No Hay Descanso para los Malvados
El motor del SUV negro de Damon rugió mientras aceleraba por las calles oscuras de Nueva York. Alina estaba sentada a su lado, con la respiración todavía inestable por el caos en los muelles. El olor fuerte a pólvora se aferraba a ellos, un amargo recordatorio de que esta noche había estado cerca, jodidamente cerca.
En el asiento trasero, Marco apretaba su costado donde una bala le había rozado, murmurando maldiciones en voz baja. "Ese cabrón nos estaba esperando", gruñó. "Adrián era demasiado creído".
La mandíbula de Damon estaba tensa, sus dedos agarraban el volante con fuerza. "Por supuesto que sí. Él planeó esto. Quería atraernos, para ver hasta dónde llegaríamos".
Alina se giró hacia él, con el pulso aún acelerado. "¿Pero recuperamos el envío, verdad?"
Los ojos de Damon se dirigieron hacia ella, con algo indescifrable en su mirada. "Le dimos duro, pero esto no ha terminado. Adrián se alimenta de las sombras. Se reorganizará, y no cometerá el mismo error dos veces".
El peso de sus palabras cayó pesadamente sobre los hombros de Alina.
Sin importar cuántas veces pelearan contra Adrián, él seguía regresando, como un fantasma que se negaba a quedarse enterrado.
Un silencio pesado llenó el coche cuando se acercaron a una de las casas de seguridad de Damon, un lujoso ático escondido en una parte apartada de Manhattan.
Damon entró en el garaje subterráneo y apagó el motor. Sin decir una palabra, salió, rodeando el coche para abrirle la puerta a Alina. Su mano descansó en su espalda baja mientras la guiaba hacia el ascensor.
"Que te curen", le ordenó Damon a Marco cuando las puertas del ascensor se abrieron. "Hablaremos por la mañana".
Marco gruñó en señal de acuerdo antes de desaparecer por el pasillo.
Una vez dentro del ático, Alina finalmente exhaló, la tensión desapareciendo lentamente de su cuerpo. Pero Damon, Damon seguía siendo un cable con corriente, con su energía oscura e indescifrable.
Se giró para enfrentarlo. "Estás enfadado".
Damon se quitó la chaqueta, tirándola sobre el sofá. "Debería haberlo visto venir". Su voz era baja, tensa por la frustración. "Adrián está jugando a largo plazo, y lo dejé entrar en mi cabeza".
Alina se acercó, poniendo una mano en su pecho. "No eres un dios, Damon. No puedes predecir todo".
Su mirada se fijó en la de ella, tormentosa e intensa. "Debería poder hacerlo cuando tu vida está en juego".
Su aliento se cortó ante la cruda emoción en su voz.
Antes de que pudiera responder, Damon le tomó la cara con las manos, su pulgar rozando su mejilla. "Cada vez que creo que tengo el control de esta guerra, él encuentra una nueva forma de contraatacar. Y esta noche... estabas justo en medio de todo eso".
"Elegí estar allí", le recordó suavemente.
"Y eso me aterra".
La confesión de Damon envió una onda de calidez por su pecho.
Pero antes de que pudiera decir nada, sus labios chocaron contra los de ella, reclamándola con una desesperación que envió fuego por sus venas.
Alina se derritió en él, agarrando la parte delantera de su camisa mientras él la empujaba contra la pared más cercana. Sus manos recorrieron su cuerpo, agarrando, tirando, como si necesitara asegurarse de que ella todavía estaba allí, todavía viva.
"Damon..."
El fuerte timbre de su teléfono destrozó el momento.
Damon maldijo en voz baja, apartándose lo suficiente para sacar el teléfono de su bolsillo. Su expresión se oscureció al ver el nombre parpadeando en la pantalla.
"¿Quién es?" preguntó Alina sin aliento.
Damon exhaló, apretando los dedos alrededor del dispositivo. "Un informante".
Algo en su tono envió un escalofrío por su columna vertebral.
Sin decir otra palabra, contestó.
"Habla".
La voz al otro lado era baja, apresurada. "Jefe, tenemos un problema".
Los ojos de Damon se entrecerraron. "¿Qué tipo de problema?"
Una pausa. Luego...
"Adrián está haciendo movimientos. Tiene un nuevo envío que llega mañana por la noche. Algo grande. Todavía no sabemos qué es, pero está siendo cuidadoso. Solo unos pocos elegidos conocen los detalles".
Damon apretó el teléfono. "¿Dónde?"
"Un almacén abandonado en Brooklyn. Pero eso no es todo: se habla de un nuevo jugador en la ciudad. Alguien con quien Adrián ha estado trabajando entre bastidores".
La mirada de Damon se dirigió hacia Alina. "¿Un nombre?"
El informante dudó. "Todavía estamos tratando de confirmar, pero los rumores... dicen que es alguien de tu pasado".
Un músculo de la mandíbula de Damon se contrajo. "Averigua quién es. Y no me vuelvas a llamar hasta que tengas un nombre".
Cortó la llamada, con todo su cuerpo lleno de tensión.
Alina tragó saliva. "Damon... ¿qué está pasando?"
Exhaló bruscamente, pasando una mano por su cabello. "Adrián está planeando algo más grande de lo que pensábamos. Y no está solo".
Alina se acercó. "¿Crees que este nuevo jugador es peligroso?"
Los labios de Damon se apretaron en una fina línea. "Si están trabajando con Adrián, son una amenaza".
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Alina.
Damon tenía enemigos, muchos enemigos. Pero había algo en su expresión que la inquietaba.
Quienquiera que fuera, no era solo otro rival.
Esto era personal.
Y eso la aterraba.
Al día siguiente, Brooklyn
El SUV negro de Damon se detuvo lentamente afuera del distrito de almacenes. Marco estaba sentado en el asiento del pasajero, con su arma apoyada en su muslo.
"¿Estás seguro de esto?" preguntó Marco.
La expresión de Damon era indescifrable. "Necesitamos saber qué está planeando Adrián antes de que haga su movimiento".
Marco exhaló. "Entonces, hagámoslo rápido".
Salieron del coche, moviéndose en silencio por las sombras.
Dentro del almacén, las voces hacían eco. Damon se pegó a la pared, escuchando.
Entonces... lo escuchó.
Una voz familiar.
Una que le heló la sangre.
"Vaya, vaya. Mira quién finalmente está subiendo su nivel".
El estómago de Damon se retorció cuando la voz resonó en el aire.
Marco le lanzó una mirada. "De ninguna puta manera..."
Damon no respondió.
No pudo.
Porque de pie en medio del almacén, hablando con Adrián, estaba la última persona que esperaba volver a ver.
Un fantasma de su pasado.
Un fantasma que había enterrado hace mucho tiempo.
Adrián se rió entre dientes. "Te lo dije, ¿verdad? No se lo vería venir".
La figura se giró ligeramente, y por primera vez, Damon vio su cara con claridad.
Y todo su mundo cambió.
Alina observaba desde atrás, con el corazón latiendo con fuerza al ver el cuerpo de Damon rígido.
¿Quién diablos era este?
¿Y por qué Damon parecía haber visto un demonio de su peor pesadilla?