El Filo del Cuchillo
Las luces de la ciudad se difuminaron en rayas mientras Damon conducía por las calles sinuosas, con las manos firmes en el volante. Alina estaba sentada a su lado, con el pulso latiéndole en la garganta. Los acontecimientos de las últimas horas parecían irreales: una persecución mortal, la oportuna intervención de un aliado y ahora, una desesperada huida hacia lo desconocido.
"¿A dónde vamos?" preguntó de nuevo, con la voz más baja esta vez.
Damon exhaló bruscamente. "A un lugar que Adrián no conoce".
Alina estudió su rostro, buscando cualquier señal de tranquilidad, pero todo lo que vio fue frialdad.
"¿Y luego qué?" insistió.
La mandíbula de Damon se tensó. "Entonces decidimos cómo terminar esto".
Eso le envió un escalofrío por la columna vertebral. No más correr, no más esconderse. Se dirigían directamente a la tormenta.
**—**
Condujeron durante casi una hora antes de que Damon finalmente se saliera de la carretera principal y tomara un camino de tierra apartado bordeado de árboles altísimos. El dosel oscuro de arriba se tragó los últimos restos del resplandor de la ciudad, haciendo que el mundo a su alrededor se sintiera inquietantemente silencioso.
Alina se movió en su asiento. "¿Dónde es esto?"
Damon no respondió de inmediato. Condujo el Range Rover por el camino, deteniéndose finalmente frente a una casa de seguridad elegante y moderna, ubicada dentro del bosque.
"Una de mis viejas propiedades", dijo finalmente. "Fuera del alcance. Sin cámaras. Sin rastros".
Alina lo siguió adentro, la tensión en su cuerpo se negaba a disminuir. La casa era minimalista: acero y vidrio, sin toques personales, sin calidez. Un lugar diseñado para sobrevivir, no para la comodidad.
Damon cerró la puerta con llave detrás de ellos, luego se giró para enfrentarla.
"Necesitamos hablar".
Alina se cruzó de brazos. "Finalmente".
Damon se pasó la mano por el pelo. "Adrián no se detendrá. Ya lo sabes".
"Por supuesto que sí", respondió. "Lo sé desde hace un tiempo, Damon. La pregunta es: ¿qué vamos a hacer al respecto?"
Él la estudió durante un largo momento. "Tenemos algo que él quiere".
El estómago de Alina se contrajo. "La memoria USB".
Damon asintió. "Esa es nuestra ventaja. Pero la ventaja no significa nada si no tenemos una ventaja. En este momento, Adrián tiene más hombres, más recursos y sabe que nos estamos quedando sin lugares para escondernos".
Alina tragó con dificultad. "Entonces, ¿cuál es el plan?"
Damon se apoyó contra la pared, con los brazos cruzados, con la mente claramente trabajando en los ángulos.
"Necesito llegar a alguien que pueda ayudarnos a descifrar la unidad por completo. En el momento en que desbloqueamos todo, Adrián pierde el control del juego".
Alina vaciló. "¿Y si no podemos desbloquearlo?"
Los ojos de Damon se oscurecieron. "Entonces le llevaremos la pelea de otra manera".
**—**
Unas horas más tarde, Alina estaba sentada en el sofá, mirando el fuego parpadeante que Damon había encendido en la chimenea de la esquina. Él estaba en la habitación de al lado, haciendo llamadas: creando estrategias, preparándose.
Pero Alina no podía sacudirse la sensación de que algo andaba mal.
Sus dedos se apretaron alrededor de la manta que cubría sus hombros. No confiaba en el silencio de este lugar. Era demasiado tranquilo, demasiado aislado.
Entonces—
Un ruido.
Era débil, pero estaba ahí.
Su ritmo cardíaco se disparó. Se giró hacia la ventana, pero la noche de afuera era completamente negra.
Quizás lo imaginó.
Exhaló lentamente, sacudiendo la cabeza ante su paranoia—
Y entonces lo escuchó de nuevo.
Un suave susurro, como pasos contra hojas húmedas.
Alina se puso de pie de un salto.
