Sombras de Guerra
El aire dentro de la casa de seguridad estaba denso con la tensión, cada segundo estirándose en un silencio insoportable. **Damon** estaba sentado a la cabecera de la larga mesa de madera, con los dedos entrelazados, los ojos entrecerrados pensativamente. La tenue iluminación proyectaba sombras agudas en su rostro, haciéndolo lucir aún más amenazante de lo usual.
**Alina** estaba sentada frente a él, con los nervios de punta. Todavía podía escuchar la explosión resonando en sus oídos, todavía veía la sonrisa fría y burlona de **Vincent** en su mente.
"Estás muy callada", murmuró **Damon**, con la mirada penetrante clavándose en ella.
**Alina** exhaló, pasando una mano por su cabello. "¿Qué quieres que diga? ¿Que estoy bien? ¿Que no estoy pensando en lo cerca que estuvimos de morir esta noche?"
La mandíbula de **Damon** se tensó. "Estás a salvo ahora. Eso es lo que importa."
A salvo. Casi se rió de la palabra.
"¿Cuánto tiempo falta para que haga otro movimiento?", preguntó.
**Marco**, que había estado limpiando una pistola en la encimera, resopló. "¿Con **Vincent**? Podrían ser horas, podrían ser minutos. Al cabrón le gusta mantener a la gente al límite."
El estómago de **Alina** se retorció. Esto era diferente a cualquier cosa que hubiera enfrentado antes. **Víctor** había sido una amenaza, sí, pero **Vincent**… **Vincent** era algo completamente distinto. Era calculador, cruel.
Y lo peor de todo, sabía exactamente cómo lastimar a **Damon**.
**Damon** dejó escapar un largo suspiro, empujando su silla hacia atrás. "Tenemos que atacar primero".
**Marco** levantó una ceja. "¿Estás seguro de que es una buena idea? La última vez que te enfrentaste a **Vincent**, pensaste que lo habías matado".
Los ojos de **Damon** brillaron. "Esta vez, me aseguraré".
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de **Alina**. Había algo oscuro en su tono, algo letal. Ya se estaba preparando para la guerra.
Y no estaba segura de que alguien sobreviviera.
Una hora después, **Damon** tenía toda la mesa del comedor cubierta de mapas, planos y grabaciones de seguridad. Sus hombres de confianza habían llegado, llenando la habitación con una presencia pesada y peligrosa.
**Alina** estaba sentada en el sofá, escuchando mientras planeaban.
"Lo sacaremos", dijo **Damon**, señalando un lugar en el mapa. "**Vincent** piensa que tiene el control, pero no se da cuenta de cuánto terreno todavía tenemos. Si le cortamos los recursos, tendrá que hacer un movimiento".
**Marco** asintió. "Necesitamos atacar sus rutas de suministro. Armas, dinero, hombres: quítale su poder, y no será más que otro fantasma del pasado tratando de atormentarnos".
Los labios de **Damon** se curvaron en una sonrisa oscura. "Exacto".
Uno de sus hombres, un tipo alto y de hombros anchos llamado **Rafe**, se cruzó de brazos. "¿Y qué hay de **Adrián**? Está respaldando a **Vincent** ahora. Eso cambia las cosas".
La expresión de **Damon** se oscureció. "**Adrián** es un problema. Pero **Vincent** es la prioridad".
**Alina** frunció el ceño. "¿Por qué?"
**Damon** la miró fijamente. "Porque **Adrián** es peligroso, pero es predecible. ¿**Vincent**? Es un comodín. Es el tipo de hombre que lo quemará todo solo para dejar un mensaje".
Un escalofrío recorrió su columna vertebral.
"Entonces necesitamos adelantarnos a él", dijo **Marco**. "Atacarlo donde le duele antes de que él nos haga lo mismo".
**Damon** asintió. "Empezamos esta noche".
**Alina** sabía que debería quedarse atrás. Sabía que era una locura ir con ellos.
Pero no podía sentarse en la casa de seguridad, esperando noticias, preguntándose si **Damon** estaba caminando hacia una trampa.
