El límite del control
Alina no había dormido ni un poquito.
Se pasó toda la noche despierta, mirando el techo de su mini apartamento, los eventos de la noche repitiéndose en su mente como una pesadilla, una y otra vez.
Víctor Vasiliev. El disparo. La sangre.
Las palabras que le dejaron helada a Damon: 'Eres más fuerte de lo que crees, Alina. Y ahora… ellos también lo saben.'
¿Pero qué significaba eso?
¿Damon la había mandado allí para ponerla a prueba? ¿Para ver si sobrevivía?
¿O era solo una ficha en el juego que él estaba jugando?
Su teléfono vibró en la mesita de noche, el sonido fuerte en el silencio.
No tuvo que mirar para saber quién era.
Damon.
Por un buen rato, se quedó mirando la pantalla, con el estómago hecho un lío. Luego, por fin, contestó.
'Vístete,' la voz de Damon era suave, controlada. 'Mando un coche.'
Ella apretó el teléfono con fuerza.
'¿A dónde vamos?'
'Lo descubrirás pronto.'
Antes de que pudiera protestar, la línea se cortó.
Alina soltó el aire con fuerza, enderezándose. Quería ignorarlo. Quería quedarse en su apartamento, lejos de todo esto.
Pero algo le decía que ya no era una opción.
Una hora después, Alina se encontró siendo llevada por la ciudad en la parte trasera de un coche negro y elegante.
El conductor no habló, y ella no hizo preguntas.
Pero cuando finalmente llegaron a una mansión lujosa en las afueras de la ciudad, su pulso se aceleró.
La propiedad era enorme, rodeada de altas puertas de hierro y cámaras de seguridad. El tipo de lugar que gritaba poder y dinero.
Apenas tuvo tiempo de asimilarlo antes de que el conductor le abriera la puerta.
'Entre,' dijo. 'El Sr. Cross la espera.'
Alina dudó, luego salió.
Las puertas de entrada ya estaban abiertas, y entró, sus tacones haciendo clic contra el suelo de mármol pulido.
El aire olía a colonia cara y peligro.
Luego, lo vio.
Damon estaba junto a la chimenea, vestido con un traje negro a medida, su presencia imponente. Sus ojos oscuros se encontraron con los de ella, ilegibles como siempre.
'Bien,' dijo. 'Viniste.'
Alina se cruzó de brazos.
'¿Tenía otra opción?'
Una sonrisa burlona se dibujó en sus labios.
'Realmente no.'
Antes de que pudiera responder, un movimiento lateral llamó su atención.
Dos hombres entraron en la habitación, uno mayor, el otro más joven, ambos con expresiones afiladas y calculadoras.
El estómago de Alina se contrajo al reconocer al hombre mayor.
Lorenzo DeLuca.
Un nombre poderoso. Un nombre peligroso.
Había oído rumores sobre él, susurros de la familia criminal DeLuca.
Y de pie a su lado estaba su hijo, Nico DeLuca.
Los penetrantes ojos azules de Nico la recorrieron, evaluando, intrigado.
'¿Quién es esta?' preguntó, con voz suave.
Damon no la miró.
'Está conmigo.'
Algo en la forma en que lo dijo hizo que la respiración de Alina se entrecortara.
Con él.
Como si le perteneciera.
Lorenzo se echó a reír.
'No sabía que te gustaran las asistentes, Cross.'
La expresión de Damon permaneció indescifrable.
'Es más que eso.'
Alina se tensó.
No sabía a qué juego estaba jugando, pero no le gustaba ser parte de él.
'Me trajiste aquí por una razón,' dijo. '¿Qué es esto?'
Damon finalmente se volvió hacia ella.
'Esto,' dijo, 'es una invitación.'
Ella frunció el ceño.
'¿A qué?'
Nico sonrió con suficiencia.
'Al mundo real, cariño.'
El pulso de Alina se aceleró.
Algo le decía que lo que estaba pasando aquí… solo era el principio.
La cena fue un juego de poder.
La mesa estaba llena de hombres ricos y peligrosos, todos observándose, esperando a que alguien hiciera un movimiento.
Alina se sentó al lado de Damon, cada instinto le decía que no pertenecía allí.
La conversación estaba llena de medias verdades y amenazas cuidadosamente veladas.
