manera que rara vez se permitía. "No puedes ir a ningún lado sin mí ni sin mis hombres. Ni siquiera por un segundo. ¿Entiendes?"
El estómago de **Alina** se retorció ante la intensidad de sus ojos. "¿Qué es lo que no me estás diciendo?"
**Damon** exhaló, su agarre se apretó un poco.
"**Adrián** no quiere mi imperio", dijo finalmente. "'Te quiere a ti'".
Las palabras se asentaron entre ellos como una sentencia de muerte.
**Alina** sintió que su mundo se inclinaba.
¿Por qué? ¿Quién era **Adrián** para ella? Nunca había oído su nombre antes de la caída de **Víctor**.
Pero **Damon**... **Damon** no solo estaba pensando en el por qué.
Estaba pensando en lo que haría a continuación.
Y si **Adrián** quería tomarla, entonces **Damon** quemaría toda la ciudad antes de que eso sucediera.