Ecos del Pasado
El ático estaba inquietantemente silencioso.
**Damon** estaba sentado en su estudio, el tenue brillo del horizonte de la ciudad proyectaba largas sombras por toda la habitación. Un vaso de whisky descansaba en su mano, intacto. Debería haberse sentido aliviado: **Vincent** se había ido, los muelles estaban asegurados y la amenaza inmediata había sido manejada.
Pero algo lo carcomía. Un susurro en el fondo de su mente.
**Vincent** siempre había sido astuto, siempre tenía un plan de respaldo. E incluso en la muerte, o supuesta muerte, **Damon** no podía sacudirse la sensación de que todavía estaba un paso atrás.
El sonido de unos pasos suaves lo sacó de sus pensamientos.
**Alina** estaba en la puerta, vestida con su camisa, con el pelo ligeramente húmedo por la ducha. Sus ojos, cálidos y penetrantes, se encontraron con los suyos.
"Estás pensando otra vez", murmuró, entrando en la habitación.
**Damon** sonrió, pero no le llegó a los ojos. "Peligro profesional".
Ella se acercó, colocando una mano suave en su hombro. "**Rafe** dijo que han estado buscando en el río toda la noche. No hay rastro de **Vincent**".
"Eso es lo que me preocupa".
**Alina** vaciló. "¿Crees que sobrevivió?"
**Damon** exhaló, frotándose la mandíbula. "Si hay algo que sé sobre **Vincent**, es que no cae fácilmente".
Se movió para sentarse en el borde de su escritorio. "Entonces, ¿qué hacemos?"
**Damon** dejó su vaso y se puso de pie. "Nos preparamos".
**Alina** frunció el ceño. "¿Para qué?"
"Para la guerra".
A la mañana siguiente, **Damon** y **Rafe** estaban sentados en la sala de control, revisando las imágenes de los muelles. Las grabaciones de seguridad mostraban la explosión, la pelea y la caída de **Vincent** al río.
Pero nada después de eso.
Ningún cuerpo que resurja. Ninguna escapada. Solo agua oscura y agitada.
**Marco** entró en la habitación, con el rostro sombrío. "Todavía nada. Ningún cuerpo, ningún rastro de sangre. Nada".
**Damon** apretó la mandíbula. "Sigan buscando".
**Marco** vaciló. "Hay... algo más".
**Damon** y **Rafe** intercambiaron una mirada. "Continúa", dijo **Rafe**.
**Marco** deslizó un pequeño paquete sobre la mesa. Estaba envuelto en papel marrón liso, sin marcas, sin remitente. "Esto fue entregado al club hace una hora. Dirigido a usted".
El pulso de **Damon** se aceleró. Extendió la mano hacia el paquete y lo desenvolvió con cuidado.
Dentro había un solo objeto.
Una pieza de ajedrez.
El rey negro.
**Alina** entró justo cuando **Damon** la levantó. "¿Qué es eso?"
La expresión de **Rafe** se oscureció. "Es un mensaje".
**Damon** asintió. "**Vincent** no está muerto".
La habitación se quedó en silencio.
**Alina** tragó saliva. "¿Qué significa?"
**Damon** dejó la pieza con cuidado. "Significa que todavía está jugando".
Al anochecer, **Damon** había aumentado la seguridad alrededor del ático, del club y de cada propiedad bajo su control.
Pero no fue suficiente.
Conocía a **Vincent**. Sabía cómo pensaba. Y sabía que esto no había terminado.
**Alina** observaba desde el balcón mientras **Damon** daba órdenes a sus hombres abajo. El peso sobre sus hombros era más pesado que nunca.
Entró cuando él se le unió. "**Damon**..."
Él se pasó una mano por la cara. "Lo sé. No tienes que decirlo".
Ella se cruzó de brazos. "Entonces déjame hacer algo. Déjame ayudar".
**Damon** la miró fijamente. "Has pasado por suficiente".
**Alina** negó con la cabeza. "¿Y crees que me quedaré de brazos cruzados y miraré cómo viene por nosotros otra vez?"
**Damon** exhaló. "No quiero que corras peligro".
**Alina** se suavizó. "Ya lo estoy. Lo he estado desde el momento en que te conocí".
Él desvió la mirada, con culpa en los ojos.
Ella se acercó. "Pero no me arrepiento. Y no huiré".
**Damon** la estudió durante un largo momento antes de suspirar. "Entonces terminamos con esto. Juntos".
**Alina** asintió. "Juntos".
Pero ninguno de los dos sabía lo cerca que ya estaba el peligro.
El club estaba lleno esa noche, la multitud habitual ahogada en música, alcohol y olvido. Pero debajo de la superficie, los hombres de **Damon** estaban en alerta máxima.
**Alina** estaba sentada en la sección VIP, observando a la multitud con un interés calculado.
Entonces lo vio.
Un hombre cerca de la barra, de pie demasiado quieto, observando demasiado de cerca. Iba vestido como cualquier otro cliente, pero algo en él se sentía mal.
Su corazón latió con fuerza.
Ella agarró su teléfono, a punto de enviarle un mensaje de texto a **Damon**, cuando el hombre se dio la vuelta...
Y la miró fijamente.
Una sonrisa lenta y significativa se extendió por sus labios.
Entonces...
Desapareció entre la multitud.
**Alina** se puso de pie de un salto. "¡**Damon**!"
En cuestión de segundos, él estaba a su lado. "¿Qué pasa?"
Ella señaló. "Había un hombre que me estaba mirando. Él..."
**Rafe** apareció. "Tenemos movimiento afuera".
Todo el cuerpo de **Damon** se puso rígido. "Vamos".
Entraron en el callejón detrás del club, con **Rafe** a la cabeza. La noche era tranquila, demasiado tranquila.
Entonces...
Una figura emergió de las sombras.
La sangre de **Damon** se convirtió en hielo.
No era **Vincent**.
Pero era alguien que no debería estar allí.
**Adrián**.
El agarre de **Damon** en su arma se apretó. "Tienes mucha audacia al aparecer aquí".
**Adrián** sonrió. "Y tú tienes muchos problemas, **Damon**". Miró a **Alina**. "Me alegro de verte de nuevo, cariño".
**Damon** se interpuso entre ellos. "Di lo que viniste a decir".
**Adrián** exhaló, pasándose una mano por el pelo. "Vine a advertirte".
La mandíbula de **Damon** se tensó. "¿Sobre qué?"
La expresión de **Adrián** se oscureció. "**Vincent** no es tu único problema. Hay alguien más grande en juego. Alguien peor".
**Damon** entrecerró los ojos. "¿Quién?"
**Adrián** vaciló. Luego dijo un nombre.
Y lo cambió todo.
El nombre quedó en el aire como una sentencia de muerte.
El aliento de **Alina** se entrecortó. **Rafe** juró.
**Damon** se quedó completamente inmóvil.
"No", dijo secamente.
La mirada de **Adrián** fue inquebrantable. "Sí".
**Damon** negó con la cabeza. "Está muerto".
La sonrisa de **Adrián** fue sombría. "Creías que lo estaba".
**Alina** agarró el brazo de **Damon**. "¿De quién está hablando?"
**Damon** no respondió de inmediato. Su mente corría, su pulso rugía en sus oídos.
Entonces, finalmente...
Dijo el nombre.
Y el mundo de **Alina** se inclinó.
Porque esto ya no se trataba solo de **Vincent**.
Esto era algo mucho, mucho peor.
Y no estaban listos.
Lo peor estaba por detrás de ellos.