La Calma Antes de la Tormenta
Alina estaba despierta en el cuarto con poca luz, mirando el techo mientras la ciudad afuera vibraba con vida. Dormir era un lujo lejano—su mente estaba demasiado inquieta, repitiendo cada momento aterrador de los últimos días. Adrián se había ido, pero la pesadilla no había terminado. Vincent todavía estaba ahí afuera, acechando en las sombras, esperando su oportunidad para atacar.
Junto a ella, Damon estaba sentado en el borde de la cama, sin camisa, con los músculos tensos por la preocupación. El suave brillo de la lámpara de la mesita de noche proyectaba sombras en su cara, haciendo que el agotamiento en sus rasgos fuera aún más pronunciado. Apenas había dormido, siempre en alerta máxima, como si esperara que Vincent irrumpiera por las puertas en cualquier momento.
—Deberías descansar un poco —murmuró, extendiendo la mano para tocarle el brazo.
Damon suspiró, frotándose la sien. —No puedo. No hasta que esto termine.
Alina se sentó, envolviéndose en la manta. —Tenemos un plan, ¿no?
Él exhaló bruscamente. —Los planes pueden fallar.
Ella tragó saliva. —Damon…
Su mirada se suavizó cuando se volvió hacia ella, apartando un mechón de pelo de su cara. —No puedo perderte, Alina. No ahora. Nunca.
Ella le agarró la mejilla, sintiendo la ligera barba contra su palma. —No lo harás. Saldremos de esto.
Damon se inclinó, presionando un beso persistente contra su frente. —Intenta dormir —susurró.
Pero mientras se acostaba de nuevo, sabía que ninguno de los dos iba a descansar esta noche.
Un Mensaje Mortal
A la mañana siguiente, Marco irrumpió en el ático, con la cara pálida. —Tenemos un problema.
Damon se puso de pie de inmediato, con la postura tensa. —¿Qué pasó?
Marco tiró un teléfono sobre la mesa. —Vincent envió un mensaje.
El estómago de Alina se torció. Damon cogió el teléfono, con la expresión sombría mientras leía las palabras en voz alta.
*«Tic tac, Cross. Me quitaste algo. Ahora, yo te quito algo a ti. Veamos quién sangra primero.»*
Alina contuvo el aliento. —Sabe dónde estamos.
La mandíbula de Damon se apretó. —Tenemos que movernos.
Rafe, que acababa de entrar, asintió. —De acuerdo. Deberíamos trasladarnos a otra casa de seguridad.
Marco negó con la cabeza. —No. Eso es exactamente lo que quiere. Quiere que corramos.
Alina se estremeció. —¿Entonces qué hacemos?
Los ojos oscuros de Damon se encontraron con los de ella. —Atacamos primero.
Preparando la Trampa
El plan era simple pero peligroso.
Usando una filtración plantada, harían creer a Vincent que Alina iba a ser trasladada a otro lugar. Si mordía el anzuelo, podrían emboscarlo antes de que tuviera la oportunidad de atacar.
A Alina no le entusiasmaba ser el centro del plan, pero sabía que no había otra forma.
—¿Estás seguro de que esto funcionará? —preguntó mientras se ponía de pie junto a Damon, que se estaba atando una pistola a la funda.
Él la miró, con la expresión ilegible. —Tiene que funcionar.
Su pulso se aceleró. —¿Y si no?
Damon apretó la correa de su pistola. —Entonces lo mataré antes de que se acerque a ti.
Alina se estremeció. El borde frío y despiadado de su voz le recordó el lado de Damon que la mayoría de la gente temía. El lado que lo convertía en un hombre con quien había que contar.
Y esta noche, ese hombre iba a la guerra.
La Transferencia Falsa
Horas después, Alina estaba sentada en el asiento trasero de un SUV negro, con los dedos agarrando el asiento mientras Marco conducía por las oscuras calles de Nueva York.
Un segundo coche, idéntico al suyo, iba delante de ellos, llevando un señuelo destinado a engañar a los hombres de Vincent.
—Tenemos ojos en todas partes —le aseguró Marco—. En el momento en que veamos movimiento, Damon y Rafe los abatiran.
Alina asintió, pero sus manos seguían húmedas. Miró el coche que iba detrás de ellos, donde Damon iba siguiendo en un vehículo separado. Su presencia debería haberla reconfortado, pero no podía sacudirse la sensación de que algo no iba bien.
De repente, el teléfono de Marco vibró. Lo miró y maldijo en voz baja.
—¿Qué? —preguntó Alina.
—Damon acaba de ver algo. Nos están siguiendo.
Su corazón se disparó. —¿Vincent?
—Lo más probable es que sean sus hombres —murmuró Marco—. Nos atenemos al plan.
Alina tragó saliva, obligándose a mantener la calma. Pero entonces—
Un disparo resonó.
El coche que iba delante de ellos giró violentamente antes de estrellarse contra una farola.
—¡Mierda! —Marco apretó los dientes, pisando el acelerador.
Alina apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que su SUV fuera embestido por detrás, enviándola hacia delante contra su cinturón de seguridad.
Le dio vueltas la cabeza.
El caos estalló.
Las balas rompieron la ventana trasera, el cristal salpicó por todas partes.
Marco tiró del volante, tratando de recuperar el control. —¡Agárrense!
Alina se agachó cuando otra ronda de disparos impactó en el coche.
Le zumbaban los oídos.
¿Dónde estaba Damon?
Entonces, a lo lejos, chirriaron neumáticos. Otro coche se dirigía hacia ellos a toda velocidad.
Era Damon.
Comienza la Batalla
El coche de Damon chocó contra uno de los vehículos de Vincent, haciéndolo girar hacia la acera.
Entonces, salió, con el arma en la mano, moviéndose como un depredador.
Alina apenas procesó lo que estaba pasando antes de que Marco la agarrara del brazo. —¡Muévete, ahora!
Abrieron la puerta de golpe, corriendo a un callejón cercano mientras las balas llovían a su alrededor.
Damon era un torbellino de destrucción, abatiendo a los hombres con brutal precisión.
Rafe se unió a la lucha, cubriendo el lado de Damon mientras avanzaban.
Pero entonces—
Una sombra emergió del caos.
Vincent.
La sangre de Alina se heló.
Estaba a unos metros de distancia, con un arma apuntando directamente hacia ella.
—Alina —gritó burlonamente—. Por fin nos conocemos en condiciones.
Damon se giró, con la cara oscurecida por una rabia pura y asesina.
—Suéltala. —gruñó.
Vincent sonrió. —¿O qué? ¿Me matarás?
Damon no lo dudó. Disparó.
Vincent esquivó, desapareciendo en las sombras.
Entonces, se había ido.
La pelea terminó tan rápido como había comenzado.
Pero no había terminado.
Vincent había escapado.
Y Alina lo sabía: no se detendría hasta que uno de ellos estuviera muerto.