Así que cuando subieron a los todoterrenos, ella estaba justo a su lado.
"Deberías estar de vuelta en la casa de seguridad", murmuró **Damon**, lanzándole una mirada de advertencia.
**Alina** levantó la barbilla. "¿Y esperar sin poder hacer nada? No, gracias".
**Damon** suspiró pero no discutió. Sabía que era mejor que lo intentara.
El convoy de todoterrenos negros se movía por las calles de la ciudad, dirigiéndose hacia uno de los escondites rumoreados de **Vincent**: un almacén en las afueras de Brooklyn.
El plan era sencillo: cortar sus suministros, enviar un mensaje y obligarlo a cometer un error.
Pero **Alina** tenía la sensación de que nada de lo de esa noche saldría como estaba planeado.
El Almacén
En el momento en que llegaron, la tensión en el aire cambió.
Los hombres de **Damon** se movieron en silencio, extendiéndose para asegurar el perímetro. **Marco** lideró un pequeño equipo a través de la entrada lateral, mientras que **Damon** y **Alina** tomaron el frente.
El almacén estaba inquietantemente tranquilo. Demasiado tranquilo.
**Damon** levantó una mano, indicando a todos que se detuvieran.
El corazón de **Alina** latía con fuerza. Algo no estaba bien.
Entonces—
Un destello de movimiento en las sombras.
"¡AL SUELO!" rugió **Damon**.
Los disparos explotaron en la noche.
**Alina** se tiró al suelo cuando las balas atravesaron el aire, destrozando cristales y rebotando contra el metal. **Damon** la empujó detrás de una pila de cajas, su cuerpo protegiendo el de ella.
"¡Quédate abajo!", ordenó.
La adrenalina corrió por sus venas. Esto no era solo un ataque: **Vincent** los había estado esperando.
Una emboscada.
**Damon** maldijo, sacando su arma. "¡**Marco**, informa!"
La estática zumbó a través de su auricular antes de que la voz de **Marco** cortara. "Estamos atrapados. Los bastardos nos estaban esperando".
La expresión de **Damon** se oscureció. "Necesitamos retirarnos".
**Alina** agarró su brazo. "¿Y tus hombres?"
Él apretó la mandíbula. "Nos abriremos camino a balazos".
Antes de que pudiera responder, estalló otra ronda de disparos.
**Damon** la agarró de la mano, tirando de ella hacia una salida lateral. "Quédate cerca de mí".
**Alina** apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que estuvieran corriendo. Podía escuchar a **Marco** y a los demás disparando, tratando de crear una abertura.
Cuando se acercaban a la salida, una figura se interpuso en su camino.
**Vincent**.
Estaba vestido de negro, con una sonrisa que le curvaba los labios mientras apuntaba un arma hacia ellos.
"¿A dónde vas, **Cross**?", se burló.
**Damon** no dudó. Disparó—
Pero **Vincent** fue más rápido.
Esquivó, y su propia bala rozó el brazo de **Damon**.
**Alina** gritó mientras **Damon** se tambaleaba hacia atrás.
Antes de que pudiera reaccionar, unos brazos fuertes la rodearon por detrás.
**Adrián**.
Su aliento era caliente contra su oído. "¿Me extrañaste, princesa?"
Luchó, pateó, arañó, pero él la sujetaba con fuerza.
Los ojos de **Damon** se oscurecieron con pura furia. "Suéltala".
**Vincent** se rió entre dientes. "¿O qué? ¿Me matarás de nuevo?"
**Damon** apretó su agarre en su arma. "Si la lastimas—"
**Vincent** se encogió de hombros. "¿Lastimarla? Ahora, ¿por qué haría eso? Es demasiado valiosa".
La sangre de **Alina** se heló.
**Adrián** sonrió. "Estaremos en contacto, **Cross**".
Y antes de que **Damon** pudiera moverse—
Un destello de dolor. Un pinchazo agudo en su cuello.
Su visión se nubló.
Lo último que vio fue la expresión furiosa e indefensa de **Damon** antes de que todo se volviera negro.