Un juego peligroso
Alina se quedó petrificada en medio del ático de Damon, sus palabras aún ardiendo en su mente.
"Eres lo más peligroso que me ha pasado".
Quería creer que era otra de sus frases crípticas, otra forma de manipularla para que se quedara en su mundo. Pero la forma en que la miró –el filo afilado en su voz– le dijo que esto era diferente.
Esto ya no se trataba solo de poder.
Se trataba de algo mucho más oscuro.
Tomó una respiración lenta y constante. "¿Qué quieres decir con eso?"
Damon pasó una mano por su cabello oscuro, su mandíbula tensa. Había pasado años controlando cada parte de su vida, cada persona a su alrededor, pero ahora… podía decir que la había sacudido.
Y necesitaba saber por qué.
"No debería haberte metido en esto", murmuró finalmente, apartándose de ella. Su voz era más baja, casi como si estuviera hablando más consigo mismo que con ella.
Alina apretó los puños. "Pero lo hiciste".
Ella dio un paso más cerca, negándose a retroceder. "Así que deja de actuar como si fuera algo frágil que no puede manejar la verdad".
Damon exhaló bruscamente, luego se giró para enfrentarla de nuevo. Esta vez, había algo indescifrable en su mirada.
"¿Quieres la verdad?", dijo, con la voz llena de advertencia. "Entonces escucha atentamente, Alina. En el momento en que entraste en ese club y llamaste mi atención, tu vida cambió. Puede que aún no lo veas, pero ya estás demasiado metida. La gente te está observando. Gente que haría cualquier cosa para controlarme, incluida usarte".
El corazón de Alina se estrelló contra sus costillas.
"¿Qué estás diciendo?", susurró.
Damon dio un paso lento hacia ella. El aire entre ellos se volvió cargado, denso de tensión.
"Estoy diciendo que no perteneces a este mundo, Alina", murmuró. "Pero ya es demasiado tarde. Ya estás en él".
Un escalofrío recorrió su columna vertebral, pero se negó a apartar la mirada.
¿Estaba en peligro?
O peor…
¿Se estaba convirtiendo en parte de su mundo por elección?
Damon se sirvió una copa, sus movimientos lentos y deliberados. Alina notó que sus manos estaban firmes, controladas, nada como la tensión en su voz.
Odiaba lo fácil que era para él ocultar sus emociones.
Odiaba que nunca pudiera saber lo que realmente estaba pensando.
"Ya sé que tienes enemigos", dijo, observándolo cuidadosamente. "Pero lo que no sé es por qué me trajiste aquí esta noche".
Damon sonrió un poco, pero no había diversión en su expresión.
"Porque necesitaba que lo vieras".
Alina frunció el ceño. "¿Ver qué?"
Él tomó un sorbo lento de su bebida, luego la miró.
"La verdad", dijo simplemente.
Alina soltó un respiro brusco. "Basta de juegos, Damon. Solo dime qué está pasando".
Damon dejó su vaso sobre la encimera de mármol con un suave tintineo. Sus ojos se oscurecieron.
"Nunca se suponía que conocieras a Víctor Vasiliev", dijo, con voz baja. "Pero ahora que lo has hecho, estás en su radar. Y cuando un hombre como Víctor sabe tu nombre, es solo cuestión de tiempo antes de que encuentre una manera de usarte".
Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Alina.
"¿Y qué?", preguntó, obligándose a mantener la calma. "¿Estás diciendo que debería tener miedo?"
La sonrisa de Damon se desvaneció. "Estoy diciendo que deberías estar lista".
Alina tragó saliva.
Este era el momento que había estado temiendo, el momento en que tenía que elegir.
Podía irse ahora, tratar de fingir que nada de esto sucedió.
O podía adentrarse más en el mundo de Damon, en algo de lo que sabía que tal vez nunca podría escapar.
¿Y la peor parte?
No estaba segura de cuál la aterrorizaba más.
