Sin Refugio Seguro
El silencio después de que Adrián se fue era asfixiante.
El pulso de Alina todavía retumbaba en sus oídos, el fantasma del acero frío persistiendo contra su sien. Exhaló temblorosamente, obligándose a concentrarse en **ahora**—en el hecho de que estaba viva.
**Damon** estaba a unos metros de distancia, de espaldas a ella, su cuerpo **tenso de furia**. Sus dedos se movían nerviosamente a los lados como si todavía estuviera agarrando su arma, como si todo su ser exigiera acción—**violencia**.
No había hablado desde que Adrián escapó.
El cuarto era un desastre. Vidrio roto, muebles destrozados, sangre manchando el piso donde le dispararon a Adrián.
Pero nada de eso importaba.
Porque Adrián se había ido.
Y no había terminado.
Alina tragó saliva con dificultad. "**Damon**".
Él no se volteó.
Sus manos se cerraron en puños.
"¿Estás bien?", intentó de nuevo.
Todavía, nada.
Dio un paso vacilante hacia adelante, su cuerpo adolorido por la lucha. "**Damon**, háblame".
Su voz, cuando finalmente llegó, era **hielo**.
"Debería haberlo matado".
El aliento de Alina se cortó.
**Damon** se volteó entonces, sus ojos conectándose con los de ella. Su expresión era ilegible, pero **su mirada quemaba**.
"Te puso un arma en la cabeza", dijo, con la voz peligrosamente baja. "Y lo dejé ir".
"No lo dejaste—"
"Todavía está respirando". Su mandíbula se apretó. "Ese es mi fracaso".
Alina exhaló temblorosamente. "No sabemos qué está planeando. Meterse de cabeza en esto—"
"No voy a esperar a que él haga el próximo movimiento".
Su tono era **final**.
Metió la mano en su bolsillo, sacó su teléfono y presionó un número.
"Traigan un equipo aquí. Ahora", ordenó en el momento en que la llamada se conectó. "Aseguren cada propiedad a mi nombre. Nadie entra ni sale sin mi permiso".
Una pausa.
"Encuéntrenlo".
Colgó sin decir una palabra más.
Alina se estremeció. "¿Qué pasa ahora?"
**Damon** se acercó, su presencia dominante. Protectora.
"Te vas".
Su estómago **cayó**. "¿Qué?"
Su expresión no vaciló. "No es seguro aquí".
"No me voy a escapar".
"No te estás escapando", dijo. "**Te estás manteniendo viva**".
La frustración estalló en su pecho. "¿Así que esa es tu solución? ¿Esconderme mientras tú te encargas de todo?"
"Sí".
Sus manos se hicieron puños. "**Damon**—"
"Casi mueres esta noche, Alina".
Su voz era cortante, pero sus ojos—**Dios, sus ojos**.
No solo estaban llenos de ira.
**Estaban llenos de miedo**.
Y eso la asustaba más que nada.
Se suavizó. "**Damon**, yo—"
Sus manos de repente agarraron su rostro, inclinándolo hacia el suyo.
"No te voy a perder", murmuró, con la voz ronca. "No puedo".
Su garganta se apretó.
Su tacto era cálido, conectándola con la realidad. Pero podía sentir la **desesperación** detrás de él.
"¿A dónde quieres que vaya?", preguntó, ahora más tranquila.
Su mandíbula se tensó. "A algún lugar seguro".
Tragó saliva con dificultad. "¿Y tú?"
El silencio de **Damon** fue suficiente respuesta.
Se formó un nudo en su garganta. "Estás planeando algo, ¿verdad?"
Su pulgar rozó su mejilla, pero no lo negó.
"No dejaré que Adrián te vuelva a lastimar".
La certeza en su voz envió un escalofrío por su columna vertebral.
Sabía lo que eso significaba.
**Damon Cross** se estaba preparando para la guerra.
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### **Horas después**
Alina estaba sentada en el asiento trasero del elegante coche negro, mirando las luces de la ciudad mientras se adentraban en la autopista.
Todo parecía surrealista.
La última vez que había salido del ático de **Damon**, había sido ingenua—**ciega al peligro que acechaba bajo la superficie**.
Ahora, se iba porque **Adrián Knight** había hecho su movimiento.
Y **Damon** la estaba **enviando lejos**.
Su agarre se tensó en el borde de su asiento.
Odiaba esto.
Odiaba la idea de huir mientras **Damon** se quedaba atrás para lidiar con el monstruo que había invadido sus vidas.
Debería estar **con** él.
No escondiéndose.
El conductor, uno de los hombres de confianza de **Damon**, la miró por el espejo. "Pronto estaremos en la casa de seguridad, señorita Carter".
Forzó un asentimiento, aunque su estómago se retorció.
Seguro.
No estaba segura de que esa palabra significara algo ya.
El coche tomó una salida, zigzagueando por las afueras de la ciudad.
Algo se sentía… **mal**.
Las calles estaban demasiado **vacías**.
Las sombras demasiado **quietas**.
Su pulso se aceleró.
Entonces—
**Los faros atraparon una figura parada en medio de la carretera**.
El conductor maldijo, pisando los frenos. Los neumáticos chirriaron, pero la figura no se movió.
La respiración de Alina se **detuvo**.
El hombre de afuera levantó un arma.
**Y disparó**.
El vidrio se **rompió**.
El conductor se sacudió, la sangre salpicó el tablero.
Alina gritó.
El coche giró bruscamente, los neumáticos chirriando contra el pavimento mientras se salía de la carretera.
Impacto.
El dolor explotó a través de su cuerpo cuando el coche chocó contra algo sólido.
La oscuridad momentáneamente la tragó.
El mundo giró.
Alina jadeó, luchando por respirar.
El parabrisas estaba **destrozado**, la sangre manchaba el tablero. El cuerpo del conductor estaba desplomado hacia adelante, inmóvil.
**No. No, no, no**.
Sus oídos zumbaban, el sabor a cobre espeso en su lengua.
Movimiento afuera.
Pasos.
**Estaban viniendo**.
El pánico se apoderó de su garganta.
Intentó moverse, pero su cuerpo **dolía**.
La puerta fue arrancada.
Una mano enguantada llegó adentro.
Y entonces—
**Una voz familiar**.
Suave. Calma. **Divertida**.
"¿A dónde vas, cariño?"
La sangre de Alina se puso **fría**.
**Adrián Knight** le sonrió, con la mirada brillando a la luz tenue de la calle.
"¿De verdad pensaste que te dejaría ir?"