Una Apuesta Peligrosa
En el momento en que terminó la llamada, el pulso de Alina latía con fuerza contra sus costillas.
¡Damon venía por ella!
Pero Adrián no era del tipo que dejaba algo al azar.
Guardó el teléfono en el bolsillo y se inclinó hacia adelante, con sus ojos azules como el hielo y afilados. "Verás, Alina, tu querido Damon es predecible. Cree que tiene el control, pero no lo tiene".
Las muñecas de Alina ardían por la áspera cuerda que le ataba las manos detrás de la silla. Se obligó a mantener la calma. "¿Crees que puedes superarlo?"
La sonrisa de Adrián se ensanchó. "No creo, lo sé". Hizo un gesto hacia Vincent. "Doble seguridad. Quiero ojos en cada posible entrada. Si Damon siquiera respira cerca de este edificio, quiero saberlo".
Vincent asintió y se fue, dejando a Adrián y Alina solos.
"Estás cometiendo un error", dijo ella.
Adrián se rió entre dientes. "¿Lo estoy?" Se puso de pie, rodeando su silla como un depredador acechando a su presa. "Verás, a Damon lo impulsa la emoción. Eso lo hace imprudente. Y los hombres imprudentes son fáciles de romper".
Alina apretó la mandíbula. "¿Y tú? ¿Qué te impulsa a ti?"
La expresión de Adrián se oscureció. "La retribución".
Tragó saliva con dificultad. "¿Por qué?"
Se detuvo detrás de ella, bajando la voz. "Por todo lo que me robó".
La amargura en su tono era real. No se trataba sólo de poder, esto era personal.
Pero antes de que pudiera decir algo más, Vincent regresó, con una pistola metida en la cintura. "Todo está listo".
Adrián asintió. "Bien. Ahora, esperamos".
Alina cerró los ojos brevemente. Damon, por favor, ten cuidado.
Damon estaba de pie frente a la gran pantalla de su ático, observando las transmisiones de seguridad en vivo que Rafe había sacado de las cámaras de vigilancia de la ciudad.
Alina estaba retenida en un almacén abandonado cerca de los muelles.
Su mandíbula se apretó cuando hizo zoom en la borrosa imagen de ella atada a una silla.
Un músculo se contrajo en su mandíbula. Parecía ilesa, pero eso no duraría.
"¿Cuántos hombres?" preguntó, con voz de acero.
Rafe estudió los datos. "Al menos quince custodiando el perímetro. Vincent está a cargo de la seguridad, y Adrián está adentro con ella".
La mano de Damon se apretó en el borde del escritorio. "No se saldrá con la suya".
Marco dio un paso adelante. "¿Cuál es el plan?"
Los ojos de Damon ardían con determinación. "Entramos, eliminamos a los guardias y sacamos a Alina. Sin sobrevivientes".
Marco sonrió. "Ese es el Damon que conozco".
Damon exhaló bruscamente. Todo su cuerpo vibraba con tensión.
Esto no se trataba sólo de Alina.
Esto era la guerra.
El almacén se avecinaba, tenuemente iluminado contra el telón de fondo del puerto. Los hombres de Damon se movían como sombras, deslizándose en la noche con letal precisión.
A través de su auricular, la voz de Rafe llegó. "La entrada sur está despejada. Aún no hay señales de Vincent".
Damon se agachó, con el arma en la mano. "Muévanse rápido. Sin errores".
Con una señal silenciosa, sus hombres se separaron.
El primer guardia nunca lo vio venir: el cuchillo de Damon se deslizó en su garganta antes de que pudiera emitir un sonido.
Otro guardia se giró, pero Marco lo silenció con una bala en la cabeza.
Uno por uno, despejaron el perímetro exterior.
Dentro del almacén, Adrián caminaba de un lado a otro frente a Alina, ajeno al peligro que se acercaba.
Hasta que...
Disparos estallaron afuera.
Adrián levantó la cabeza de golpe, su mirada aguda se dirigió a Vincent. "Está aquí".
Vincent maldijo, sacando su arma. "Necesitamos movernos".
El corazón de Alina se aceleró cuando Adrián la agarró para levantarla. "Vienes conmigo".
Ella forcejeó, pero su agarre era como el hierro.
La puerta se abrió de golpe, y por una fracción de segundo, todo se congeló.
Damon estaba allí, con el arma levantada, sus ojos oscuros fijos en Adrián.
Alina contuvo el aliento.
El tiempo se ralentizó.
Luego, el caos.
Los disparos explotaron en el aire, el agudo chasquido de las balas rebotando por el almacén.
Damon se lanzó hacia adelante, derribando a uno de los hombres de Adrián con un brutal disparo en el pecho.
Vincent disparó, pero Marco lo placó, estrellándolo contra el suelo.
Alina intentó liberarse, pero Adrián la acercó más a él, con su arma presionada contra su costado.
"Suéltala", gruñó Damon, con voz de trueno.
Adrián sonrió, arrastrándola hacia atrás. "No tan rápido, viejo amigo".
El pulso de Alina martillaba. Podía verlo: la rabia en los ojos de Damon, la violencia apenas contenida.
Adrián estaba jugando un juego peligroso.
Damon dio un paso lento hacia adelante. "No vas a salir de aquí con vida, Adrián".
Adrián se rió entre dientes. "Tú tampoco".
Con un tirón repentino, Adrián empujó a Alina hacia la salida trasera.
Damon disparó...
La bala rozó el hombro de Adrián, haciéndolo tropezar.
Alina aprovechó su oportunidad.
Pisó su pie, apartándose de su agarre.
"¡Damon!" gritó.
Adrián gruñó, agarrándole la muñeca, pero antes de que pudiera volver a jalarla...
Un solo disparo resonó.
El cuerpo de Adrián se sacudió, sus ojos se abrieron con sorpresa. La sangre floreció en su pecho.
Damon bajó su arma, respirando entrecortadamente.
Adrián se tambaleó, aflojando su agarre sobre Alina.
Ella se liberó, tropezando hacia Damon.
Él la atrapó, atrayéndola fuertemente contra él.
"Estás a salvo", murmuró, con voz ronca.
Ella se aferró a él, su cuerpo temblando.
Detrás de ellos, Adrián se desplomó al suelo, tosiendo sangre. Sus labios se curvaron en una amarga sonrisa.
"Esto... no ha terminado", susurró.
La mandíbula de Damon se apretó. "Sí, lo está".
Con eso, se dio la vuelta, guiando a Alina hacia la salida.
El aire de la noche la golpeó como una descarga, el caos de la batalla aún resonando en sus oídos.
Damon apretó su agarre sobre ella.
"Eres mía, Alina. Nadie te quitará de mi lado nunca más".
Y por primera vez, ella realmente le creyó.