Alina dejó el ático justo antes del amanecer. La ciudad todavía estaba envuelta en sombras, las calles tranquilas, excepto por el coche que pasaba ocasionalmente.
Debería haber ido directamente a casa.
Debería haber cerrado con llave sus puertas y fingido que nunca había conocido a Damon Cross.
Pero mientras caminaba hacia la acera, algo la hizo detenerse.
Un coche negro estaba estacionado al otro lado de la calle.
No había estado allí cuando llegó.
Su pulso se aceleró.
Las ventanas estaban oscurecidas, pero podía sentir que alguien la observaba.
Cada nervio de su cuerpo le gritaba que siguiera caminando, que lo ignorara. Pero no podía.
Lentamente, casi vacilante, dio un paso adelante.
Y entonces…
La ventanilla trasera se bajó.
Un hombre estaba sentado adentro, con el rostro parcialmente oculto por las sombras. ¿Pero su voz? Era suave. Calculadora.
"Deberías tener cuidado, Srta. Carter", dijo. "Estás jugando un juego muy peligroso".
Alina se quedó sin aliento.
Su corazón latía con fuerza. "¿Quién eres tú?"
El hombre sonrió, pero no era tranquilizador.
"Alguien que no quiere verte lastimada".
Un escalofrío la recorrió, pero mantuvo la voz firme. "¿Por qué me estás siguiendo?"
El hombre se rió entre dientes, como si le divirtiera su pregunta.
"Porque llamaste la atención del hombre equivocado", dijo simplemente. "Y en este mundo, la atención puede ser mortal".
El pulso de Alina retumbó en sus oídos.
Damon la había advertido sobre esto.
Sobre las personas que la usarían para llegar a él.
Y ahora, de pie aquí en esta calle vacía, se dio cuenta de algo aterrador.
Ya había comenzado.
En el momento en que Alina regresó a su apartamento, cerró la puerta con llave y la apoyó contra ella, luchando por recuperar el aliento.
Sus manos temblaban.
No solo por miedo, sino por algo más profundo.
Adrenalina.
Debería haber estado aterrorizada. Debería haber estado reservando un billete para salir de la ciudad, dejando todo esto atrás.
Pero en cambio…
Sintió una retorcida sensación de euforia.
¿Qué le pasaba?
Pasó una mano temblorosa por su cabello y agarró su teléfono.
Necesitaba respuestas.
Necesitaba a Damon.
Sin pensar, lo llamó.
Él respondió al primer timbre.
"¿Qué pasó?" Su voz era aguda, alerta. Ya sabía que algo andaba mal.
Alina tragó saliva. "Alguien me estaba esperando afuera. Sabían mi nombre. Me advirtieron".
Silencio.
Luego…
"¿Qué dijeron?" La voz de Damon era peligrosamente tranquila.
Alina vaciló. "Que llamé la atención del hombre equivocado. Que estaba jugando un juego peligroso".
Damon maldijo en voz baja.
"Escúchame atentamente, Alina", dijo, con la voz más dura que nunca la había escuchado. "No vayas a ningún lado sola. No hables con nadie que no conozcas. Yo me encargaré de esto".
El pecho de Alina se apretó. "¿Y si no quiero que te encargues?"
Damon guardó silencio por un largo momento.
Luego, finalmente…
"No tienes elección".
Alina apretó los dientes. "Sigues diciendo eso. Pero tal vez no quiero ser tu problema, Damon. Tal vez no necesito tu protección".
Damon exhaló bruscamente. "Alina…"
"No", lo interrumpió. "No puedes decidir lo que me pasa. Yo sí".
Colgó antes de que pudiera decir otra palabra.
Pero mientras estaba allí en el oscuro silencio de su apartamento, su corazón latía con fuerza…
Se dio cuenta de la verdad.
Ella no tenía el control en absoluto.
Ya estaba demasiado metida.
Y no importa cuánto intentara negarlo…
No quería salir.