El Borde del No Retorno
Los dedos de Alina temblaban mientras agarraba el teléfono desechable que Damon le había metido en el bolsillo antes de irse. El aire en su apartamento se sentía demasiado denso, presionándola como un peso invisible. Todavía podía escuchar su voz de su última conversación, la advertencia debajo de su fría fachada.
_"Si algo no te cuadra, llámame. No lo dudes, Alina."_
No lo había necesitado. En el momento en que entró en su edificio esa noche, supo que algo andaba mal.
Las luces del pasillo parpadeaban, sutil, pero inusual. Su puerta estaba cerrada con llave, pero lo sentía en los huesos, alguien había estado dentro.
Su corazón latía con fuerza contra sus costillas mientras metía la mano en su bolso, con los dedos agarrando el spray de pimienta que siempre llevaba. Tomando una respiración lenta y medida, empujó la puerta con el hombro, con la otra mano lista para atacar si fuera necesario.
Silencio.
La sala de estar estaba exactamente como la había dejado. El sofá ligeramente torcido de cuando salió corriendo antes, la manta todavía arrugada en el reposabrazos. Pero en el momento en que dio un paso adelante, se le encogió el estómago.
El olor a colonia, masculino, caro, pero desconocido, flotaba débilmente en el aire.
Alguien había estado aquí.
El pánico la invadió, pero se obligó a mantener la calma. Escaneó el apartamento, dando pasos cuidadosos hacia su dormitorio. La puerta del armario estaba ligeramente entreabierta, y fue entonces cuando lo vio.
Una nota, pegada al espejo.
Le faltó el aliento cuando se acercó, las palabras cortándole como un cuchillo.
**"Damon no puede protegerte para siempre."**
Sus dedos se cerraron en puños mientras arrancaba la nota del cristal. Su mente le gritaba que se fuera, que corriera directamente a Damon, pero otra parte de ella hervía de rabia.
Adrián.
Esta era su forma de hacerle saber que estaba cerca. Que ella no era solo una ficha en un juego de poder, ella era el juego.
Su teléfono vibró en su bolsillo, haciéndola saltar. Lo buscó a tientas, esperando que el nombre de Damon apareciera en la pantalla, pero no era él.
**Llamada desconocida.**
Cada instinto le decía que lo ignorara, pero aceptó, llevando el teléfono a su oído.
"¿Quién es?" preguntó.
Una risita baja se deslizó por el altavoz, suave y deliberada.
"Ya sabes la respuesta a eso, Alina."
Su sangre se heló. "Adrián."
"Chica lista", reflexionó. "Aunque esperaba que fueras más lista. ¿Quedarte en el mismo apartamento? Tsk. Damon está perdiendo el toque."
Apretó el teléfono con más fuerza. "¿Qué quieres?"
Adrián suspiró, como decepcionado. "Vamos, no seas aburrida. Ya sabes lo que quiero."
"Quieres destruir a Damon", dijo, con voz firme a pesar de la tormenta que sentía dentro.
"Sí", admitió Adrián, con un tono más agudo ahora. "Y tú, Alina, eres el arma perfecta para hacerlo."
Una risa amarga se escapó de ella. "No soy un arma. Ni siquiera soy una amenaza para ti."
"Te equivocas". Su voz bajó, volviéndose letal. "Eres su debilidad."
Su pulso se disparó.
"Puedes fingir todo lo que quieras", continuó Adrián, "pero Damon ya ha tomado su decisión. Te ha estado eligiendo desde el momento en que te dejó entrar en su vida. Y eso, cariño, te va a costar la vida."
Un escalofrío le recorrió la columna vertebral, pero se obligó a mantener la compostura. "Si me quisieras muerta, no me estarías llamando."
"Cierto", admitió Adrián. "Pero me pregunto… ¿Cuánto sabes realmente sobre Damon? ¿Sobre lo que es capaz de hacer?"
Alina apretó la mandíbula. "Sé lo suficiente."
"¿Crees?" se burló. "Dime, ¿te ha hablado de tu padre?"