En un momento dado, Lorenzo se dirigió a ella.
'Así que, Srta. Carter,' reflexionó, sorbiendo su vino. '¿Cómo una estudiante universitaria termina trabajando para Damon Cross?'
Alina dudó, sintiendo el peso de todas las miradas en la habitación.
'Solicité el trabajo,' dijo simplemente.
Lorenzo se echó a reír.
'¿Y Damon te eligió a ti?'
Sintió que Damon se movía a su lado.
'No creo en las coincidencias,' murmuró.
Su estómago se revolvió.
Ella tampoco.
Pero antes de que pudiera procesarlo, el tono de Lorenzo se volvió casual.
'Escuché que tuvo una reunión interesante con Víctor Vasiliev.'
El aire cambió.
Alina apretó el tenedor con fuerza.
¿Cómo lo supo?
Damon se reclinó en su silla, despreocupado.
'A Víctor le gusta poner a prueba a la gente.'
Lorenzo sonrió con suficiencia.
'¿Y aprobó?'
La mirada de Damon se dirigió hacia ella, algo oscuro detrás de sus ojos.
'Sí,' dijo. 'Lo hizo.'
A Alina se le cortó la respiración.
Lorenzo asintió.
'Entonces supongo que pertenece a esta mesa.'
Apenas tuvo tiempo de procesar sus palabras antes de que el sonido de un disparo rompiera el aire.
Todo pasó muy rápido.
El cristal se hizo añicos. La gente se movió.
El corazón de Alina se aceleró mientras se agachaba, con el pulso latiendo en los oídos.
Alguien había disparado un tiro.
Los guardias ya estaban en alerta máxima, moviéndose por la habitación, con las armas desenfundadas.
Damon le agarró la muñeca, tirándola cerca.
'Quédate abajo,' ordenó.
Pero Alina no estaba escuchando: sus ojos estaban fijos en el hombre desplomado al final de la mesa.
Un agujero de bala en la frente.
Su estómago se encogió.
Alguien acababa de ser asesinado delante de ella.
Damon apretó su agarre.
'Alina, mírame.'
Se obligó a apartar la mirada del cuerpo.
La expresión de Damon era tranquila. Demasiado tranquila.
'Esto no fue un accidente,' murmuró.
Su respiración se entrecortó.
Por supuesto que no lo era.
Lorenzo exhaló, impasible.
'Parece que alguien quería enviar un mensaje.'
Damon apretó la mandíbula.
'Lo hicieron.'
Nico se limpió la boca con una servilleta, como si nada hubiera pasado.
'Bueno, eso arruinó la cena.'
Alina no podía respirar.
Estaba sentada en una habitación llena de asesinos.
¿Y lo peor de todo?
Estaba empezando a entenderlos.
El viaje de regreso al ático de Damon fue silencioso.
Alina aún podía oír el disparo resonando en sus oídos.
Debería haber estado aterrorizada. Debería haber querido salir corriendo.
Pero en cambio…
Se encontró a sí misma queriendo respuestas.
En el momento en que llegaron, se volvió hacia Damon.
'¿Quién era ese hombre?'
Damon no respondió.
Se acercó.
'Sabías que eso iba a pasar, ¿verdad?'
Su mandíbula se apretó.
'Entra, Alina.'
'No.' Su voz era firme. 'Me merezco saber la verdad.'
La mirada de Damon se oscureció.
'No quieres la verdad.'
Su corazón latía con fuerza.
'Pruébame.'
El silencio se extendió entre ellos.
Luego, finalmente—
Damon exhaló.
Y cuando habló, su voz era mortal.
'Ese hombre era un traidor.'
Alina tragó saliva.
'¿Y yo?' susurró. '¿Qué soy para ti, Damon?'
Los ojos de Damon se clavaron en los de ella.
Algo parpadeó en ellos, algo crudo, peligroso.
Luego, de repente—
Acortó la distancia.
Sus dedos rozaron su mejilla, su tacto encendiendo algo imprudente dentro de ella.
'Tú,' murmuró, con los labios a centímetros de los suyos, 'eres lo más peligroso que me ha pasado.'
La respiración de Alina se entrecortó.
Porque por primera vez…
Le creyó.
Y no estaba segura de si eso la asustaba.
O la emocionaba.