Sombras del Pasado
El aire frío de la noche neoyorquina se colaba por las grietas de las ventanas del ático de Damon, un recordatorio silencioso de que el mundo exterior nunca dormía. Pero dentro, la tormenta que se avecinaba entre él y Alina era mucho más mortal que cualquier cosa fuera de estas paredes.
Alina estaba sentada en el borde de la cama, con los brazos apretados contra sí misma. La tensión en la habitación era asfixiante, espesa por el peso de todo lo no dicho. Damon estaba cerca de la ventana, dándole la espalda, con una mano agarrando un vaso de whisky mientras que la otra se convertía en un puño apretado a su lado.
Los minutos se estiraron entre ellos, ninguno hablando, ninguno atreviéndose a moverse. La pelea de antes aún persistía en el aire: sus palabras, su silencio, la verdad inquebrantable de que sus mundos estaban chocando de una manera que ninguno de los dos podía controlar.
'No puedo hacer esto, Damon', susurró finalmente, con la voz temblorosa.
Él se giró, sus ojos azul hielo fijos en los de ella. Había algo ilegible en su mirada, algo dividido entre la furia y la desesperación. '¿Hacer qué?'
'Vivir así. Mirando constantemente por encima del hombro. Preguntándome cuándo atacará Adrián. Sabiendo que el hombre que amo...' Su voz se quebró. 'Sabiendo que me estás ocultando cosas.'
La mandíbula de Damon se tensó. 'Te estoy manteniendo con vida.'
'¿Mintiendo?', ella se levantó bruscamente, el fuego en sus ojos color avellana quemando a través de sus defensas. 'Dices que quieres protegerme, pero ni siquiera me dices a qué me enfrento. ¿Cómo se supone que confíe en ti cuando decides lo que debo y no debo saber?'
Damon exhaló bruscamente, sus dedos flexionándose como si estuviera luchando contra la necesidad de alcanzarla. 'Confiar en mí es la única forma en que sobrevivirás a esto.'
Alina soltó una risa amarga. 'Sobrevivir. Eso es todo lo que es contigo, ¿verdad? Supervivencia. No vivir. No sentir. Solo soportar cualquier pesadilla que venga después.'
Él se acercó, su presencia abrumadora, pero ella se negó a retroceder. '¿Crees que no siento?', dijo, con voz peligrosamente baja. '¿Crees que esto es fácil para mí? Cada segundo que estás en mi vida, eres un objetivo, Alina. ¿Entiendes eso? Tengo enemigos que destrozarían esta ciudad solo para llegar a mí, y en el momento en que se den cuenta de lo que significas para mí, te usarán.'
Ella tragó saliva, pero su voz permaneció firme. 'Entonces dime la verdad. Déjame luchar contigo en lugar de mantenerme en la oscuridad.'
Damon se pasó una mano por la cara, el agotamiento asomando en su expresión. 'No tienes idea de lo que estás pidiendo.'
'Sé exactamente lo que estoy pidiendo', respondió ella. 'Quiero dejar de ser la chica a la que necesitas proteger. Quiero ser la mujer que está a tu lado.'
Sus ojos se oscurecieron, sus dedos se movieron nerviosamente a sus costados. Por un momento, parecía que iba a discutir, a apartarla como siempre lo hacía. Pero entonces su expresión cambió.
Se había pasado la vida controlando cada aspecto de su mundo. Y, sin embargo, aquí estaba Alina, salvaje, impredecible, negándose a ser domesticada.
'¿Quieres la verdad?', dijo finalmente, acercándose aún más. 'Vale. Adrián no es solo un hombre al que traicioné. No solo busca venganza. Quiere quemar todo lo que tengo hasta los cimientos. ¿Y tú?' Sus dedos rozaron su mejilla, su tacto casi reverente. 'Eres la cerilla que podría encender todo esto.'
Alina contuvo el aliento. '¿Qué quieres decir?'
Damon vaciló, su pulgar trazando el contorno de su labio inferior. 'Adrián no solo me quiere muerto, Alina. Quiere destrozarme. Y la mejor manera de hacerlo es a través de ti.'
Un escalofrío recorrió su columna vertebral, pero ella se negó a apartar la mirada. '¿Entonces, qué hacemos?'
Damon sonrió, pero no había humor en ello. 'Dejamos de huir.'
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A la mañana siguiente, Alina se encontró sentada en la oficina de Damon en Cross Enterprises, mirando un archivo que podría cambiarlo todo.
'Esta es la red de Adrián', dijo Damon, sentado frente a ella. 'Cada conexión, cada trato, cada punto débil que podemos explotar.'
Ella frunció el ceño, hojeando las páginas. '¿Has tenido esta información todo este tiempo?'
La mirada de Damon era ilegible. 'Estaba esperando el momento adecuado.'
Alina lo miró, con el corazón latiendo con fuerza. '¿Y ahora?'
'Ahora, he terminado de jugar a la defensiva', dijo, con voz dura como el acero. 'Si Adrián quiere una guerra, le daré una.'
Un escalofrío se instaló en sus huesos, pero ella se negó a dejar que el miedo ganara. 'Entonces dime cómo puedo ayudar.'
Damon la estudió durante un largo rato antes de deslizar otro archivo hacia ella. 'Hay un club que Adrián posee, una de sus operaciones encubiertas. Necesitamos información de alguien de adentro.'
El estómago de Alina se retorció. 'Quieres que vaya allí.'
'No', dijo inmediatamente. 'Quiero que entiendas a qué nos enfrentamos. No vas a entrar sola. Tengo gente vigilándolo, pero necesitamos confirmar que está haciendo su próximo movimiento.'
Ella vaciló. '¿Y si puedo acercarme a una de sus personas? ¿Alguien que pueda hablar?'
La expresión de Damon se oscureció. 'No me gusta.'
'No tienes que gustarte', dijo ella suavemente. 'Pero si puedo ayudar, lo haré.'
Damon exhaló lentamente, la tensión en sus hombros nunca disminuía. 'Si algo sale mal, corres. No mires atrás.'
Alina asintió, la determinación instalándose en su pecho.
Era hora de tomar el control de su propio destino.
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Esa noche, Alina entró en el club con un vestido demasiado ajustado, tacones demasiado altos y una confianza que no sentía del todo. El bajo de la música vibraba por el suelo, el olor a alcohol y humo llenaba el aire.
Mantuvo la cabeza alta, escaneando a la multitud en busca de su objetivo: Luca Moretti, uno de los hombres de Adrián.
Lo vio en la barra, con una copa en la mano, riendo de algo que la mujer a su lado decía.
Tomando una respiración profunda, se acercó.
'¿Te importa si me uno a ti?', preguntó, con la voz ligera y coqueta.
Luca se giró, con la mirada posada en ella. '¿Y tú quién eres?'
Ella sonrió, inclinándose lo suficiente como para que él sintiera su perfume. 'Alguien a quien le gustan los hombres poderosos.'
Él sonrió. 'Entonces estás en el lugar correcto.'
Alina forzó una risa, sentándose en el taburete de la barra junto a él. Podía sentir la presencia de Damon aunque no estuviera allí: su advertencia resonaba en su mente.
Esto era peligroso.
Pero era la única manera.
Mientras Luca les pedía bebidas, el corazón de Alina latía con fuerza. Tenía que hacer esto bien. Tenía que interpretar su papel.
Porque en este mundo, la duda podía matarte.
¿Y el fracaso?
El fracaso no era una opción.