Atrapado en la Guarida del León
El pulso de Alina retumbaba en sus oídos mientras Víctor se acercaba, con su pistola firme. La luz tenue de la oficina proyectaba sombras raras en su cara, haciendo su sonrisa aún más amenazante.
—Entrégalo —repitió, con su voz inquietantemente calmada.
El agarre de Lena en la memoria USB se tensó. No hizo ningún movimiento para obedecer.
Alina tragó saliva con dificultad, su mente corriendo a mil por hora. Tenían segundos—segundos para decidir si cumplir o pelear.
—No quieres hacer esto, Víctor —dijo Alina, manteniendo su voz firme a pesar del miedo que la invadía.
Víctor se rió entre dientes. —Ahí es donde te equivocas. He estado esperando este momento. —Inclinó la cabeza. —Pensaste que podías simplemente entrar aquí y robarle a Adrián? —Sus ojos se dirigieron a Lena. —Eso fue un error.
La respiración de Alina se entrecortó. Él sabía.
Él los había estado esperando.
Lena dio un pequeño paso atrás, sus dedos moviéndose hacia la laptop. —No nos vamos sin esto.
La sonrisa de Víctor se profundizó. —Entonces no se van en absoluto.
Un pánico frío se instaló en el pecho de Alina.
No había salida.
A menos que…
Miró hacia el escritorio, donde una pequeña lámpara adornada estaba en el borde. Lo suficientemente pesada para causar daño. Lo suficientemente cerca para alcanzarla.
Pero tenía una oportunidad.
Una.
—Lena —respiró, apenas por encima de un susurro.
Los dedos de Lena se apretaron alrededor de la memoria USB.
Los ojos de Víctor brillaron con diversión. —Oh, por favor. No me digas que estás planeando algo. —Levantó la pistola ligeramente, cambiando su postura. —Porque lo que sea—fallarás.
Alina no pensó.
Se lanzó.
Sus dedos se cerraron alrededor de la lámpara, y antes de que Víctor pudiera reaccionar, la balanceó con todas sus fuerzas.
La base de metal se estrelló contra su muñeca.
Víctor dejó escapar un gemido agudo, aflojando su agarre en la pistola.
Lena no dudó.
Agarró la laptop y corrió hacia la puerta.
Alina la siguió, con el corazón golpeando contra sus costillas.
Víctor maldijo tras ellas, recuperándose rápido.
Un disparo resonó.
Alina se agachó, sintiendo que se le cortaba la respiración cuando la bala se incrustó en el marco de la puerta a centímetros de su cabeza.
—¡Corre! —gritó Lena.
A Alina no necesitaba que se lo dijeran dos veces.
Irrumpieron en el pasillo, con los pies golpeando contra el suelo.
Detrás de ellas, los pasos de Víctor retumbaban en su persecución.
—¡Necesitamos una salida! —jadeó Alina, buscando frenéticamente una salida.
Los ojos de Lena se dirigieron al otro extremo del pasillo. —¡Escaleras—allí!
Corrieron hacia la salida de emergencia, Lena agarrando la laptop como un salvavidas.
Víctor estaba justo detrás de ellas.
Alina podía oír su respiración entrecortada, el sonido de su pistola amartillándose de nuevo.
Su estómago se retorció.
No lo iban a lograr.
A menos que…
Giró bruscamente, derribando una pila de cajas en el camino de Víctor.
Las cajas de madera se estrellaron contra el suelo, esparciendo escombros por todas partes.
Víctor maldijo, tropezando mientras intentaba recuperar el equilibrio.
Era todo el tiempo que necesitaban.
Lena se estrelló contra la puerta de emergencia, empujándola para abrirla.
El aire fresco de la noche golpeó la cara de Alina cuando irrumpieron en la azotea.
Pero el alivio duró poco.
La azotea era un callejón sin salida.
Alina se deslizó hasta detenerse, con la respiración entrecortada y agitada.
Detrás de ellas, los pasos de Víctor se hacían más fuertes.
Atrapadas.
No tenían a dónde ir.
Lena se giró, agarrando la memoria USB con fuerza. —Alina, escúchame.
Alina se giró, el pánico arañando su pecho. —¿Qué?
Lena le metió la memoria USB en las manos. —Corre.
El corazón de Alina se detuvo.
—¿Qué?
La expresión de Lena era feroz. Decidida. —Yo lo detendré. Necesitas salir de aquí.
—¡No! —Alina negó con la cabeza violentamente. —Hacemos esto juntas. Ambas saldremos.
La mandíbula de Lena se tensó. —No hay tiempo, Alina.
La puerta detrás de ellas se cerró de golpe.
Víctor entró en la azotea, con su pistola levantada una vez más.
Su cara estaba torcida por la rabia.
El estómago de Alina se desplomó.
Esto era todo.
No había escapatoria.
Víctor dio un paso lento hacia delante, con los ojos fijos en ellas como un depredador acorralando a su presa. —Eso fue un movimiento estúpido —se burló.
Alina apretó la memoria USB en la palma de la mano, con la mente corriendo a mil por hora.
Necesitaban otra salida.
Entonces lo vio.
Una escalera de incendios.
A pocos metros de distancia.
Pero llegar a ella significaba moverse rápido.
Más rápido de lo que Víctor podía apretar el gatillo.
Lena también lo vio.
Su mirada se encontró con la de Alina. Un entendimiento silencioso pasó entre ellas.
Entonces…
Corrieron.
Víctor disparó.
Alina se agachó, con el corazón casi deteniéndose cuando la bala le rozó el hombro.
Llegó a la escalera de incendios, agarrándose a la barandilla de metal.
Lena estaba justo detrás de ella.
Juntas, bajaron, con las manos resbaladizas por el sudor, con los músculos gritando en protesta.
Los gritos furiosos de Víctor resonaban por encima de ellas, pero no se detuvieron.
Llegaron al callejón de abajo, tropezando en la acera.
Un coche chirrió hasta detenerse frente a ellas.
La puerta se abrió de golpe.
Damon.
Su expresión era ilegible, pero su voz era áspera. —Entren.
Alina no dudó.
Se metió en el coche, con Lena justo detrás de ella.
Damon pisó el acelerador antes de que las puertas siquiera se cerraran.
La figura enfurecida de Víctor desapareció en el espejo retrovisor mientras se adentraban a toda velocidad en la noche.
Las manos de Alina temblaban alrededor de la memoria USB.
Lo habían logrado.
Tenían algo sobre Adrián.
¿Pero a qué precio?
Mientras las luces de la ciudad pasaban borrosas, sintió la mirada de Damon sobre ella.
Se giró hacia él, con el corazón aún latiendo con fuerza.
Su voz era baja. Peligrosa.
—¿En qué diablos estabas pensando?
Alina tragó saliva.
No tenía respuesta.
Porque la verdad era…
No estaba segura de haber estado pensando en absoluto.