El regreso del diablo
El disparo destrozó el ático, rompiendo la frágil sensación de seguridad que había existido solo unos momentos antes.
A **Alina** se le cortó la respiración mientras apoyaba la espalda contra la pared del dormitorio, su corazón latiendo violentamente contra sus costillas. **Adrián** estaba aquí.
**Damon** le había dicho que se quedara quieta, pero cada instinto de su cuerpo le gritaba que se moviera. Se acercó sigilosamente a la puerta, con los dedos temblorosos mientras la abría lo suficiente para ver el pasillo.
La escena ante ella era un caos.
**Damon** estaba cerca de la entrada, con la pistola levantada, su expresión fría e implacable. Frente a él, **Adrián Knight**.
Se veía tan peligrosamente elegante como siempre, vestido todo de negro, con los ojos brillando de diversión a pesar del tenso enfrentamiento. Detrás de él, dos hombres flanqueaban sus lados, ambos armados.
A **Alina** se le revolvió el estómago. **Esto no era una negociación.**
**Adrián** estaba aquí por algo, **o por alguien.**
"Baja el arma, **Cross**", dijo **Adrián**, adelantándose. "Ambos sabemos que no vas a dispararme. Aún no, de todos modos".
El agarre de **Damon** en su arma no vaciló. "Lárgate de aquí".
**Adrián** se rió. "Ahora, ahora. ¿Esa es forma de tratar a un viejo amigo?"
La mandíbula de **Damon** se tensó. "Perdiste el derecho a llamarte así hace mucho tiempo".
La expresión de **Adrián** no cambió, pero había algo en sus ojos, algo **oscuro**.
"Qué lástima", murmuró. "Y pensar que podríamos tener una conversación civilizada".
La voz de **Damon** era cortante como una navaja. "Tienes treinta segundos para decirme qué carajos quieres antes de que te ponga una bala entre los ojos".
**Adrián** inclinó la cabeza, ensanchando su sonrisa. "Ya sabes lo que quiero".
**Damon** no respondió, pero **Alina** podía ver la tensión en sus hombros, la forma en que su dedo se movía cerca del gatillo.
Y entonces... **la mirada de Adrián cambió.**
Directamente hacia ella.
A **Alina** se le cayó el estómago.
"Ahí está", murmuró **Adrián**, con voz casi **burlona**.
**Damon** se movió al instante, poniéndose delante de su línea de visión. "No vas a mirarla".
**Adrián** se rió entre dientes. "Oh, pero sí. Porque ella es la razón por la que estoy aquí".
A **Alina** se le cortó la respiración. **¿Qué?**
La pistola de **Damon** se levantó otra fracción. "Estás mintiendo".
La sonrisa de **Adrián** no flaqueó. "¿Lo estoy?"
Por un momento, el aire era asfixiante.
Y entonces... **Adrián se movió.**
Fue demasiado rápido.
Con un movimiento rápido, metió la mano en su chaqueta. **Damon** disparó primero, pero **Adrián** lo había anticipado, esquivando justo a tiempo. La bala falló por un pelo, alojándose en la pared del fondo.
Explotó el caos.
Los hombres de **Adrián** levantaron sus armas, y **Damon** se abalanzó, tacleando a **Adrián** antes de que pudiera apretar su propio gatillo. Se estrellaron contra la mesa de centro de cristal, rompiéndola al instante.
**Alina corrió.**
No pensó, simplemente se movió, corriendo por el pasillo hacia el estudio de **Damon**. Había visto la pistola que guardaba en el cajón de su escritorio.
Sus manos temblaron mientras lo abría de golpe, con el pulso ensordecedor en sus oídos. **¿Dónde estaba?**
Pasos.
Demasiado cerca.
Sus dedos se cerraron alrededor del metal frío justo cuando una sombra se cernía tras ella.
Una mano se cerró sobre su muñeca.
Ella gritó, retorciéndose violentamente, pero su atacante era más fuerte. La tiró hacia atrás contra él, con el aliento caliente contra su oído.
