La calma antes de la tormenta
El ático estaba inquietantemente silencioso cuando Damon y Alina entraron. La sensación habitual de seguridad que proporcionaban las paredes del rascacielos se sentía frágil ahora, como si ojos invisibles estuvieran observando desde las sombras. "Víctor se había ido, pero su amenaza persistía como un fantasma en la habitación."
Damon cerró la puerta con llave tras ellos, sus músculos aún tensos, su mente aún repasando todos los cabos sueltos posibles. Había ganado la batalla, pero la guerra no había terminado. "Las últimas palabras de Víctor lo atormentaban."
*"Deberías haberme matado... Porque ahora, no lo verás venir."*
Alina estaba cerca de la ventana, con los brazos abrazándose a sí misma. Las luces de la ciudad se reflejaban en el cristal, proyectando un brillo tenue sobre sus rasgos tensos. No había hablado desde su conversación en el coche.
Damon caminó detrás de ella, poniendo una mano en su hombro. "Háblame."
Ella exhaló. "Víctor no se quedará callado. Incluso tras las rejas, tiene influencia."
Damon asintió. "Lo sé."
Ella se giró para mirarlo. "Entonces sabes que aún no estamos a salvo."
Su mandíbula se tensó. Había pasado años construyendo su imperio, eliminando cada amenaza que se atrevía a desafiarlo. Pero algo sobre esto, sobre la advertencia de Víctor, se sentía diferente. "Esto no había terminado. Apenas estaba empezando."
Alina se dejó caer en el sofá, pasando una mano por su cabello. "Si Víctor todavía tiene contactos en el exterior, podría tomar represalias. Lo sabes, ¿verdad?"
Damon se sentó a su lado, con su brazo sobre el respaldo del sofá. "Que lo intente."
Ella negó con la cabeza. "Damon, esto no es solo por ti. También es por mí."
Su voz vaciló ligeramente. "Víctor sabe quién soy. Sabe lo que significo para ti. Si quisiera lastimarte..." Se interrumpió, pero la implicación era clara.
El agarre de Damon en el reposabrazos se apretó. La idea de que alguien pusiera una mano encima de Alina le envió una rabia asesina. Había pasado su vida protegiendo lo que era suyo. "Y ella era suya."
"No dejaré que te pase nada", dijo con firmeza.
Alina mantuvo su mirada por un largo momento. Luego suspiró, sacudiendo la cabeza mientras se reclinaba contra los cojines. "No puedes prometer eso."
Un golpe en la puerta rompió el silencio.
Damon estaba de pie en un instante, su arma ya en la mano. Alina se puso rígida, agarrando el cojín del sofá.
"¿Quién es?" gritó Damon.
Una voz profunda respondió. "Es Lucas."
Damon exhaló y abrió la puerta. Su segundo al mando entró, con el rostro sombrío. "Tenemos un problema."
Damon cerró la puerta tras él. "¿Qué es?"
Lucas miró a Alina antes de volver a mirar a Damon. "Los hombres de Víctor siguen activos. Hubo un ataque a uno de nuestros almacenes hace una hora."
La expresión de Damon se oscureció. "¿Víctimas?"
Lucas dudó. "Tres muertos. Dos heridos. Le prendieron fuego al lugar."
El estómago de Alina se encogió.
Las manos de Damon se cerraron en puños. "¿Víctor está detrás de esto?"
Lucas asintió. "No hay duda al respecto. Incluso desde detrás de las rejas, está haciendo movimientos."
Damon recorrió la habitación, su mente corriendo. Esto no era solo una advertencia, era una declaración de guerra.
Alina tragó saliva con dificultad. "¿Qué hacemos ahora?"
Damon se detuvo y se volvió hacia ella. Su voz era fría, aguda. "Contraatacamos."
Lucas se movió incómodo. "Hay algo más."
Damon entrecerró los ojos. "Suéltalo."
Lucas miró a Alina de nuevo antes de hablar. "Alguien más se está moviendo. 'Un nuevo jugador.'"
Damon frunció el ceño. "¿Qué quieres decir?"
Lucas dudó. "Interceptamos un mensaje entre los hombres de Víctor. Estaban hablando de alguien llamado Adrián."
El corazón de Alina dio un vuelco. "¿Quién es Adrián?"
Lucas negó con la cabeza. "Todavía no lo sabemos. Pero por la forma en que hablaban... sonaba como si fuera la verdadera amenaza."
El agarre de Damon en su arma se apretó. "Víctor había sido un problema. ¿Pero Adrián? Era una variable desconocida. Y los desconocidos eran peligrosos."
Alina sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal.
La guerra con Víctor todavía ardía. "Pero algo aún más oscuro se avecinaba."