Atado por la oscuridad"
Dolor.
Fue lo primero que Damon sintió al recuperar la conciencia. Un dolor agudo y abrasador le salía del costado, haciendo que cada respiración se sintiera como fuego rasgando sus costillas. Su visión se nubló mientras forzaba la apertura de sus pesados párpados.
La habitación estaba tenuemente iluminada, el aire denso con el olor a antiséptico y algo más oscuro—"sangre. Su sangre".
Damon apretó los dientes, su mandíbula se tensó mientras intentaba moverse. "Restricciones". Gruesas correas de cuero le ataban las muñecas a la silla, cortándole la piel con cada ligero movimiento. Sus tobillos estaban igual. Estaba atrapado.
Una suave y burlona risita resonó desde las sombras.
'¿Despierto tan pronto?'
Damon "sabía esa voz".
Víctor.
Su mente retrocedió a lo último que recordaba—"el disparo, el grito de Alina, la forma en que su cuerpo había sido arrebatado de su agarre al derrumbarse".
El pánico lo invadió. "¿Dónde estaba ella?"
Su cabeza se enderezó de golpe, sus ojos entrecerrados escaneando la habitación. No era uno de los lugares habituales de Víctor. Esto no era un almacén ni un callejón oscuro—era "una suite privada". Lujosa, casi clínica. Un contraste retorcido con la brutalidad por la que Víctor era conocido.
Víctor entró en la vista, con su expresión habitual de suficiencia. Estaba impecablemente vestido, ni un pelo fuera de lugar, como si se tratara de otra reunión de negocios.
La voz de Damon salió áspera, mezclada con una rabia apenas contenida. '¿Dónde está ella?'
Víctor suspiró, sacudiendo la cabeza. 'Directo al grano, como siempre. ¿Nada de 'hola'? ¿Nada de 'cómo te sientes después de que te dispararon'?