Atrapado en la guarida del león
A Alina le latía la cabeza, un dolor sordo le pulsaba en las sienes mientras se obligaba a abrir los ojos. La oscuridad la rodeaba. El aire era denso con el olor a madera húmeda y algo metálico: sangre. Le ardían las muñecas por la cuerda áspera que las ataba, y tenía la boca seca, la garganta irritada por gritar.
El pánico le recorrió las venas mientras los recuerdos volvían a la carrera. El todoterreno negro. Los hombres enmascarados. La lucha. **Adrián.**
Le faltó el aliento. La habían secuestrado.
Se retorció contra las ataduras, con el corazón latiéndole en el pecho. La habitación en la que estaba era pequeña, apenas iluminada por una bombilla parpadeante en el techo. Las paredes eran de hormigón, frías e implacables. ¿Un sótano? ¿Un almacén? No lo sabía. Pero una cosa estaba clara: **estaba en manos de Adrián Knight ahora.**
El sonido de pasos resonó desde fuera de la puerta. Pesados. Decididos.
La cerradura hizo clic, y la puerta se abrió de golpe.
Adrián entró, con su traje a medida intacto por el caos que causó. La miró como un depredador miraba a una presa herida: divertido, entretenido.
"La bella durmiente finalmente despierta", murmuró, agachándose a su altura. "Has causado un gran revuelo, Alina".
Ella lo fulminó con la mirada, con los ojos color avellana ardiendo de desafío. "Suéltame".
Él se rió entre dientes. "¿Y perderme toda la diversión? No, cariño, estás exactamente donde tienes que estar. Justo en medio de una guerra que ni siquiera viste venir".
Ella luchó contra las cuerdas, pero fue inútil. "Damon vendrá por mí".
Adrián sonrió con suficiencia. "Cuento con ello".
A Alina se le revolvió el estómago. "Esto no se trata de mí. Se trata de él, ¿verdad?"
Suspiró, negando con la cabeza como si estuviera decepcionado. "Chica lista. Siempre se ha tratado de Damon. ¿Pero tú? Eres su talón de Aquiles. Lo único que le importa lo suficiente como para romper todas sus reglas por ello. Y eso te hace... valiosa".
Le latía el pulso. "Si crees que entrará en una trampa por mí, no lo conoces tan bien como crees".
La expresión de Adrián se oscureció. "Oh, lo conozco. Mejor que tú. Vendrá. Y cuando lo haga, tendrá que elegir: su imperio o tú".
Un fuerte golpe en la puerta los interrumpió. Uno de los hombres de Adrián asomó la cabeza.
"Jefe, tenemos un problema. Cross ya se está moviendo".
La sonrisa de Adrián se amplió. "Justo a tiempo".
A Alina le dio un vuelco el corazón. **Damon venía.**
Pero, ¿a qué precio?
### **La Tormenta Afuera**
Damon Cross había pasado años dominando el control. Sobre su imperio. Sobre sus enemigos. Sobre sí mismo.
¿Pero esta noche? **Esta noche, había terminado de jugar según las reglas.**
El coche negro chirrió hasta detenerse fuera de un almacén abandonado en las afueras de la ciudad. Damon salió, con los ojos azul hielo ardiendo con una furia que podía incendiar todo el edificio. Se ajustó los puños del traje, con la tela a medida ahora una prisión contra la rabia que hervía bajo su piel.
"Quedaos atrás", ordenó a sus hombres. "Entro solo".
Víctor, su mano derecha, vaciló. "Jefe—"
"¿Tengo pinta de estar negociando?" La voz de Damon era cortante como una navaja.
Víctor suspiró pero se hizo a un lado.
Damon avanzó a grandes zancadas, con su presencia engullendo el espacio que le rodeaba.
Dentro, Adrián lo estaba esperando.