"¿Damon?" llamó, con la voz apenas por encima de un susurro.
dio un paso cauteloso hacia el pasillo—
Y entonces se fue la luz.
La casa se sumió en la oscuridad.
A Alina se le cortó la respiración.
"¡Damon!"
Unos fuertes pasos retumbaron desde la otra habitación. En cuestión de segundos, Damon apareció, con su arma desenfundada. Su rostro era severo, mortal.
"Quédate detrás de mí", ordenó.
El pulso de Alina se aceleró mientras obedecía, acercándose a él. La única fuente de luz era el fuego, que proyectaba largas sombras parpadeantes contra las paredes.
Entonces—
Un fuerte choque.
La puerta principal se abrió de golpe.
Alina apenas tuvo tiempo de gritar antes de que Damon la agarrara y la empujara detrás del sofá, protegiendo su cuerpo con el suyo.
Disparos estallaron.
Los crujidos agudos y ensordecedores llenaron el aire mientras Damon respondía, sus movimientos rápidos y precisos. Alina se agarró la cabeza, con el corazón golpeando contra sus costillas.
Nos encontraron.
La comprensión envió hielo por sus venas.
Damon derribó a uno de los intrusos, pero venían más. Podía oírlos: las botas golpeando el suelo, las voces ladrando órdenes.
Los hombres de Adrián.
Una mano le agarró la muñeca.
Alina jadeó, retorciéndose, pero el agarre era implacable. Antes de que pudiera gritar, le presionaron un paño contra la boca—
Un olor dulzón y enfermizo llenó su nariz.
Cloroformo.
Su visión se volvió borrosa.
"Damon—"
Entonces, oscuridad.
**—**
Alina se despertó con el frío mordisco del metal contra sus muñecas. Le dolía la cabeza. El mundo a su alrededor se balanceaba mientras se obligaba a abrir los ojos.
Estaba en un coche.
El asiento trasero.
Tenía las manos atadas a la espalda, las bridas cortándole la piel.
El pánico recorrió sus venas.
Intentó moverse, pero en el momento en que lo hizo, una voz grave habló desde el asiento delantero.
"Ah, estás despierta".
Alina se congeló.
Conocía esa voz.
Lentamente, giró la cabeza.
Adrián Knight.
Él estaba conduciendo, con las manos relajadas en el volante, con una postura informal, como si no la estuviera secuestrando, como si fuera solo un trato más.
"¿Dónde está Damon?" exigió, con la voz ronca.
Adrián se rió entre dientes, bajo y suave. "Vivo. Por ahora".
La rabia y el miedo lucharon dentro de ella. "Suéltame".
Adrián la miró por el espejo retrovisor, con sus ojos oscuros brillando con diversión.
"Ahora, Alina, los dos sabemos que eso no va a pasar".
Ella apretó los dientes. "¿Qué quieres?"
Adrián sonrió. "Lo mismo que Damon quiere: la memoria USB".
El corazón de Alina latió con fuerza. "Ya tienes la memoria USB".
La sonrisa de Adrián no vaciló. "¿La tengo?"
Su estómago se retorció.
Adrián la tenía, pero no podía desbloquearla.
Eso significaba—
La necesitaba.
La comprensión envió un destello de esperanza a través de ella.
"Esto es lo que va a pasar", dijo Adrián, con un tono casi perezoso. "Vas a ayudarme a acceder a los archivos. Y a cambio, consideraré dejar vivir a Damon".
Alina lo fulminó con la mirada. "Estás loco si crees que te voy a ayudar".
Adrián suspiró, negando con la cabeza. "Siempre has sido terca. Es un rasgo admirable, de verdad".
Sus dedos tamborilearon contra el volante.
"Pero seamos claros en una cosa, Alina".
Su voz bajó a algo más frío, más agudo.
"Si no cooperas, Damon muere. Y esta vez, no habrá rescates de último minuto".
La respiración de Alina se estremeció.
Adrián sonrió de nuevo. "Entonces, ¿qué va a ser?"
Su mente corrió.
Estaba atrapada.
Damon estaba en peligro.
Y Adrián acababa de ponerla en una posición imposible.