"¿A dónde vas, cariño?"
Su sangre se convirtió en hielo.
**Adrián**.
Ella luchó, pero él la sujetó con firmeza, su agarre se tensó hasta que ella dejó caer la pistola. Cayó al suelo, deslizándose fuera de su alcance.
"Has estado causando bastante revuelo, **Alina**", murmuró, con voz peligrosamente suave. "Debería haberte manejado antes".
Ella se retorció de nuevo, su codo golpeando sus costillas. Gruñó pero no aflojó su agarre. En cambio, se **rió**.
"Tienes fuego", reflexionó. "Con razón **Cross** está obsesionado contigo".
**Alina** mostró los dientes. "Vete al infierno".
**Adrián** se inclinó, sus labios rozando su oreja. "Oh, cariño, ya he estado allí. Y volví con un propósito".
Antes de que pudiera reaccionar, la atrajo contra él y sacó una pistola de su cinturón, **apuntándola directamente a Damon, que acababa de entrar en la puerta.**
A **Alina** se le cortó la respiración.
El rostro de **Damon** era una máscara de fría furia, con su arma levantada, pero sus manos estaban **firmes**.
"Suéltala, **Adrián**".
**Adrián** sonrió. "Ahora, ¿por qué iba a hacer eso?"
**Damon** dio un paso lento y deliberado hacia delante. "Porque si no lo haces, te pondré una bala en la puta cabeza".
**Adrián** se rió entre dientes. "Dices eso como si le tuviera miedo a la muerte".
"Deberías tenerlo", dijo **Damon** con voz sombría.
Por un momento, ninguno de los dos hombres se movió.
Y entonces, **Adrián apretó el cañón de su pistola contra la sien de Alina.**
Su corazón se detuvo.
Todo el cuerpo de **Damon** se tensó, sus nudillos blancos alrededor de su arma. "No".
**Adrián** sonrió. "Mira, aquí está el problema, **Cross**. Te preocupas demasiado". Su agarre en **Alina** se tensó. "¿Y eso? Eso te debilita".
El pulso de **Alina** latía con fuerza. **Tenía que hacer algo.**
Sin pensar, se movió.
Pisoteó **fuerte** sobre el pie de **Adrián**, retorciéndose violentamente al mismo tiempo. No fue mucho, pero fue suficiente.
Él vaciló.
Ella se liberó.
Y **Damon disparó.**
El disparo resonó en el estudio, ensordecedor.
**Adrián** se tambaleó hacia atrás, escapándole un gemido agudo mientras se agarraba el hombro. La sangre empapó su chaqueta, pero de alguna manera, **aún sonreía**.
"No está mal", murmuró. "Pero esto no ha terminado".
Y antes de que **Damon** pudiera disparar otra vez, los hombres de **Adrián** irrumpieron en la habitación, cubriéndolo mientras lo agarraban y corrían hacia la salida.
**Damon** no los persiguió. No bajó el arma hasta que la puerta principal se cerró de golpe.
Y aun así, **su rabia era palpable**.
**Alina** estaba temblando. **Odiaba** que estuviera temblando.
**Damon** se volvió hacia ella al instante, con las manos agarrando sus brazos mientras la examinaba. "¿Estás herida?"
Ella negó con la cabeza. "Yo... creo que no".
Su mandíbula se tensó. "Te puso una pistola en la cabeza".
Su garganta se apretó.
**Damon** exhaló bruscamente. "Debería haberlo matado".
Ella tragó saliva con dificultad. "Entonces, ¿por qué no lo hiciste?"
Él no respondió.
En cambio, sus manos le cubrieron la cara, su tacto inusualmente suave. "No dejaré que te vuelva a tocar", murmuró.
Ella quería creerle.
Pero las palabras de **Adrián** resonaron en su cabeza.
**Esto no ha terminado.**
Y de alguna manera, ella sabía que tenía razón.