El Borde del Cifrado
Alina sintió el peso de las palabras de Adrián en el aire como una niebla espesa, que lo ahogaba todo a su alrededor. La hija de Langston. La que tenía la llave para descifrarlo todo. La que podía desentrañar todo por lo que habían luchado.
Pero no había un camino fácil hacia ella. Nunca lo hubo. No con gente como Langston en la ecuación.
"Estás mintiendo", la voz de Damon era firme, controlada, aunque Alina podía oír la tensión en ella. "Langston no tenía hijos".
Adrián no se inmutó. "El mundo no tiene ni idea de ella. El sucio secretito de Langston. Pero créeme, Damon, ella es real. Y se está escondiendo en algún lugar al que ni siquiera yo puedo llegar".
A Alina le iba a mil la cabeza. "¿Por qué te ayudaría?" preguntó, con la voz firme a pesar de que por dentro era un torbellino de preguntas y miedo.
Adrián sonrió, dando un paso hacia ellos, con los ojos brillando con una mezcla de arrogancia y algo más oscuro. "No necesita ayudarme. Solo necesita protegerse a sí misma. Como el resto de nosotros".
"¿Por qué nos estás diciendo esto?" preguntó Damon, con la voz aguda. "¿Crees que simplemente vamos a salir corriendo y a encontrarla por ti?"
"No". La sonrisa de Adrián vaciló por un segundo. "La encontraréis por vosotros mismos. Por vuestras propias razones. Solo estoy proporcionando la hoja de ruta".
"¿Y qué sacas tú de esto?" insistió Alina, acercándose, con la mirada fija.
Los ojos de Adrián se encontraron con los suyos. "¿No lo entiendes, verdad? No estoy aquí para hacer tratos con vosotros. Estoy aquí para asegurar la caída del imperio de Langston. ¿Crees que me quedaré de brazos cruzados y os dejaré jugar a los héroes mientras el resto de nosotros nos quemamos? No. Yo tengo mi propia cuenta que saldar. Pero no me importa compartir mi información. Siempre y cuando todos vayamos por el mismo camino".
Damon se puso tenso, claramente no confiaba en una palabra de Adrián, pero Alina sabía que esa era su única pista. La única forma de encontrar la última pieza del rompecabezas.
"¿Y te quedarás en las sombras, esperando que caigamos en tu trampa?" preguntó Damon, entrecerrando los ojos.
La sonrisa de Adrián se ensanchó. "No te engañes, Damon. Tú y yo sabemos que nunca juego limpio. Si quieres encontrar a la hija de Langston, tendrás que seguir el rastro que te estoy dando. Pero te prometo que, para cuando la encuentres, no quedará más que polvo".
El pulso de Alina se aceleró. Cada fibra de su ser le gritaba que confiara en sus instintos. Que no se adentrara en ese camino que Adrián estaba trazando. Pero no había otra opción.
"La encontraremos", dijo Alina, con la voz baja y resuelta. "Pero esto termina con Langston. No contigo".
Adrián ladeó la cabeza, sin que su sonrisa se desvaneciera. "Ya veremos".
Más tarde, esa noche, Alina se sentó sola en el penthouse, el peso de la decisión la oprimía. Damon se había quedado en silencio después de su encuentro con Adrián, desapareciendo en su oficina para hacer arreglos. Tobias estaba fuera, intentando rastrear cualquier pista sobre la hija de Langston. Pero Alina no podía sacudirse la sensación de que la estaban metiendo en un juego mucho más grande de lo que entendían.
Miró los archivos encriptados del disco duro, aún intactos sobre la mesa. Las pistas estaban ahí, ocultas bajo capas de cortafuegos, pero sin la clave, eran inútiles.
Y sin la hija de Langston, no tenían nada.
Se levantó, caminando de un lado a otro, con los pensamientos en espiral. ¿Qué sabía Adrián que ellos no sabían? ¿Por qué había pasado que lo había torcido por completo?
Un suave golpe en la puerta la sacó de sus pensamientos.
"Adelante", gritó.
Damon entró en la habitación, con el rostro tenso y los ojos ensombrecidos. La miró, con una expresión ilegible.
"Tenemos que hablar", dijo.
Alina asintió, con el estómago encogido. "¿Sobre Adrián?"
"Sobre todo".
Se acercó a la mesa, mirando los archivos encriptados. "Se nos está acabando el tiempo. Si no podemos descifrar estos archivos, estamos muertos. Y Vale no sabe cuánto tiempo podemos mantener a los rastreadores fuera de nuestro rastro".
Alina no dijo nada. No tenía respuestas. No tenía nada más que la sensación angustiosa en la boca del estómago, la sensación de que todo esto había sido una trampa desde el principio. Estaban persiguiendo fantasmas, luchando contra fuerzas mucho mayores que ellos.
Los ojos de Damon se encontraron con los suyos, y por primera vez, vio la vulnerabilidad en ellos. La verdad cruda e indefensa que siempre había estado enterrada bajo capas de mentiras y secretos.
"Lo siento", dijo, con la voz baja.
A Alina le dio un fuerte pinchazo en el pecho. "¿Por qué?"
"Por no contártelo todo. Por no prepararte para lo que viene". Hizo una pausa, con la mirada fija. "Pero te prometo que te protegeré. Pase lo que pase".
Alina tragó saliva, las palabras que quería decir atascadas en su garganta. Quería decirle que no necesitaban promesas, que necesitaban la verdad. Pero la verdad estaba enterrada tan profundo en ambos, que apenas podían verla.
En cambio, simplemente asintió. "Necesitamos encontrar a la hija de Langston".
Damon suspiró, pasándose una mano por el pelo. "Lo sé. Y lo haremos. Pero tenemos que movernos con cuidado. Cada paso que demos a partir de ahora es un riesgo".
Alina echó un vistazo a los archivos encriptados de nuevo. "No tenemos elección. El reloj corre".
Al día siguiente, el equipo estaba en movimiento.
Tenían una pista: un lugar donde la hija de Langston podría estar escondida, un lugar remoto en las montañas Catskill. Vale había hackeado los viejos contactos de Langston, triangulando cada señal que pudieron encontrar, cada información que tenían. Pero incluso con todos los recursos a su disposición, nada parecía seguro.
Cuando Alina subió al SUV, Damon a su lado, Tobias al volante, no podía sacudirse la sensación de que estaban entrando directamente en una trampa.
Pero no tenían otra opción. El juego había cambiado, y la apuesta era más alta que nunca.
Y mientras conducían hacia lo desconocido, Alina sabía una cosa con seguridad: no podían parar ahora.
No cuando todo estaba en juego.