Un Trato con el Diablo
El pulso de Alina retumbaba en sus oídos mientras las palabras de Adrián se le metían en la cabeza.
*"Si no cooperas, Damon muere."*
El motor del coche ronroneaba bajo ellos, la carretera extendiéndose hacia el abismo de la noche. El aire frío se filtraba por la ventana apenas entreabierta, pero el cuerpo de Alina ardía con una mezcla de miedo y furia.
No podía dejar que Damon muriera.
Pero darle a Adrián acceso al disco duro significaba darle poder, un poder que podría destruir más vidas que solo la de Damon.
Alina se obligó a respirar con calma. Pensar. Tenía que ser inteligente con esto.
"¿Cómo sé que no vas a matar a Damon de todas formas?" preguntó, probando su reacción.
Adrián se rió entre dientes, mirándola por el espejo retrovisor. "Ah, ahora estás pensando como yo. Eso me gusta."
Alina apretó la mandíbula.
Adrián continuó, con voz suave como la seda. "Pero para responder a tu pregunta, no gano nada con matarlo. Todavía no, de todas formas. Lo necesito vivo. Y te necesito dispuesta a cooperar."
Sus dedos se cerraron en puños detrás de su espalda, las bridas de plástico clavándose en su piel.
"Quiero pruebas de que está vivo", dijo con firmeza.
Adrián sonrió con suficiencia. "Por supuesto que sí. Siempre tuviste debilidad por él."
Metió la mano en su bolsillo, sacó un teléfono y tocó la pantalla. Unos segundos después, el aparato sonó.
Alina contuvo la respiración.
Entonces...
Un gemido ahogado.
"¿Alina?" La voz de Damon era tensa, débil.
Las lágrimas le ardían en los ojos. "¡Damon!"
"No—" Sus palabras se interrumpieron bruscamente, seguidas de un fuerte gruñido de dolor.
El estómago de Alina dio un vuelco. "¡Para! ¡Deja de hacerle daño!"
Adrián suspiró dramáticamente. "Eso depende de ti, cariño. Ayúdame, y él sigue vivo. Rehúsate, y, bueno..." Dejó la frase a medias, dejando que el silencio llenara la amenaza.
Alina tragó la bilis que le subía por la garganta.
"Necesito tiempo", susurró. "Para desbloquear los archivos. No es algo que pueda hacer al instante."
Los ojos de Adrián brillaron con diversión. "¿Ah, sí?"
Ella asintió, forzando un temblor en su voz. "Sí. Damon tiene medidas de seguridad. No habría dejado algo tan valioso desprotegido."
Adrián la estudió, con los dedos golpeando el volante.
Entonces, sonrió. "Estás mintiendo."
La respiración de Alina se entrecortó.
Adrián se rió entre dientes. "Pero no importa. Admiro el esfuerzo. Y como te necesito viva, seguiré el juego. Por ahora."
Su estómago se retorció.
Esto era un juego mortal. Un movimiento en falso, y Adrián no dudaría en matarlos a ambos.
—
El coche finalmente se detuvo frente a una gran finca escondida tras imponentes puertas de hierro. La estructura no se parecía en nada al elegante ático de la ciudad de Damon: era de la vieja escuela, europea, con altas ventanas arqueadas y hiedra trepando por las paredes de piedra.
La casa de Adrián.
Un lugar empapado de secretos y sangre.
A Alina la sacaron del coche en el momento en que se abrió la puerta. Unas manos fuertes le agarraron los brazos, obligándola a avanzar. Tropezó, pero no redujeron la velocidad.
Adrián caminaba delante, con la postura relajada, como si fuera una noche más.
El interior de la mansión era frío, impersonal. Los suelos relucían bajo la tenue luz de la lámpara de araña, y el olor a cigarros caros se aferraba al aire.
"Metedla en el estudio", ordenó Adrián.
Los guardias la empujaron a una habitación llena de estanterías altísimas, con un gran escritorio de caoba en el centro.
Adrián la siguió, cerrando la puerta tras él.
"Siéntate", le indicó, señalando una silla.
Alina vaciló.
Él arqueó una ceja. "¿Necesito recordarte lo que está en juego?"
Rechinando los dientes, se sentó.
Adrián caminó hacia un armario, se sirvió una copa y luego se apoyó en el escritorio.
"Sabes, siempre supe que había algo diferente en ti", reflexionó, haciendo girar el líquido ámbar en su vaso. "Damon no es del tipo que se encariña. Y sin embargo, aquí estamos."
Alina lo fulminó con la mirada. "No sabes nada de nosotros."
Adrián sonrió con suficiencia. "¿Ah, no?" Tomó un sorbo, observándola por el borde de su vaso. "Damon y yo fuimos como hermanos. Sé exactamente qué clase de hombre es. Y sé que quemaría este mundo entero por ti."
El corazón de Alina latió con fuerza.
"Y eso", continuó Adrián, "es lo que te convierte en su mayor debilidad."
Tragó saliva con dificultad. "Si soy su debilidad, ¿por qué sigo viva?"
Adrián se rió entre dientes. "Porque no quiero destruirlo todavía. Quiero que sufra primero. Que vea cómo se derrumba todo por lo que ha luchado."
Sus ojos se oscurecieron. "Y tú, querida, eres la herramienta perfecta para eso."
Alina se obligó a mantener su mirada. No podía dejar que viera su miedo.
"¿Y ahora qué?" preguntó, manteniendo la voz firme.
Adrián sonrió con suficiencia. "¿Ahora? Ahora haces exactamente lo que yo diga."
Señaló el portátil sobre el escritorio.
"Ponte a trabajar."
Los dedos de Alina temblaron mientras buscaba el teclado. No tenía ni idea de cómo iba a salir de esto.
Pero tenía que encontrar una forma.
La vida de Damon dependía de ello.
—
Pasaron las horas.
Adrián la dejó sola, pero los guardias que estaban fuera de la puerta le recordaban que escapar era imposible.
Miró la pantalla, fingiendo trabajar, pero su mente corría con posibilidades.
Tenía que haber una forma de cambiar esto.
Tenía el disco duro. Ahora tenía acceso a la red de Adrián.
Tal vez, solo tal vez...
Sus dedos dudaron sobre las teclas.
Si pudiera enviar una señal, un mensaje, algo para que Damon supiera dónde estaba...
De repente, la puerta se abrió de golpe.
El corazón de Alina se detuvo.
Adrián entró, con una expresión indescifrable.
"Has estado callada", dijo, paseando hacia ella. "Demasiado callada."
Alina tragó saliva con dificultad. "Estoy trabajando."
Adrián estudió la pantalla. "¿De verdad?"
Le agarró la muñeca con firmeza.
Alina hizo una mueca.
"Estás perdiendo el tiempo", murmuró.
Le cortó la respiración.
Adrián se inclinó más cerca, con los labios curvados en una sonrisa lenta y perversa.
"Pero no importa", susurró. "Porque el tiempo se acabó."
Un golpe en la puerta los interrumpió.
Adrián se enderezó.
El guardia de fuera entró.
"Señor, tenemos un problema."
Los ojos de Adrián se entrecerraron. "¿Qué clase de problema?"
El guardia vaciló. "Damon Cross está aquí."
El corazón de Alina dio un vuelco.
La sonrisa de Adrián volvió, pero esta vez, estaba llena de algo mucho más peligroso.
"Bueno, bueno", murmuró. "Parece que la diversión acaba de empezar."
El pulso de Alina retumbaba.
Damon estaba aquí.
Y todo estaba a punto de explotar.