Sin salida
Alina estaba hecha un ovillo en la orilla de su sofá, clavada en la pantalla de su teléfono. El brillo tenue de las luces de la ciudad de fuera proyectaba sombras largas por todo su apartamento, pero casi ni se daba cuenta.
Su mente seguía reproduciendo las palabras del desconocido en el coche negro.
"Atrajiste la atención del hombre equivocado. La atención puede ser mortal."
Sus dedos se apretaron en la tela de su suéter.
Debería estar asustada. Debería estar haciendo las maletas y corriendo lo más lejos posible de Damon Cross.
Pero en vez de eso…
Quería respuestas.
Y solo había una persona que podía dárselas.
Su teléfono vibró, haciéndola dar un brinco. Su corazón latió con fuerza mientras lo cogía. "Número desconocido".
Vaciló. Entonces, despacio, deslizó para responder.
"Alina", dijo una voz grave.
Le cortó la respiración. "¿Damon?"
Hubo una pausa. "No deberías estar sola ahora mismo".
Un escalofrío le recorrió la columna vertebral. "¿Cómo sabes que estoy sola?"
Silencio.
Después—"Abre la puerta".
A Alina le dio un vuelco el estómago. Se levantó de un salto del sofá, moviéndose hacia la puerta antes de poder pensarlo dos veces. A través de la mirilla, lo único que vio fue oscuridad.
Su pulso le martilleaba en los oídos.
Lentamente, quitó el pestillo y abrió la puerta.
Damon estaba allí, vestido de negro, su mirada oscura perforándola. Tenía la mandíbula tensa, los hombros tensos.
No estaba aquí solo para hablar.
Algo había pasado.
Y lo que fuera, era malo.
Alina se hizo a un lado, permitiéndole entrar. En el momento en que cruzó el umbral, lo sintió. "El cambio de energía".
Su presencia lo consumía todo, haciendo que el apartamento pareciera más pequeño, el aire más pesado.
Cerró la puerta tras él. "¿Qué está pasando?"
Damon se pasó una mano por el pelo, exhalando lentamente. "Necesito saber exactamente qué te dijo el hombre en el coche".
Alina tragó saliva. "Me dijo que estaba jugando un juego peligroso. Que atraje la atención del hombre equivocado".
La mandíbula de Damon se tensó. "¿Dijo un nombre?"
Ella negó con la cabeza. "No. Pero no era un tipo cualquiera, ¿verdad?"
El silencio de Damon fue toda la confirmación que necesitaba.
"¿Quién era?", insistió.
Damon la miró por un largo momento antes de responder.
"El hombre de Víctor".
A Alina le dio un vuelco el estómago. "¿Víctor Vasiliev?"
Damon asintió. "Te ha estado vigilando, Alina. Y ahora, se está asegurando de que lo sepas".
El miedo se enroscó en su pecho, pero se obligó a mantener la calma. "¿Por qué? ¿Qué quiere de mí?"
Los ojos de Damon se oscurecieron. "A mí".
La palabra se quedó en el aire como una cuchilla.
Alina contuvo el aliento. "Te está usando para llegar a ti".
Damon dio un paso lento, con la voz baja. "Y por eso mismo tienes que mantenerte alejada de él".
Alina apretó los puños. "Ni siquiera le conozco. Él es el que vino a mí".
Damon exhaló bruscamente. "Porque cree que eres una debilidad".
Las palabras cortaron más hondo de lo que deberían.
¿Era todo lo que era para él?
Alina levantó la barbilla. "¿Y lo soy?"
Damon vaciló. Entonces, lentamente, se acercó y le apartó un mechón de pelo de detrás de la oreja. Sus dedos estaban calientes contra su piel.
Su tacto fue cuidadoso. "Deliberada".
"Eres lo único en mi vida que no puedo controlar", admitió en voz baja. "Eso te hace peligrosa".
El corazón de Alina latía con fuerza. "Entonces, ¿qué vas a hacer al respecto?"
La mirada de Damon se clavó en la suya. "Mantenerte viva".
Damon insistió en quedarse a dormir. No porque ella quisiera.
Pero porque no confiaba en que Víctor no hiciera otro movimiento.
Alina se quedó despierta en la cama, mirando al techo. Podía oír a Damon moverse en el salón, su presencia un recordatorio constante de que su vida ya no era suya.
Debería haber estado furiosa.
Pero en cambio, lo único que sentía era… "segura".
Había pasado mucho tiempo diciéndose a sí misma que no le necesitaba. Que no necesitaba a nadie.
Pero esta noche, mientras las sombras de la ciudad se extendían por sus paredes, se dio cuenta de algo aterrador.
No quería que Damon se fuera.
Y lo peor: "no estaba segura de querer alejarse de él en absoluto".
A la mañana siguiente, Damon ya estaba vestido y junto a la ventana cuando se despertó. Tenía el teléfono en la mano, con una expresión indescifrable.
Alina se incorporó. "¿Qué pasa?"
Damon no la miró. "Víctor hizo su movimiento".
Se le hizo un nudo en el estómago. "¿Qué quieres decir?"
Damon finalmente se giró hacia ella, con una expresión sombría.
"Envió un mensaje".
A Alina se le heló la sangre. "¿Qué clase de mensaje?"
Damon dio un paso lento hacia ella, con la mandíbula tensa.
"Alguien entró en tu apartamento anoche".
Le cortó la respiración. "Pero… estábamos aquí".
Los ojos de Damon se oscurecieron. "Exactamente".
Un escalofrío la recorrió. "No habían estado solos".
"No se llevaron nada", continuó Damon. "No tocaron nada. Pero dejaron algo atrás".
La voz de Alina vaciló. "¿Qué?"
Damon metió la mano en el bolsillo y sacó un pequeño relicario plateado.
Le dio un vuelco el estómago.
Lo reconoció al instante.
Era "el de su madre".
Se lo arrebató de la mano, con los dedos temblorosos. "Esto estaba en mi habitación. En una caja. ¿Cómo es que…"
Damon la interrumpió. "Te están demostrando que pueden llegar a ti. En cualquier momento. En cualquier lugar".
Alina respiraba más rápido, con el pulso acelerado.
"Alina". La voz de Damon era firme, firme. "Necesito que me escuches. A partir de este momento, no vas a ningún sitio sin mí".
Lo miró, con los dedos aún agarrando el relicario.
No estaba pidiendo.
Se lo estaba "diciendo".
Su vida acababa de cambiar.
Y no había salida.