No Más Huidas
Damon estaba parado frente a las ventanas de su ático, que iban del suelo al techo, con la ciudad extendiéndose ante él, una jungla de luces y sombras. Su agarre en el vaso de whisky en la mano era fuerte, pero no por el alcohol. Era por la verdad que se había visto obligado a enfrentar esta noche.
Lucien Vega estaba vivo.
No solo vivo, sino que había regresado, haciendo movimientos, poniendo trampas y demostrando que Damon había subestimado al fantasma que pensó que había enterrado años atrás.
Rafe estaba de pie junto a la puerta, con los brazos cruzados, con una expresión sombría. "¿Cuál es el plan?"
Damon exhaló lentamente. "No esperamos. No nos escondemos. Atacamos primero".
Alina, que había estado sentada en el sofá, se puso rígida ante sus palabras. "¿Cómo? Ni siquiera sabemos dónde está".
Damon se volvió hacia ella, con su mirada aguda clavada en la suya. "Lo haremos. Tengo formas de encontrar a la gente, especialmente a aquellos que no deberían existir".
Ella tragó saliva, pero no desvió la mirada. "¿Y cuando lo hagas?"
Su respuesta fue escalofriante.
"Termino lo que empecé".
Encontrar a Lucien Vega no fue fácil.
Damon había construido un imperio basándose en saber todo lo que se movía en esta ciudad, sin embargo, Lucien se las había arreglado para permanecer invisible, acechando en la oscuridad como un fantasma.
Eso cambió dos horas después.
Uno de los hombres de Damon, Carter, irrumpió en el ático con un teléfono en la mano. "Encontramos algo".
Damon se giró, con el pulso acelerado. "Habla".
Carter colocó el teléfono sobre la mesa de centro, reproduciendo un video que había sido enviado a uno de sus canales seguros.
Un almacén con poca luz.
Un hombre atado a una silla, con sangre goteando de su boca.
Damon lo reconoció al instante: Luis Moreno, un informante de bajo nivel que había trabajado para Lucien antes de cambiar de bando.
Entonces, una voz: profunda, suave y espeluznante.
"Siempre supiste que la traición tiene consecuencias, Luis".
Alina se tensó junto a Damon.
Luego la cámara hizo un paneo, revelando una figura que entraba en la luz.
Lucien Vega.
Vivo.
Sonriendo.
Sosteniendo un arma.
La respiración de Alina se entrecortó. Incluso a través del video granulado, podía ver la pura presencia que el hombre comandaba. No era solo una reliquia del pasado, era un rey que había regresado por su trono.
"Dile a Damon Cross que nunca olvido".
Un disparo.
La pantalla se puso negra.
La habitación estaba en silencio, el único sonido era el tic tac lento del reloj en la pared.
Damon exhaló por la nariz, con una expresión ilegible. Luego, se volvió hacia Rafe.
"Averigua dónde se grabó ese video".
Rafe asintió y se marchó sin decir una palabra más.
Alina tocó el brazo de Damon suavemente. "Esto es real".
Él no la miró. "Siempre fue real".
Ella tragó saliva. "¿Y si ahora es más fuerte? ¿Más poderoso que antes?"
Damon finalmente se giró, con sus ojos fríos encontrando los de ella.
"Entonces lo derribaremos antes de que lo demuestre".
Rastrear la fuente del video los llevó a un muelle de envío abandonado en las afueras de la ciudad.
Damon, Rafe y un puñado de hombres de confianza entraron al amparo de la noche.
Alina había querido venir, pero Damon la había cerrado de inmediato. Este no era su mundo, todavía no.
Los muelles estaban inquietantemente silenciosos, las olas golpeando contra las tablas de madera.
El arma de Damon ya estaba en su mano cuando entró en uno de los almacenes. El olor a aceite y óxido llenó sus pulmones.
Rafe se movió a su lado. "Parece una trampa".
Damon sonrió. "Lo es".
Entonces, una voz resonó a través del espacio.
"Nunca decepcionas, Damon".
Damon se giró bruscamente, con el arma levantada.
Lucien estaba de pie en una plataforma elevada, vestido todo de negro, luciendo intocado por el tiempo.
Calmado. Tranquilo.
Como si hubiera estado esperando esto.
"Lucien", dijo Damon, con voz serena.
Lucien sonrió. "Te ves bien".
Damon no bajó el arma. "No puedo decir lo mismo de ti. Los muertos normalmente no envejecen".
Lucien se rió entre dientes. "Deberías saberlo ya: los hombres poderosos no mueren tan fácilmente".
El agarre de Damon se apretó. "¿Qué quieres?"
Lucien dio un paso adelante. "¿Lo que es mío?"
Un instante de silencio.
Luego—
Disparos explotaron desde las sombras.
Damon y Rafe se lanzaron a cubrirse mientras las balas llovían desde arriba.
"¡Muévanse!" gritó Rafe.
Damon disparó, con la mente ya calculando su escape.
Los hombres de Lucien los habían rodeado.
Esto no era una advertencia.
Esto era una guerra.
Damon y Rafe lucharon en medio de la embestida, derribando a tantos hombres de Lucien como pudieron.
Pero eran superados en número.
Y Lucien había planeado esto bien.
Damon lo vio retirándose, con su sonrisa burlona incluso en el caos.
Esto no había terminado.
Solo estaba empezando.
Damon golpeó la mesa con el puño, con la frustración quemándolo.
Lucien lo había usado.
Otra vez.
Rafe, curándose una cortada en el brazo, suspiró. "Necesitamos un nuevo plan".
Damon asintió, con la mente ya funcionando.
Alina se acercó, dudosa. "¿Estás bien?"
Damon se encontró con su mirada, el fuego en sus ojos inconfundible.
"Lo estaré".
Alina exhaló, buscando en su rostro. "¿Y ahora?"
La mandíbula de Damon se tensó.
"¿Ahora?"
Una sonrisa peligrosa curvó sus labios.
"Ahora dejamos de jugar a la defensa".