Un Juego de Sombras
La noche era espesa de silencio, salvo por el zumbido bajo del motor del coche mientras corría por las desoladas calles de Nueva York. Damon estaba sentado en el asiento trasero, con el cuerpo tenso, los dedos hechos puños. El aire dentro del coche era asfixiante, denso de violencia no dicha.
Adrián había cruzado la línea.
Amenazar a Alina había sido su mayor error.
Los pensamientos de Damon eran una tormenta, arremolinándose con furia y una precisión fría y calculada. No iba a por Adrián solo para tomar represalias. No, esto se trataba de acabar la guerra antes de que empezara del todo. Y se aseguraría de que Adrián se arrepintiera de haberse fijado en lo que era suyo.
Víctor estaba sentado en el asiento del copiloto, con los ojos fijos en el espejo retrovisor. 'El lugar es seguro. Está esperando a alguien, pero no *a ti*.'
Los labios de Damon se curvaron en algo que no era exactamente una sonrisa. 'Bien.'
El coche se desvió hacia un callejón lateral, deteniéndose frente a un viejo almacén cerca de los muelles. Era el lugar de encuentro perfecto: aislado, sombreado y lleno de fantasmas de tratos y traiciones pasadas.
Damon salió, el frío aire de la noche mordiéndole la piel, pero no lo sintió.
Su enfoque era singular.
Las grandes puertas de acero del almacén crujieron cuando Víctor las empujó para abrirlas. El interior estaba débilmente iluminado, el polvo giraba en el aire viciado. Las cajas estaban apiladas, proyectando sombras dentadas contra las paredes.
Y en el centro de todo, Adrián estaba esperando.
Estaba apoyado contra una caja de madera, vestido de negro, con una sonrisa burlona en los labios. Sus ojos oscuros mostraban diversión, pero por debajo, acechaba algo más afilado.
'Empezaba a pensar que no ibas a aparecer,' Adrián soltó, apartándose de la caja y dando un paso adelante.
La expresión de Damon permaneció ilegible. '¿Y perderme la oportunidad de enterrarte? Ni de coña.'
Adrián se rió entre dientes, lenta y burlonamente. 'Ahí está ese famoso temperamento. Pero dime, Damon, ¿estamos aquí para hablar como hombres civilizados? ¿O nos saltamos directamente al derramamiento de sangre?'
Damon dio un paso adelante, su presencia asfixiante. 'Ya sabes la respuesta a eso.'
Adrián suspiró dramáticamente. 'Qué lástima. Pensé que podríamos recordar viejos tiempos. Hablar de los viejos tiempos. Antes de que las cosas se pusieran tan… *complicadas*.'
La mandíbula de Damon se apretó. 'Tú las complicaste en el momento en que fuiste a por ella.'
La sonrisa de Adrián se ensanchó. 'Ella.' Sacudió la cabeza con una risita. 'Debería haber sabido que era por Alina. Siempre eres tan predecible cuando se trata de tus debilidades.'
Damon se movió antes de que Adrián pudiera reaccionar.
Su puño conectó con la mandíbula de Adrián con un crujido enfermizo, haciéndole retroceder tambaleándose.
La sonrisa se había ido ya.
Adrián se limpió la sangre del labio, oscureciendo su mirada. 'Bueno, eso lo soluciona.'
Se abalanzó.
El impacto fue brutal. Sus cuerpos chocaron contra las cajas, el sonido de la madera astillándose resonando en todo el almacén. Damon atrapó el brazo de Adrián, torciéndolo, pero Adrián contrarrestó con un fuerte codazo en las costillas.
Damon apenas registró el dolor. Estampó a Adrián contra una pila de cajas, su antebrazo presionando contra su garganta.
'Deberías haberte quedado en las sombras, donde perteneces,' gruñó Damon.
Adrián se rió, a pesar de la presión en su tráquea. '¿Dónde está la diversión en eso?'
Con un estallido repentino de fuerza, Adrián apartó a Damon de encima, dándole una fuerte patada en el costado. Damon tropezó hacia atrás, recuperando el equilibrio al instante.
Víctor y los demás estaban cerca, con las armas listas, pero sabían que era mejor no interferir. Esto era personal.
Damon exhaló, moviendo los hombros. El sabor a cobre persistía en su boca, pero agradeció el dolor. Le mantenía firme.
Adrián sonrió. 'Te has vuelto más lento, viejo amigo.'
La mirada de Damon permaneció firme. 'Y tú te has vuelto desesperado.'
La expresión de Adrián se oscureció. 'Me lo quitaste todo.'
Los dedos de Damon temblaron. 'Te lo hiciste tú mismo.'
Los ojos de Adrián ardieron de furia. 'Construiste tu imperio sobre las ruinas del mío. ¿Crees que dejaría eso impune?'
Damon dio un paso adelante, con la voz baja. 'No tienes elección.'
Adrián se rió entre dientes, sacudiendo la cabeza. 'Siempre creíste que eras intocable. Pero todo el mundo tiene una debilidad.' Inclinó la cabeza. 'Y la tuya acaba de subir a un avión.'
Damon se quedó inmóvil.
Adrián sonrió. '¿De verdad crees que no sé dónde está? ¿Hasta dónde crees que llegará antes de que decida sacarla del tablero?'
Una rabia como nunca antes había conocido Damon se encendió en su interior. Su control se rompió.
Con una precisión letal, golpeó.
Esta vez, no hubo moderación. Llovió golpes sobre Adrián, puños chocando contra la carne, huesos crujiendo bajo sus nudillos. Adrián intentó defenderse, pero Damon fue implacable, su visión se redujo a un solo pensamiento: *Alina nunca será tu peón*.
Adrián se desplomó al suelo, tosiendo, con sangre goteando de su boca. Pero incluso entonces, se rió.
Damon se cernía sobre él, con el pecho agitado.
'¿Crees que esto ha terminado?' Adrián jadeó. 'Puedes matarme, pero el juego no termina.' Sonrió a través de la sangre. 'No puedes protegerla para siempre.'
Damon sacó su pistola, presionando el cañón contra la frente de Adrián.
'Puedo intentarlo,' dijo fríamente.
La habitación quedó en silencio, el peso del momento se cernía sobre ellos.
Víctor dio un paso adelante. 'Damon.'
Damon no se movió. Su dedo descansaba en el gatillo, su mente en guerra entre la venganza y la lógica.
Adrián no merecía salir de esto.
Pero matarlo ahora… era demasiado fácil.
Demasiado misericordioso.
Damon exhaló bruscamente, bajando el arma.
'Esto no es misericordia,' murmuró. 'Es estrategia.'
Se volvió hacia Víctor. 'Llévatelo. Enciérralo. Quiero que se pudra sabiendo que, haga lo que haga, *siempre* estaré dos pasos por delante.'
Víctor asintió, haciendo una señal a los demás.
Adrián soltó una risita débil. '¿Sigues jugando a tus jueguecitos mentales?'
Damon se agachó, con la voz mortal. 'Esto no es un juego, Adrián. Es una *guerra*.'
La sonrisa de Adrián vaciló.
Damon se puso de pie, ajustándose las mangas. 'Y yo nunca pierdo.'
Mientras los hombres de Víctor se llevaban a Adrián, Damon sacó su teléfono.
Un mensaje de texto.
Un mensaje para asegurarse de que en el momento en que Alina aterrizara, se encontraría con seguridad.
No se arriesgaba.
Porque Adrián podría estar encerrado.
Pero la guerra estaba lejos de terminar.