Le faltó el aliento. "¿Qué?"
Una pausa. Luego, suavemente, cruelmente, Adrián susurró: "Pregúntale a Damon qué pasó realmente la noche en que murió tu padre. Pregúntale quién dio la orden."
Casi se le doblaron las rodillas. "Estás mintiendo."
"¿Lo estoy?" Su voz era una mueca. "Pregúntale, Alina. Y cuando lo hagas, te darás cuenta de algo muy importante: Damon Cross no es tu salvador. Es la razón por la que has estado huyendo toda tu vida."
La línea se cortó.
Alina se quedó congelada, con el teléfono todavía pegado a la oreja.
No.
Damon no había… no lo haría…
¿Lo haría?
El peso de las palabras la aplastó. Había pasado tanto tiempo convenciéndose a sí misma de que podía manejar la oscuridad de Damon. Que el hombre del que se había enamorado no era irrecuperable.
Pero si Adrián decía la verdad, si Damon tuvo algo que ver con la muerte de su padre…
Un estremecimiento la recorrió.
La puerta se abrió de golpe.
Alina jadeó, tropezando hacia atrás cuando Damon entró furioso, con los ojos ardiendo de rabia apenas contenida.
"¿Te llamó?" Su voz era letal.
Ella solo pudo asentir, incapaz de encontrar las palabras.
Damon cruzó la habitación en tres poderosos pasos, ahuecando su rostro bruscamente mientras su mirada azul hielo buscaba la suya. "¿Qué dijo?"
Alina tragó saliva con dificultad. "Él… dijo que tenías algo que ver con la muerte de mi padre."
Un músculo se contrajo en la mandíbula de Damon.
No lo negó.
Su corazón se rompió. "Damon."
Su agarre sobre ella se apretó por un segundo antes de que de repente la soltara, dándose la vuelta. Sus dedos se deslizaron por su cabello, la tensión irradiando de cada centímetro de su cuerpo.
"Damon", dijo de nuevo, ahora con más fuerza. "Dime que no es verdad."
Silencio.
Se le cayó el estómago.
"¡Dímelo!" gritó.
Sus hombros se pusieron rígidos. Luego, con una voz tan baja que le envió escalofríos por la columna vertebral, murmuró: "Te lo dije, Alina. Mi mundo es peligroso. Hay cosas que no puedo deshacer."
Le faltó el aliento. "Dios mío."
Se giró, con una expresión ilegible. "No entiendes…"
"¡Pues haz que entienda!" le interrumpió, con la voz quebrada. "¿Lo hiciste, ordenaste eso? ¿Hiciste que mataran a mi padre?"
La garganta de Damon se movió mientras se acercaba un paso. "No es tan simple."
Un sollozo le arañó la garganta. "¡Es una pregunta de sí o no, Damon!"
El silencio que siguió fue ensordecedor.
Y en ese momento, lo supo.
Una lágrima le resbaló por la mejilla.
Damon la agarró. "Alina…"
"No." Se apartó de un tirón, con dolor en la voz. "Confié en ti. Te amaba."
Algo brilló en sus ojos, algo crudo, casi desesperado. "Nunca quise que te enteraras de esta manera."
"Pero es verdad", susurró, más para sí misma que para él. "Todo este tiempo, lo sabías."
La mandíbula de Damon se apretó. "Te lo juro, hay cosas que no sabes, cosas que Adrián no te está contando."
Dejó escapar un suspiro tembloroso. "Ya no sé qué creer."
Sus manos se cerraron a los lados. "Créeme."
Su corazón dolía ante la súplica en su voz.
Pero, ¿cómo podía?
Dio un paso atrás temblorosa. "Necesito tiempo."
El dolor parpadeó en su rostro, pero asintió. "Te daré tiempo."
Alina se dio la vuelta antes de que pudiera ver las lágrimas frescas que se acumulaban en sus ojos.
Porque, sin importar cuánto quisiera creer en Damon Cross…
No estaba segura de poder hacerlo más.